León XIV ofrece un discurso ante diputados y senadores en el que pide abrir «vías seguras y legales» y «posibilidades reales de integración» para los inmigrantes. También carga contra la «descalificación permanente del adversario» en política
El Papa carga en el Congreso contra el aborto y la eutanasia: “Toda vida debe ser reconocida de la concepción hasta su ocaso natural”
El Papa León XIV defendió este lunes ante el Congreso de los Diputados “una respuesta” al “drama migratorio” que “vaya más allá de la mera gestión de flujos” de personas y que les ofrezca “vías seguras y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración”. En su discurso ante los parlamentarios y los senadores, el Sumo Pontífice también hizo hincapié en “la obligación de los Estados de resolver sus controversias por caminos pacíficos”, y se mostró muy crítico con el rearme puesto en marcha por los países de Europa porque “la verdadera seguridad”, dijo, “nace de la justicia, del diálogo paciente, del respeto al derecho internacional y de una política capaz de poner la vida de los pueblos por encima de los intereses que se benefician de la guerra”.
El Papa llegó puntual a las 10.30 de la mañana al Congreso, donde fue recibido por la presidenta de la institución, Francina Armengol, y el del Senado, Pedro Rollán, a los que posteriormente se unió el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Tras saludar a los portavoces de los grupos parlamentarios —se detuvo especialmente con la de Junts, Míriam Nogueras, que le agradeció en inglés que vaya a hablar en catalán en su visita a Barcelona dentro de unos días—, León XIV accedió a la tribuna del hemiciclo, donde fue recibido por un largo aplauso de los diputados, senadores e invitados que, no obstante, fue muy breve en comparación con el que recibió al terminar su discurso, que duró nada menos que siete minutos. Entre el público estaban presentes los expresidentes José María Aznar y Mariano Rajoy, pero no Podemos y BNG, los únicos partidos que declinaron asistir a la sesión.
La primera alocución de un Papa en el Congreso estuvo centrada en asuntos de ámbito social, aunque hizo equilibrios para no identificarse al 100% ni con la izquierda ni con la derecha. El pontífice trató materias como el aborto, en relación al cual mostró su cara más conservadora al señalar que “toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural”. No obstante, León XIV también se detuvo en el asunto migratorio y la compleja situación geopolítica, y lo hizo desde una óptica más progresista: trató ambos como dos fenómenos que están relacionados y sostuvo que “el trágico drama migratorio interpela hoy la conciencia de las naciones y el fundamento ético del orden internacional”.
“Numerosos hombres, mujeres y niños se ven obligados, por circunstancias muchas veces dramáticas, a partir de sus comunidades y dejar atrás seres queridos, historias y vínculos. Esta realidad rebasa cualquier lectura puramente demográfica o económica: constituye una cuestión eminentemente moral y jurídica”, planteó el Papa. Y, ante el auge de los discursos de odio de la ultraderecha contra los inmigrantes en todo Occidente, afirmó que “allí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o por su condición económica o social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos”.
León XIV planteó, en esa misma línea, que “la situación de los migrantes y refugiados exige una respuesta que mire a las personas, afronte las causas que las obligan a partir y vaya más allá de la mera gestión de flujos”. La “justicia social”, aseguró, exige una respuesta “doble” que pasa por “ofrecer vías seguras y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración y promover, al mismo tiempo, el derecho a permanecer en la propia tierra, trabajando para que nadie tenga que abandonar su hogar por falta de paz, seguridad o condiciones dignas de vida, entre ellas las desigualdades económicas y los efectos de la crisis climática”. “Es necesario fortalecer la prevención, el rescate y la asistencia a las víctimas” que son “presa de traficantes y contrabandistas que se aprovechan de su deseperación”, insistió.
El Papa, “preocupado” por el rearme
El Sumo Pontífice, asimismo, se refirió a la “profunda crisis espiritual y cultural” que, dijo, atraviesa el mundo, y que “se manifiesta en múltiples formas de violencia, polarización y desconfianza recíproca”. “En este contexto, la paz se presenta como una aspiración política y, más aún, como una verdadera exigencia moral”, y para lograr ese objetivo es necesario que los Estados hagan gala de “valentía diplomática, responsabilidad ética y una visión de futuro fundada en el respeto a la identidad de cada pueblo”, afirmó.
León XIV defendió expresamente la “obligación de los Estados de resolver sus controversias por los caminos pacíficos que ofrece el derecho internacional”, denunció que “toda guerra constituye, en última instancia, una dolorosa derrota de la capacidad de negociar”. Asimismo, en la línea de la encíclica Magnifica Humanitas que lanzó hace unas semanas, alertó de que “el desarrollo de las nuevas tecnologías y de la inteligencia artificial en el ámbito militar exige una vigilancia ética rigurosa para que las decisiones sobre la vida y la muerte nunca sean descargadas sobre automatismos”.
El mismo día que Israel e Irán han reanudado sus ataques y en el que el alto el fuego en la región parece más débil que nunca, el Papa sostuvo que “las armas pueden imponer un silencio temporal, pero nunca podrán edificar una paz auténtica y duradera”. “Por eso, preocupa que, en diversos lugares del mundo, y también en Europa, vuelva a presentarse el rearme como respuesta casi inevitable ante la fragilidad del escenario internacional”, lamentó el pontífice, que insistió en que “la verdadera seguridad, en cambio, nace de la justicia, del diálogo paciente, del respeto al derecho internacional y de una política capaz de poner la vida de los pueblos por encima de los intereses que se benefician de la guerra”.
Por ello, y pese al derrumbe de algunos de los consensos que han estructurado las relaciones internacionales desde el final de la Segunda Guerra Mundial, León XIV se mostró convencido de que “la comunidad internacional está llamada a redescubrir el valor indispensable del diálogo como camino paciente hacia acuerdos justos y duraderos, fundados en el respeto a los tratados, en la transparencia de la acción diplomática y en la voluntad sincera de anteponer la paz al recurso a la fuerza”. Y “dentro de las propias sociedades” también es “urgente construir una cultura de la reciprocidad” en la que “la pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario”, advirtió el Papa.
El pontífice insistió a este respecto en que “quienes ejercen una responsabilidad pública tienen una especial obligación de custodiar la palabra para ‘desarmar el lenguaje’. ”La firmeza no exige desprecio, la discrepancia no conlleva humillación“, sostuvo el líder de la Iglesia precisamente en el Congreso, cuyo ambiente en los últimos años se ha tensado hasta el extremo. ”En una convivencia madura, incluso el conflicto puede convertirse en camino hacia la paz cuando las diferencias se dejan mitigar por la escucha y se ordenan al reconocimiento de las necesidades, los anhelos y las capacidades de todos“, planteó.
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