Perón y Milei: La Historia que Sorprende con Paralelismos Insospechados

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Perón y Milei: La Historia que Sorprende con Paralelismos Insospechados

En el cambiante panorama político argentino, donde el tiempo, la tecnología y las modas evolucionan sin cesar, persisten las corrientes ideológicas fundamentales y la naturaleza humana. Un análisis detallado revela sorprendentes paralelismos entre dos figuras aparentemente dispares: Juan Domingo Perón y el actual presidente Javier Milei.

Uno de los primeros puntos de convergencia se observa en el **posicionamiento geopolítico**. A fines de los años 40, en plena Guerra Fría, Perón estableció la «Tercera Posición», una estrategia que buscaba extraer ventajas de los bloques contenciosos, Estados Unidos y la Unión Soviética. Este concepto, desarrollado en 1945, precedió al «Tercer Mundo» de Mao Tse-Tung, quien, según una carta de Perón a John William Cooke, «robaba sus ideas».

Sin embargo, para 1973, Perón viró drásticamente a la derecha. Tras asumir su tercera presidencia en octubre de ese año, designó a Alejandro Orfila como embajador en Estados Unidos, otorgándole «total autonomía presupuestaria» para «arreglar todos los asuntos pendientes» y lograr «sintonía absoluta con Washington en materia hemisférica y global», con énfasis en la «lucha contra el comunismo». Esta definición no impidió que, meses antes, en mayo, Isabel Perón y José López Rega visitaran Beijing en su representación. Hoy, el gobierno de Milei muestra un «alineamiento» similar, buscando una fuerte relación con Estados Unidos, mientras mantiene y cultiva a China como principal socio comercial, evidenciando una pragmática estrategia internacional.

El **imperativo social** representa otro terreno de análisis. Nadie discute la identificación del Justicialismo con la defensa de la Justicia Social, manifestada en conquistas como la jornada de ocho horas, el aguinaldo, las vacaciones y las jubilaciones. Si bien la retórica actual difiere, la administración de Milei gestiona una de las mayores asignaciones presupuestarias para fines sociales a través del Ministerio de Capital Humano, liderado por Sandra Pettovello.

Mensualmente, entre el 1 y el 5 de cada mes, se firman entre seis y siete millones de cheques de subsidios sociales individuales y familiares, los únicos gastos actualizados por inflación, de los que dependen más de 20 millones de argentinos para su subsistencia. A diferencia de gestiones anteriores, se destaca que esta asistencia social se ha desvinculado del clientelismo y la corrupción de intermediarios, cumpliendo el rol del Estado de asistir a quienes más lo necesitan o están excluidos del mercado laboral formal o informal.

En cuanto a la **actualización tecnológica y la modernidad**, Perón, en las décadas de 1940 y 1950, abrazó el laborismo, la sustitución de importaciones, el voto femenino y la incorporación de la mujer al ámbito productivo. Impulsó el uso masivo de la radio y la televisión, la telefonía fija, las redes ferroviarias y las obras públicas hidroeléctricas, así como el acceso a la educación gratuita, conformando el entonces llamado «Estado de Bienestar».

Hoy, la agenda de la modernidad está marcada por la Inteligencia Artificial y el Cambio Climático. El presidente Milei ha manifestado un claro apoyo a la IA y a la convicción de un orden «Libertario» basado en un Estado mínimo. Respecto al Cambio Climático, aunque el presidente lo rechaza, las grandes empresas que su gobierno convoca exitosamente (como Perón lo hizo con California y otras petroleras en su momento) aplican estrictos protocolos de mitigación del «efecto invernadero». Estas compañías deben evitar «accidentes» medioambientales que podrían afectar severamente el precio de sus acciones y los incentivos de sus CEOs, una dinámica que también fue abordada por ganadores del Premio Nobel de Economía como Peter Howitt, Joel Mokyr y Philippe Aghion al explorar el impacto de la IA en la inteligencia humana.

Finalmente, la **importancia de las instituciones** marca un punto crítico de comparación. Perón, con su formación militar e intelectual, admiraba a Mussolini y no compartía las tesis de otros tres Nobel de Economía –J. Robinson, D. Acemoglu y S. Johnson– sobre el valor de un «orden basado en normas». Perón concebía la «utilización» del «orden liberal» al servicio del poder concentrado del «Líder» y su comunicación directa con sus seguidores. En este sentido, el autor afirma que «nadie es más peronista que Milei».

El dilema subsiste: Perón decía que después de él llegaría la «etapa institucional», y Milei asegura que «alcanza» con un mandato más para «enraizar» sus reformas. El «gran ausente» en este panorama sigue siendo un sistema político robusto, capaz de representar la unidad nacional con diversidad y alternancia, que garantice, más allá de las personas, la credibilidad de las Políticas de Estado para todos los sectores.

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