Cuando la espera calma: El insólito «beneficio» del delay en las transmisiones del Mundial

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Cuando la espera calma: El insólito

La Copa del Mundo 2026 ha introducido un protagonista inesperado fuera de la cancha: el retraso en las transmisiones de los partidos. Este fenómeno, que puede generar una diferencia de casi un minuto entre quienes reciben la señal primero y quienes lo hacen después, se presenta como un defecto tecnológico, producto de una mejora en la calidad de imagen por internet. Sin embargo, lo que para muchos es una frustración, para otros se ha convertido en una fuente inesperada de tranquilidad.

Este retraso, que contrasta con la inmediatez de las transmisiones por antena o cable (que a menudo sacrifican calidad visual), ha dado origen a un peculiar «equipo» de espectadores. Para ellos, el delay es un inesperado aliado contra la ansiedad. «Verlo con delay me da más tranquilidad. Los gritos de afuera ya te avisan lo que pasó, así que cuando te toca verlo se sufre menos», comparte uno de los tantos aficionados argentinos que han adoptado esta perspectiva, sumándose a la variada marea de la hinchada.

Los partidos de la Selección Argentina en este Mundial han sido, en efecto, un torbellino de emociones, un vaivén constante de adrenalina difícil de gestionar. Desde el cuarto encuentro, la experiencia se ha asemejado, emocionalmente, a un «loop» de la final de Qatar 2022, con momentos extremos de angustia y euforia concentrados en lapsos breves. Mientras el mundo disfruta de estos encuentros como los más emocionantes del torneo, los aficionados argentinos viven una experiencia de sufrimiento constante.

En plataformas como la red X, surgieron comentarios post partido contra Egipto que reflejan esta búsqueda de un «antídoto» ante la intensidad de los encuentros eliminatorios: “Gracias a Dios por el delay que me alivió la ansiedad y pude enterarme de cómo terminó!”; “Debo ser la única persona que disfruta el delay. Me calma la ansiedad saber si fue gol o no. Grítelo vecino, gracias”.

Aunque una encuesta sobre la preferencia entre «con delay» o «sin delay» probablemente inclinaría la balanza por la inmediatez, el primer grupo ya suma un número considerable de seguidores. Martín Etchevers, secretario de Investigación y profesor de Psicología Clínica y Psicoterapias en la Facultad de Psicología de la UBA, explicó a Clarín este fenómeno. Según Etchevers, la mente humana busca reducir la incertidumbre. La falta de conocimiento sobre lo que ocurrirá incrementa la tensión y la ansiedad, mientras que el resultado final genera alivio. En el fútbol, la emoción radica en esa incertidumbre colectiva, por lo que el delay suele frustrar al romper la sincronía. Sin embargo, para quienes experimentan mayor ansiedad, el retraso puede actuar como un «regulador externo». «Es como alguien que no quiere ver y pide que le cuenten lo que pasó», detalló el experto. Si bien se pierde parte de la recompensa de la sorpresa, disminuye la ansiedad, ofreciendo una sensación de tranquilidad y control. «No todos vivimos la emoción de la misma manera, algunos prefieren reducir incertidumbre», añadió Etchevers, sugiriendo que esta «distancia» temporal funciona como un amortiguador, brindando una percepción de estar «a destiempo y un poco afuera, pero más seguro.»

El psicoanalista y psiquiatra Pedro Horvat, también en diálogo con Clarín, enfatiza la conexión entre ansiedad e incertidumbre como clave para entender este comportamiento. Horvat señala que el pensamiento anticipatorio es una herramienta fundamental contra la ansiedad. Este mecanismo nos lleva a imaginar escenarios y posibles respuestas frente a una situación incierta, lo que permite controlar y reducir la incertidumbre, principal motor de la ansiedad. «Si ya tengo una serie de respuestas previstas, eso genera un enorme alivio de la ansiedad», afirmó.

Horvat distingue este pensamiento anticipatorio del «fantaseo libre», que implica imaginar resultados deseados que no siempre se corresponden con la realidad. La singularidad del delay, explica el psiquiatra, radica en que no es una fantasía mental, sino «un dato anticipatorio de la realidad». Es la realidad misma la que, a través de los sonidos externos o la información previa, adelanta lo que está por ocurrir en pantalla, lo que lo diferencia profundamente de una mera especulación.

El impacto del delay va más allá de un simple alivio. Horvat ejemplifica con una situación común: si Messi va a patear un penal y no se escuchan gritos, el espectador «adelantado» ya intuye el desenlace. Sin embargo, surge una lucha interna: «ojalá no estén mirando, ojalá el vecino no esté, ojalá no haya delay». Esto demuestra cómo el deseo puede intentar desmentir un dato de la realidad. Para Horvat, «no hay tal cosa llamada realidad, sino que cada uno de nosotros la interpreta para sus propias necesidades». Así, frente a la misma información del delay, algunos lo usarán para calmar la ansiedad, otros lo negarán por aferrarse a su deseo y otros lo capitalizarán de alguna manera. Este patrón de reacción, aunque más específico en el fútbol, se replica en cómo las personas enfrentan la información en la vida cotidiana.

Como anécdota, Horvat menciona el «falso delay»: unos niños vecinos que, habiendo visto el desenlace de un penal (ej: Messi lo erró), gritaban «gol» para generar una expectativa errónea. Aunque esto ha llevado a que ya no les crea, el experto destaca lo interesante de la broma: «ellos mismos han intuido qué importantes son estos datos para todos sus vecinos», demostrando el poder de la anticipación, incluso si es fabricada.

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