El piloto estadounidense Nicholas F. Goselin había aterrizado una pequeña avioneta en una de las zonas más remotas de Indonesia cuando un grupo de hombres armados abrió fuego. Minutos después, la aeronave se incendió por completo. No se trató de un ataque aleatorio, sino de un «mensaje» dirigido a Indonesia, Estados Unidos, Países Bajos y Naciones Unidas, según la guerrilla separatista que reivindicó el hecho, un nuevo episodio de un conflicto que lleva más de seis décadas y que ya ha provocado numerosas víctimas.
El incidente ocurrió el jueves en Balinggama, una localidad aislada del distrito de Yahukimo, en la provincia montañosa de Alta Papúa, donde los aviones suelen ser el único medio para acceder a decenas de pueblos apartados debido a la selva y la falta de caminos.
La aeronave, operada por la empresa indonesia PT AMA, transportaba además a siete pasajeros, entre ellos tres mujeres. Ninguno de los ocupantes resultó herido.
La Dirección General de Aviación Civil informó que el piloto reportó el aterrizaje, pero poco después se perdió toda comunicación con la pista. Un equipo de rescate intentó llegar al lugar, aunque las condiciones climáticas obligaron a suspender la misión. El Ejército indonesio aseguró que los siete pasajeros eran civiles papúes —incluidas tres mujeres— y negó que el vuelo estuviera vinculado a operaciones militares.
Esta versión contrasta con la del Ejército de Liberación Nacional de Papúa Occidental (TPNPB), el principal grupo armado separatista de la región. Su portavoz, Sebby Sambom, afirmó que la avioneta había sido utilizada anteriormente para transportar soldados y suministros del Ejército indonesio hacia zonas de combate. Según explicó, el grupo ha prohibido los vuelos civiles en las zonas que considera bajo su control, ya que sostiene que muchas aeronaves colaboran con las fuerzas de seguridad.
Para los insurgentes, este fue el motivo del ataque. Sambom aseguró que el asesinato del piloto estadounidense constituye «un mensaje» para los gobiernos de Indonesia, Estados Unidos y Países Bajos, además de para Naciones Unidas, por «no abordar las causas profundas del conflicto» en Papúa. Asimismo, reclamó que la ONU promueva negociaciones internacionales entre Yakarta y el movimiento independentista y advirtió que otras aeronaves civiles correrán la misma suerte si continúan, según su versión, apoyando operaciones militares.
Las acusaciones de los separatistas no pudieron ser verificadas de forma independiente y fueron rechazadas por las autoridades indonesias, que mantienen que el vuelo transportaba únicamente civiles y niegan cualquier uso militar de la aeronave.
Este ataque refleja un conflicto de más de seis décadas. Papúa, antigua colonia neerlandesa ubicada en la mitad occidental de la isla de Nueva Guinea, pasó a formar parte de Indonesia en 1969 tras una consulta auspiciada por Naciones Unidas cuya legitimidad es cuestionada por los movimientos independentistas. Desde entonces, diversos grupos separatistas mantienen una insurgencia armada que periódicamente desemboca en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.
La violencia se ha intensificado en los últimos años y los pilotos extranjeros comenzaron a ser blancos recurrentes. La geografía de la región explica en parte esta estrategia: en un territorio donde muchas comunidades solo pueden abastecerse por aire, controlar los vuelos implica condicionar la presencia del Estado indonesio en las zonas más alejadas.
En febrero de 2023, combatientes liderados por Egianus Kogoya secuestraron al neozelandés Phillip Mark Mehrtens, empleado de la aerolínea Susi Air, quien permaneció cautivo durante 18 meses hasta ser liberado en septiembre de 2024. Apenas un mes antes de esa liberación, otro piloto neozelandés, Glen Malcolm Conning, fue asesinado tras aterrizar con un helicóptero en una aldea remota de Papúa Central.
Tras el ataque, los rebeldes renovaron su llamado a Naciones Unidas para que impulse negociaciones entre el gobierno indonesio y el movimiento separatista. Además, reiteraron su advertencia: cualquier aeronave civil que continúe, a su juicio, colaborando con operaciones militares en Papúa podrá convertirse en un nuevo objetivo.

¿Nadie ha roto el hielo todavía?
Tu opinión es importante para nosotros. Sé la primera persona en dejar un comentario.
Empezar conversación ahora