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Vox revienta la investidura de Moreno y adelanta su voto en contra a mitad de un discurso que omitió la prioridad nacional

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Vox revienta la investidura de Moreno y adelanta su voto en contra a mitad de un discurso que omitió la prioridad nacional

El presidente andaluz y candidato del PP a la reelección reivindica la moderación y el diálogo como señas de identidad, promete no traicionar su estilo, y pide a la ultraderecha que se concentre en «lo que les une», proponiendo más rebajas fiscales, más desregulación y un ataque frontal al Gobierno de Pedro Sánchez

Un desvío en la ‘Vía Andaluza’: Moreno se juega su capital como líder moderado del PP en una investidura rehén de Vox

DOCUMENTO – Discurso íntegro de Juanma Moreno: seis menciones de la palabra “prioridad”, pero ninguna “nacional”

Llevaba Juanma Moreno 40 minutos leyendo su tercer discurso de investidura como presidente de la Junta de Andalucía, prometiendo la continuidad de su estilo de hacer política -“la moderación, la concordia”- y la continuidad de su “agenda reformista”, partiendo del reconocimiento de que nada de ello sería posible sin los votos de Vox.

Dos síes en la sesión de este martes, que requiere mayoría absoluta; o cuatro abstenciones el jueves, cuando basta la mayoría simple, recordaba el propio Moreno, cuando el portavoz del partido de Santiago Abascal, desde la sede central en Madrid, reventó todos los guiños, promesas y compromisos que le quedaban por leer, anunciando que sus 15 diputados votarán no mañana y probablemente también el jueves. Y quizá seguirán así en adelante, cuando empiece la cuenta atrás de dos meses para la repetición electoral, hasta que dobleguen al barón andaluz: “En primera [votación] no, y en segunda me parece que no. Que siga por ese camino y saldrá elegido en tercera, cuarta, quinta o nunca”, dijo el portavoz nacional de la ultraderecha, José Antonio Fúster.

Así empieza la decimotercera legislatura en Andalucía y termina antes de tiempo, de sopetón, el tercer discurso de investidura de Moreno. Los 109 diputados siguieron escuchándole, pero tomaron nota de que “alguien desde un despacho en Madrid había decidido el futuro inmediato de Andalucía”, como auguró el barón popular en la campaña de las elecciones del 17 de mayo, que ganó con 53 diputados, a dos de la mayoría absoluta. “El lío” ha comenzado, está por ver si dura cuatro años o cuatro días.

De la negociación entre PP y Vox para investir a Moreno y garantizar la gobernabilidad de la comunidad más poblada de España se sabe poco, porque los partidos han impuesto un cierre de puertas y un silencio absoluto. Abascal ha enviado a dos negociadores a Sevilla, como ya hizo en 2019, Javier Bazán y Montserrat Lluis. Por parte del PP, todos son andaluces: Moreno, el consejero de Presidencia, Antonio Sanz, y el secretario general del partido, Antonio Repullo, personas de confianza del barón territorial.

Pero el candidato popular debía saber que lo de hoy no iba a ir más allá de una declaración de principios, de ahí que usara su momento de gloria en el Parlamento para hacer un alegato de la llamada “vía andaluza”, trampantojo de la moderación, la estabilidad y el diálogo: “Mi carácter y mis valores son sólidos y no cambiarán”, avisó a Vox.

Y en hora y media larga de discurso, no sólo no ha mencionado la polémica “prioridad nacional”, ese axioma xenófobo que los de Abascal han impuesto a los otros presidentes del PP en Extremadura, Aragón y Castilla y León a cambio de sus votos. Moreno ni siquiera ha hablado de inmigración ni del peso de los inmigrantes en la economía andaluza -fuerza motriz del sector agroalimentario y de la hostelería- como hizo en 2022, cuando tenía mayoría absoluta; ni de inmigrantes “irregulares”, asociados a la delincuencia y la falta de “orden” en las políticas migratorias, competencia exclusiva del Gobierno central, como hizo en 2019, cuando sí necesitaba los votos de Vox.

En la Andalucía del tercer discurso de investidura de Moreno, la población migrante no existe. La dirección nacional de Vox ya había dado el portazo a mitad de discurso pero, por si había dudas, su candidato y portavoz en el Parlamento andaluz, Manuel Gavira, remató la faena al terminar de escuchar al dirigente popular: “Hemos escuchado algunas cosas que nos han gustado y cosas que no nos han gustado. No ha entrado en materias como la inmigración y la inmigración es un problema”, ha subrayado Gavira, preguntándose si María Guardiola, Jorge Azcón y Alfonso Fernández Mañueño estaban “cometiendo ilegalidades” al asumir su “prioridad nacional”.

No está claro si Vox va a pelear en Andalucía, como en el resto de comunidades, por entrar en el Gobierno del PP y exigir la consejería de Agricultura. Pero sí es evidente que el gran objetivo político de Abascal en esta comunidad, capital para las próximas elecciones generales, es evitar que Juanma Moreno siga siendo una excepción, una singularidad en el PP. Eso se acabó cuando perdió la mayoría absoluta y ahora Vox quiere alinear a todos los barones territoriales con la misma vara de medir, dependientes todos de él.

“Continuidad” y agenda “reformista”

Juanma Moreno ha sido elegido presidente de Andalucía en dos ocasiones: la primera, en 2019, con el peor resultado de la historia del PP (26 diputados) y los votos prestados de Ciudadanos y de Vox; en la segunda, en 2022, le bastaron los apoyos de su partido, que había ganado con una rotunda mayoría absoluta (58 escaños).

El tercer discurso de investidura del candidato popular, pronunciado este lunes en el Parlamento andaluz, busca un equilibrio entre el primero y el segundo: es una reivindicación de la “continuidad” de las políticas “reformistas” que ha desarrollado su gobierno los últimos ocho años (no sólo los últimos cuatro de mayoría absoluta) y de un modelo socioeconómico que considera de “éxito”; y es, sobre todo, un alegado en defensa de su estilo de hacer política (la moderación y la concordia“ de la llamada ”vía andaluza“).

“Tengo la convicción de mantenerla como vía del nuevo gobierno andaluz. Gobernaré para todos. Mi carácter y mis valores son sólidos y no cambiarán por las coyunturas políticas”, ha prometido Moreno, reafirmándose en su estilo templado, comparándose con el discurso “humanista” que el Papa León XIV pronunció recientemente en el Congreso.

Pero, a la vez, el discurso de investidura de Moreno es un texto trufado de guiños, promesas y cesiones a la ultraderecha, necesaria tanto para su reelección como para la gobernabilidad estable de la comunidad más poblada de España. El presidente en funciones no se llamó a engaño, lo dijo nada más empezar: “Nos hacen falta dos escaños, esa es la realidad, y cerrar lo sojos a la realidad sería un error”, adelantó Moreno, que situó su debate en la encrucijada que todos conocen: “o bloqueo institucional o repetición electoral”, pero también desde el minuto uno señaló como responsables del “lío” potencial a las tres izquierdas que nunca facilitarán su investidura -PSOE, Adelante Andalucía y Por Andalucía-, nunca a su socio preferente, que a día de hoy tampoco le apoya.

Equilibrios imposibles

El debate de investidura, que continuará este martes con la réplica de los grupos políticos, ha sido un ejercicio de contorsión en el que Moreno se ha aferrado a sus principios -“moderación, seguridad, estabilidad”- y ha reintroducido partes de la agenda política de Vox.

“Reintroducido”, porque ya lo hizo en 2019, tras firmar el primer pacto del PP con la ultraderecha en España, que empezó a romper los consensos sobre igualdad de género y lucha contra la violencia machista; sobre las políticas contra el cambio climático; sobre europeismo y autonomismo; sobre la integración de los inmigrantes desde una perspectiva socioeconómica (no vinculada a la delincuencia), e incluso sobre memoria histórica (Andalucía fue la primera comunidad donde el PP no votó en contra de una Ley de Memoria autonómica, aunque tras casi ocho años de gobierno haya asfixiado las políticas memorialistas achicando la financiación).

Moreno hizo suyos algunos de los postulados más ultra del partido de Santiago Abascal, aunque se protegió de las críticas bajo la “Andalucía encapsulada” -esa estrategia exitosa que aisló la política andaluza del ruido colindante- y, más tarde, logró desprenderse de algunos de aquellos estigmas gracias a la mayoría absoluta de 2022 (otros los ha mantenido hasta hoy, como el polémico teléfono de “violencia intrafamiliar”, término con el que Vox niega la violencia de género).

“La igualdad de hombres y mujeres es un principio irrenunciable”, ha subrayado este lunes, reafirmando su compromiso en la lucha contra la “violencia de género”. Esta frase, quizá en 2019, habría puesto en riesgo el apoyo de Vox, que entonces tenía el rechazo al feminismo en el frontispicio de su agenda, pero desde entonces los de Abascal han experimentado un proceso de lepenización que, como los ultras de Francia, han orillado algunas guerras culturales para centrarse casi de forma monográfica en el discurso antiinmigrante.

El barón popular ha buscado también la complicidad de Vox en el reproche sistemático contra el Gobierno de Pedro Sánchez, un escenario de coincidencia con los de Abascal durante toda la pasada legislatura. Todo lo que falla en Andalucía, ha venido a decir Moreno, falla por falta de inversión, por falta de compromiso o directamente porque el Ejecutivo de España está dinamitando las opciones de esta comunidad autónoma, de 8,5 millones de personas, y que maneja un presupuesto de 55.000 millones de euros.

La medida estrella del discurso de investidura de Moreno en 2022 fue una batería de rebajas fiscales con un impacto de 620 millones de euros en las arcas públicas durante los cuatro años de mandato, 260 millones sólo el primer ejercicio. No se ha cumplido aquella previsión, pero el PP sigue ostentando hoy la bandera de la “rebaja masiva de impuestos”, con la que Vox está plenamente alineado.

Moreno ha avanzado en esa “reforma fiscal”: nueva reducción del IRPF y Transmisiones Patrimoniales; deduccióin por la compra de gafas y lentillas a menores de 25 años; volver a suprimir el impuesto de Patrimonio; bonificar el impuesto de Sucesiones entre hermanos; y ha vuelto a prometer mayor “desregulación” y “desburocratización”, que agilice los proyectos económicos.

La primera “prioridad” que ha mencionado no ha sido la “prioridad nacional” de Abascal (ese sintagma xenófobo), sino la vivienda, el gran problema social de nuestro tiempo (25.000 personas se manifestaron el sábado en Málaga reclamando una respuesta habitacional); y la “prioridad sanitaria”, prometiendo que el presupuesto de la cartera de Salud crecerá sistemáticamente cada año.

También, en esta línea, el líder popular ha esbozado una “revolución del modelo organizativo del Servicio Andaluz de Salud, que ya ha quedado obsoleto hace años”, y ha anunciado como medida “pionera” un plan de “prevención” contra la soledad no deseada, que afecta a más de un millón de andaluces.

Otro de los “principios irrenunciables” que ha esgrimido Moreno es la defensa “frente a terceros” del sector agroalimentario, pilar de la economía andaluza, que moviliza 15.600 millones de euros al año. En este capítulo los equilibrios del presidente de la Junta han sido complicados, porque su partido (junto al PSOE) apoyó el acuerdo comercial Mercosur en el Parlamento europeo, al que Vox se opone abiertamente.

Moreno ha defendido la “preferencia comunitaria”, es decir, el marco europeo [sigue siendo presidente del Comité de Regiones Europeas], pero también ha introducido las críticas de la ultraderecha al desarrollo de esas políticas, denunciando que algunas cláusulas de esos acuerdos europeos con países extracomunitarios “dañan a nuestros productores”. “Exigiremos precios justos y ser respetados frente a productos de terceros países a los que no se le exigen las mismas obligaciones y estándares ambientales que a nosotros”, ha subrayado.

Vox aspira, como en Extremadura, Aragón y Castilla y León, a hacerse con la Consejería de Agricultura, aunque en Andalucía el volumen de presupuesto que maneja es infinitamente mayor, con unos 2.000 millones de euros anuales.

El barón del PP hizo un llamamiento a la “unidad y la valentía” de la Cámara en un tramo de su discurso en el que rechazó de plano el nuevo modelo de financiación autonómica, firmado por la jefa de la oposición, la socialista María Jesús Montero, que le observaba desde su escaño. Moreno ha reclamado “suficiencia financiera” y ha acusado a Sánchez de “discriminar a Andalucía en las inversiones del Estado”.

La medida estrella del discurso de investidura de Moreno en enero de 2019 no estaba en el discurso, sino en la imagen en sí misma: el primer presidente de la Junta de Andalucía que no era del PSOE en 37 años. Sería elegido con los votos de los dos partidos que habían reducido al PP al esqueleto: los liberales de Ciudadanos y los ultras de Vox.

Uno de los cambios evidentes en la jornada de hoy es el ambiente de naturalidad con la que Moreno regresa a la investidura de manos de la ultraderecha, esta vez, sin el ambiente de asombro de entonces, sin las manifestaciones masivas de organizaciones feministas que en enero e 2019 rodearon el Parlamento en protesta por la alianza de PP con Vox, y respaldada por la mitad de los consejeros del Gobierno en funciones de Susana Díaz, dirigentes del PSOE-A, de Izquierda Unida y de Podemos. Hoy ya nadie se rasga las vestiduras ni alerta sobre el “fascismo”, que fue una palabra común en el diario de sesiones hace dos legislaturas.

Votación el martes y el jueves

El candidato popular ha desgranado los ejes de su tercer mandato y, hasta el martes a las 10.00 horas, el Parlamento no escuchará la réplica del resto de candidatos sobre la tribuna: María Jesús Montero, por el PSOE; Manuel Gavira, por Vox; José Ignacio García, por Adelante Andalucía; y Antonio Maíllo, de la coalición Por Andalucía. Obviamente será la palabra de Gavira la más esperada, si para entonces no se ha hecho público el acuerdo entre ambas formaciones.

La primera votación está prevista para la tarde del martes 30 de junio. Si Moreno no sale investido en ese momento, habrá una segunda votación 48 horas después, el jueves 2 de julio, en la que sólo necesitaría mayoría simple, es decir, bastaría con que los diputados de Vox se abstuvieran.

Reacciones de la oposición

Al término de la sesión, el portavoz de Por Andalucía, Antonio Maíllo, ha criticado el discurso inicial de investidura del presidente en funciones de la Junta, asegurando que “ha certificado la defunción de su vía moderada”, al mismo tiempo que ha lamentado su “opacidad” por las negociaciones entre el PP-A y Vox para formar gobierno.

“No ha contado absolutamente nada del único hecho políticamente relevante en estos días que ha sido el diálogo opaco, oscurecido y absolutamente hermético que tiene con la única fuerza con la que ha hablado y con la que descuelga el teléfono, que es con la ultraderecha de Vox”, ha afirmado Maíllo en una atención a los medios este lunes en el Parlamento.

Por su parte, el portavoz de Adelante Andalucía, José Ignacio García, ha tachado de “vergüenza” el “poco tiempo” dedicado en el discurso de investidura de Moreno, a la violencia machista, los derechos de las personas LGTBI o el cambio climático, temas que ha calificado como “vetados” por la formación de ultraderecha con la que negocia un pacto de gobierno.

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