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Sánchez digiere otro ataque a su familia y se sacude los dardos de Aldama para afrontar el trance electoral en Andalucía

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Sánchez digiere otro ataque a su familia y se sacude los dardos de Aldama para afrontar el trance electoral en Andalucía

La Moncloa contempla reforzar la seguridad de Begoña Gómez tras el acoso del agitador ultra, Vito Quiles; Sánchez aumentará su presencia en la campaña andaluza respecto a anteriores citas electorales para arropar a María Jesús Montero en uno de los comicios más complicados para los socialistas

Los juicios a la corrupción de PP y PSOE marcan el inicio de la campaña andaluza que calibrará el peso de Vox

Lo personal es político. El título del ensayo de Carol Hanisch que fue lema de los movimientos de liberación de la mujer en Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XX arrojó una de las muchas lecciones vigentes de la escuela de pensamiento feminista: que los problemas en apariencia individuales, también lo son en realidad estructurales y sistémicos y, por tanto, comunitarios y políticos. Aquella segunda ola del denominado feminismo radical vinculaba directamente esa tesis a situaciones como la violencia machista, el trabajo doméstico o el control sobre sus cuerpos, pero hoy resulta igualmente válida para otros ámbitos. Por ejemplo, para el de la ofensiva ultra que esta semana le tocó vivir en sus propias carnes a Begoña Gómez, la pareja de Pedro Sánchez.

Ya sea acusado sin pruebas de financiar a su partido ilegalmente, ya reciba un ultimátum de un socio parlamentario o ya afronte otra campaña electoral trascendental, no habrá otra cosa de cuantas le pasen como presidente del Gobierno que tenga más impacto, en lo personal y en lo político, que el acoso sufrido por su pareja a manos del agitador de extrema derecha, Vito Quiles. Porque si Sánchez “ni se despeina” con la “inventada” de Aldama, ni titubea con el trance que afronta Montero en Andalucía, ni tampoco entra en pánico con las andanadas de Junts o el PNV, sí que se resiente cuando la artillería pesada se dirige a su entorno familiar más estrecho, algo que se ha convertido en santo y seña de la estrategia de oposición al Ejecutivo.

Explican en La Moncloa que su caída del cartel de un acto sobre inteligencia artificial el jueves se debió a una descoordinación de equipos, pero tampoco acudió al Congreso a votar la reforma de la Constitución para blindar el derecho al aborto que él mismo había impulsado. Así que Sánchez, por una u otra razón, no tuvo ningún tipo de agenda el día después de que su esposa tuviera que acudir a la policía a denunciar “una agresión” en un restaurante de Madrid.

Aunque el precedente de los dos días de reflexión que se tomó tras la imputación de su pareja decretada por el juez Peinado hizo levantar alguna ceja en el PSOE, en la Moncloa aseguran que esta vez la sangre no estuvo ni cerca de llegar al río a pesar de “la gravedad” de los hechos y de la “profunda preocupación” del presidente. Sí admiten, en cambio, que, tras ser informados de lo ocurrido, tanto a Sánchez como a su equipo más cercano se les pudo apreciar afectados por la sensación de vulnerabilidad en su propio núcleo familiar y también de impunidad de quien decide acosar a la pareja de un jefe de Gobierno en su intimidad. Según las mismas fuentes, el dispositivo de seguridad de Begoña Gómez estaba compuesto por dos agentes porque “hasta ahora había sido suficiente así”. Aunque, visto lo visto, se contempla revisar ese protocolo para reforzarlo de aquí en adelante.

Sobre Vito Quiles, que acumula ya una trayectoria de años de acoso a periodistas, comunicadores y políticos exclusivamente de izquierdas, Sánchez apenas deslizó un mensaje el viernes. “Cuanto más zafios sean sus insultos y mayores sus amenazas, más determinado estará el PSOE para seguir adelante”. Lo dijo en el primer mitin de campaña oficial en Andalucía, donde podría decirse que, en gran medida, él también es candidato. Porque la cabeza de lista de los socialistas es una de las pocas personas que quedan en el cada vez más exiguo núcleo de estrecha confianza del presidente. Ministra de Hacienda desde que él puso un pie en La Moncloa, y su número 2 en el Gobierno y en el partido, María Jesús Montero afronta en las urnas un duro examen cuyo resultado será indefectiblemente el del conjunto del Ejecutivo. Y las perspectivas no pueden ser menos halagüeñas.

La Comunidad Autónoma que fue fortín del PSOE durante 37 años ininterrumpidos, es desde 2019 un territorio inexpugnable en el que ahora la derecha aspira a revalidar su mayoría absoluta. Los atisbos de luz, muy tenues, son apenas dos para la izquierda. La siempre trascendente gestión de las expectativas, tan bajas esta vez que casi con cualquier resultado honroso bastaría para darse los muebles por salvados, y la posibilidad de que Juanma Moreno pinche.

El planteamiento en el PSOE es pragmático: en el actual contexto, que el presidente andaluz empeorara resultados y necesitara a Vox ya sería algo parecido a una alegría política. “Estamos convencidos de que no llegará a la mayoría absoluta y la pregunta ahí es qué hará Moreno Bonilla. ¿Pactar con Vox y asumir sus condiciones, como en Extremadura y Aragón? Veremos qué pasa porque, si él es coherente con la construcción de su personaje y no hace como Guardiola, igual hablamos de una repetición electoral en la que se vuelven a repartir las cartas”, plantean en las filas socialistas.

En cualquier caso, Pedro Sánchez se hace cargo de la misión imposible a la que envió a su vicepresidenta. Un encargo que, en realidad, tuvo más que ver con la necesidad de reconstruir un partido que fue hegemónico durante cuatro décadas y que quedó hecho trizas tras el batacazo electoral de Susana Díaz y las posteriores reyertas orgánicas. Y por eso el presidente ha mandado a sus ministros a arropar en tromba a María Jesús Montero en una campaña electoral con todo en contra.

Lo que nadie contempla, sea cual sea el nivel del descalabro, es que la sentencia que dicten las urnas andaluzas el 17 de mayo vaya a tener impacto alguno en los planes del presidente para la legislatura, que proyecta, como mínimo, hasta la primavera de 2027. Unos planes que también mantiene completamente al margen de las andanzas de José Luis Ábalos, Koldo García o Víctor Aldama relatadas estas semanas ante el Tribunal Supremo y sonrojantes para cualquier socialista.

Algunas de ellas incluyen acusaciones tan graves como la de financiación ilegal del Partido Socialista, que lanzó el empresario investigado por corrupción sin aportar prueba alguna de los supuestos envíos de dinero en efectivo. “Igual resulta raro decir esto, pero tenemos la sensación de que nos ha ido bien en este juicio. Aldama no ha aportado ni una sola prueba y eso lo único que quiere decir es lo que llevamos diciendo mucho tiempo: que se lo inventa todo. Estamos muy seguros de que en el Partido Socialista no hay ni ha habido financiación ilegal”, señalan en Moncloa, donde aunque admiten que aún queda por pasar el trago de la declaración de Ábalos de este lunes, se muestran convencidos de que la causa confirmará que la corrupción era un comportamiento “circunscrito” a un grupo de personas, y no sistémica. “Ni el partido, ni el Gobierno, ni el presidente tienen nada que ver en eso”.

Tampoco fue mucho más amable la semana para el Gobierno en el Congreso. Cayó, como se esperaba, el decreto impulsado por Sumar para la prórroga de los alquileres. Lo que no se esperaba, por inhabitual, es que cayera de propina un rapapolvo del PNV, uno de los socios más estables desde que Sánchez es presidente. “Usted sabrá cómo quiere llegar hasta la convocatoria electoral, si quiere compañía o no, presidente”, le dijo en el Pleno la portavoz vasca, Maribel Vaquero.

El conato de incendio lo intentó sofocar in situ el propio Sánchez. “Por supuesto que quiero compañía. Y además, buena compañía, como la del Partido Nacionalista Vasco”, respondió. Antes, el jefe de gabinete del presidente y Aitor Esteban se habían puesto en contacto para reparar el cortocircuito de dos socios de gobierno vasco entre los que saltaron las chispas con la crisis de meme: una burla en redes sociales de los socialistas vascos al presidente del PNV vía inteligencia artificial y en plena tensión negociadora sobre el uso del euskera en las oposiciones para empleo público. Un capítulo que en La Moncloa relegan a la categoría de anécdota y que dan por reconducido.

Esta próxima semana seguirán, en paralelo, el juicio del ‘caso mascarillas’ y la campaña electoral andaluza. Seguirán también los caseros subiéndoles los precios a sus inquilinos sin el límite del 2% que establecía el decreto y, con toda probabilidad, seguirá Vito Quiles campando a sus anchas en el Congreso de los Diputados como si fuera periodista, con acreditación y licencia para hostigar por encargo a determinadas personas. Y ya lo dijo Hanish: “No hay soluciones personales. Solo hay acción colectiva para una solución colectiva”.