El teniente coronel Balas declara en el juicio que Ábalos y su asesor hacían todo lo que les pedía Aldama a cambio de dinero, incluidos los 88.000 euros del piso de la pareja del exministro: «Lo que se quiere reflejar es el dominio que tiene Aldama sobre estas personas»
El teniente coronel Balas dice que aunque Aldama era el jefe de la trama, Ábalos fue “fundamental”
El teniente coronel Antonio Balas sabe cómo vender un titular en un juicio. El jefe de la unidad de delitos económicos de la UCO declaró el lunes en la vista del caso mascarillas y desplegó todas las pruebas contra los acusados José Luis Ábalos y Koldo García. No son pocas, en especial las relacionadas con la acusación de cohecho. Pero no se quedó allí. Estableció teorías y ofreció deducciones con las que reforzar la idea de que un ministro de Transportes del Gobierno de Pedro Sánchez trabajaba prácticamente a las órdenes de un comisionista, uno que ahora está implicado en presuntos delitos económicos de grandes dimensiones en otra causa en la Audiencia Nacional.
Al igual que en el juicio del fiscal general, Balas presentó una mezcla de hechos y opiniones al servicio de las acusaciones. Esta vez, sobre bases más sólidas que entonces. Y una curiosa coincidencia. En el juicio anterior, dijo que Álvaro García Ortiz tenía “un dominio a todos los niveles” de la toma de decisiones en la Fiscalía General. Ahora volvió a utilizar esa palabra: “Lo que se quiere reflejar aquí es el dominio que tiene Aldama sobre estas personas” (por Ábalos y Koldo).
La aportación más original del responsable de la UCO y de su segundo, el comandante Montes, fue establecer una jerarquía específica entre los acusados. Víctor Aldama era “el jefe de la trama”. Según su lectura de los hechos, había desembolsado dinero suficiente como para tener al ministro en el bolsillo, comenzando con el abono de 10.000 euros al mes. No es solo influencia, sino “dominio” o “mandato”, primero sobre Koldo García y luego sobre su jefe.
Esa declaración es aparentemente compatible con decir que Ábalos era “instrumental” en todas las operaciones por ser ministro. “Por eso, cobra lo que cobra y cuando lo exige, le pagan”, dijo Balas.
La compra de mascarillas por el Ministerio de Transportes se produce en la pandemia en 2020. Lo que ocurre es que los pagos, por ejemplo el de un piso para Jésica Rodríguez, pareja de Ábalos, habían comenzado antes de ese año. El pago del alquiler lo hacía Luis Alberto Escolano, que ya ha declarado en este juicio que lo hizo por órdenes de Aldama. ¿Por qué el comisionista hizo este desembolso durante tanto tiempo, fuera por él o por otro miembro de su red de amigos o contactos?
“Está pagando el acceso al ministro”, explicó el teniente coronel, en lo que se supone que era una inversión de cara al futuro. “De esa manera, cree que va a tener comprada la voluntad del ministro”.
Como forma de establecer el alcance de los pagos hechos por Aldama, los agentes de la UCO habían hecho un cálculo. Declararon que Koldo García, su mujer y su hermano ingresaron 387.000 euros en sus cuentas entre 2020 y 2022 sin que exista ninguna otra razón que justifique tales cantidades teniendo en cuenta sus salarios.
Los hechos posteriores confirman su visión del poder del comisionista tal y como lo analiza la UCO: “Aldama les exige (a Ábalos y Koldo) de manera contundente, pero en ningún momento ellos se muestran reticentes”. Ese es el contexto en que los agentes colocaron la compra de ocho millones de mascarillas. El contrato fue el “paradigma” de las relaciones de Aldama con Ábalos, el tipo de favor que justificaba el pago de 10.000 euros mensuales al ministro y su asesor. De esa venta de mascarillas, Aldama sacó 3,7 millones de euros de beneficios netos.
Balas fue más lejos cuando extendió el manto de la sospecha sobre la influencia de Aldama, para el que la Fiscalía pide siete años de prisión a cambio de su colaboración. Ahí entró en escena la visita de Delcy Rodríguez, entonces vicepresidenta de Venezuela. Aldama envió a Koldo una carta de invitación para que la firmara Ábalos, aunque en el texto que aparece en el sumario lógicamente no figura la firma del ministro ni un sello del Ministerio o del PSOE. La hoy presidenta de Venezuela aterrizó en Barajas, pero no pudo entrar en España por las sanciones aprobadas por la Unión Europea.
Sobre esa visita frustrada, Aldama sostiene que organizó una cena de Delcy con “varios ministros”, una idea difícil de llevar a la práctica a causa de esas sanciones que Moncloa o Exteriores debían conocer. Balas dio crédito a esa versión basándose en la carta preparada por Aldama y su influencia sobre Ábalos y en que el ministro comunicó con un mensaje a Pedro Sánchez que la vicepresidenta “quiere verme”. En cualquier caso, el presidente del tribunal, Andrés Martínez Arrieta, no dejó que se profundizara en el asunto, porque no forma parte de las materias enjuiciadas.
Balas también mencionó de pasada el rescate de Air Europa como demostración de que la trama contaba con “un acceso muy importante en todos los niveles”. Ahí no está nada claro que sea cierto o si el guardia civil estaba simplemente especulando. Si Aldama era “el jefe de la trama” y conseguía lo que quería, no se explica por qué los créditos concedidos a la compañía aérea para que sobreviviera a la pandemia tardaron tanto en concederse por el Gobierno o por qué la SEPI exigió duras condiciones a la empresa en materia de avales que pusieron muy nerviosa a la dirección de Air Europa. Lo que es seguro es que Aldama presumió ante los jefes de la compañía de la importancia de sus gestiones por las que cobraba como intermediario.
La labor de las defensas consistió en cuestionar las conclusiones presentadas por los dos mandos de la UCO. Lo tuvieron difícil en muchos momentos y eso provocó choques con el magistrado Arrieta cuando mostraron su escepticismo con algunas de las manifestaciones de los testigos. Marino Turiel, abogado de Ábalos, llegó a lanzar esta acusación contra Montes: “Ustedes tienen una memoria fantástica para lo que quieren”. El guardia civil respondió: “¿A qué se refiere?”. Arrieta intervino de inmediato para que el letrado no siguiera por ahí.
Turiel se metió después en una discusión con Montes sobre el precio medio de las mascarillas en la pandemia y la cosa acabó mal. Un intercambio de pareceres inmediatamente posterior en relación a los procedimientos de contratación en la Administración provocó las palabras más duras de Arrieta contra las defensas en este juicio.
Ya definitivamente cabreado porque Turiel le había interrumpido, Arrieta saltó como una fiera: “A partir de ahora, yo voy a ser más radical con ustedes”. Se le había acabado la paciencia. Sonó demasiado autoritario y para nada alentador para los intereses de la defensa.
Tampoco les debió de gustar a los abogados defensores que Arrieta decidiera hacer una pregunta muy concreta a los mandos de la UCO antes del fin de uno de los bloques del interrogatorio. Quiso saber a cuánto ascendía todo el dinero que se pagó por el alquiler del piso que disfrutó Jésica Rodríguez. “88.000 euros”, respondió el comandante Montes. Es muy probable que esa cifra aparezca en la sentencia.
