Este viernes, en la previa de los octavos de final del Mundial contra Cabo Verde, Lionel Scaloni alcanzará la cifra de cien partidos al frente de la Selección Argentina. Un hito que lo posiciona como el segundo entrenador en la historia de la Albiceleste en lograrlo, solo superado por Guillermo Stábile, quien dirigió 124 encuentros.
Lejos quedan aquellos días de 2018, cuando Pablo Aimar, al verlo armar de urgencia la convocatoria para un amistoso ante Guatemala, le espetó en una playa de Valencia: “¿Vos sabés que estás loco, no?”. Una pregunta que, ocho años después, resuena con un significado totalmente distinto. El mismo Scaloni confesó a Clarín, antes del partido contra Jordania, su asombro: “Nunca en mi vida lo pensé, son un montón, más con esta camiseta. La verdad que muy lindo momento”.
Lo que vino después de esa primera etapa superó cualquier expectativa. El hombre nacido en Pujato hace 48 años no solo guio a la Selección a su tercera estrella en Qatar 2022 —la primera la presenció en su nacimiento en mayo de 1978 y la segunda en la televisión de su abuela—, sino que además logró unificar las históricas corrientes futbolísticas argentinas, fusionando lo mejor del «menottismo» y el «bilardismo» para dar forma a la Selección más importante de la historia.
Su éxito se construyó sin estridencias ni deseos de revancha. A pesar de las numerosas críticas y descalificaciones iniciales de quienes cuestionaron su nombramiento por parte de Claudio Chiqui Tapia, Scaloni mantuvo un perfil bajo. “Cuando las críticas te hacen más fuerte, trabajás en silencio y seguís para adelante, ahí es cuando las cosas pasan”, reflexiona un posteo que recopila aquellos duros juicios. Él mismo lo sintetizó para Clarín: “No me preocupa qué se va a decir. A mí me interesa que la gente se haya sentido identificada con la propuesta del equipo, de que fuimos una Selección representada, que representaba a su gente”.
El «Gringo» no solo ganó cuatro títulos (dos Copas América, la Finalissima y el Mundial), sino que también demostró una coherencia sorprendente. Desde su primer partido con Guatemala hasta el número 99 frente a Jordania en este Mundial, utilizó los mismos tres mediocampistas: Exequiel Palacios, Leandro Paredes y Giovani Lo Celso. En total, hizo debutar a 65 futbolistas con la Albiceleste, construyendo una identidad fuerte y desafiando la tendencia del fútbol moderno.
Su método fue simple pero efectivo: “acomodar las piezas”. Juntó talento, buscó equilibrio y diseñó un esquema funcional para Lionel Messi. Pero, sobre todo, desdramatizó y despresurizó el entorno de la Selección. Scaloni fue el primero en confiar en «La Scaloneta», comunicándole a Messi en una videollamada su plan de dar oportunidad a una nueva camada de jóvenes: “La idea es reclutar o que jueguen con la camiseta de la Selección la mayor cantidad de chicos posibles”.
Su experiencia como asistente de Jorge Sampaoli en Rusia 2018 le permitió entender por qué Messi y otros grandes talentos no rendían igual en la Selección que en sus clubes. Scaloni revirtió el paradigma: ahora, los jugadores brillan en sus clubes por lo que logran con Argentina. El caso de Messi es un claro ejemplo: a sus 39 años, su mejor versión apareció bajo el mando de Scaloni. Con él, ha marcado 58 goles en 74 partidos (un promedio de 0.78), superando sus 65 goles en 128 apariciones anteriores (0.51) bajo ocho entrenadores distintos.
El «Gringo» supo conectar con el capitán, ofreciéndole “naturalidad, saber que tiene al lado un grupo de amigos, de gente que se va a brindar al máximo por él, que lo ven como si fuera un dios, pero también como un pibe de barrio”. Scaloni se ganó el respeto del vestuario, siendo un líder cercano que se interesa por sus jugadores, como cuando charló 40 minutos con Lautaro Martínez en la gira previa. A la vez, mantiene una independencia absoluta en sus decisiones, optando por quien esté mejor, incluso si eso implica dejar fuera a un nombre seguro como Nicolás Tagliafico en favor de Facundo Medina, o sacar a «Cuti» Romero si no lo ve en óptimas condiciones.
En este camino, hubo momentos de incertidumbre. Diego Borinsky, en su biografía, relata cuando Scaloni le expresó a Messi, tras un partido contra Brasil en San Juan, su deseo de no continuar por problemas de salud de sus padres. Messi lo alentó a «tratarme con alguien» y le recordó que tales problemas no desaparecerían en un club. Otro instante de duda surgió tras la histórica victoria ante Brasil en el Maracaná a fines de 2023, cuando sorprendió en conferencia de prensa al decir: “Está complicado seguir”.
Esos fantasmas quedaron atrás. Hoy, Scaloni está plenamente comprometido con el proyecto, aspirando a superar la leyenda y alcanzar lo que solo Italia (1934-38) y Brasil (1958-62) lograron: dos títulos mundiales consecutivos. Aunque su contrato actual se proyecta hasta el 31 de diciembre, él mismo afirmó antes de esta Copa del Mundo: “Si todos estamos de acuerdo y se llega a un buen puerto, no creo que haya problemas”. Ezeiza se ha convertido en su lugar en el mundo, un espacio que le permite combinar su vida familiar en Mallorca y Pujato con la dirección de los mejores futbolistas del planeta.
Lionel Sebastián Scaloni no se transformó en un monstruoso insecto como Gregorio Samsa, el personaje de Kafka; en cambio, tras una profunda metamorfosis personal y profesional, se ha consolidado como uno de los entrenadores…
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