El arte de ganar bien: Argentina se impone con autoridad a Inglaterra en semifinales

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El arte de ganar bien: Argentina se impone con autoridad a Inglaterra en semifinales

En el mundo del fútbol, a menudo se escucha y se celebra el triunfo, sin importar cómo se consiga. Goles ilícitos, penales discutibles o victorias inmerecidas, cimentadas en una genialidad aislada o la actuación estelar de un arquero, suelen ser justificados con la frase “qué lindo ganar así”. Sin embargo, un triunfo reciente ha replanteado esta perspectiva.

Horas después de una verdadera exhibición de fútbol, y nada menos que ante Inglaterra, la narrativa cambia. La satisfacción es mucho mayor cuando se gana avasallando al rival en el mejor sentido de la palabra, con carácter, dominando el balón, penetrando defensas y haciéndole sentir la presión al adversario.

Aunque no conviene comparar, surge la inevitable pregunta: ¿qué victoria resonaría más en la memoria colectiva? ¿El ajustado 2-1 de 1986, con el gol de Maradona considerado el mejor de la historia de los Mundiales, la “Mano de Dios” y un final de infarto? ¿O este reciente 2-1, una remontada inolvidable que demostró la personalidad de los grandes equipos?

Zlatan Ibrahimovic lo había anticipado: si los ingleses conocieron la “Mano de Dios”, ahora descubrirían el “Pie de Dios”. Y así fue. Messi, a sus 39 años, dejó sin respuesta a talentos como Bellingham y gigantes como Kane, incluso para lanzar un centro con la derecha que selló su genio. La alegría no solo se debe a que Argentina disputará su segunda final mundialista consecutiva, sino por el camino que recorrió y el calibre del rival que dejó en el camino, demostrando que las formas también importan.

El 16 de julio quedará grabado como un jueves en Atlanta que, por un momento, evocó al Estadio Azteca de 1986. Messi, apoyado por un equipo que contó con actores de reparto a la altura de las circunstancias, entregó una actuación memorable. Ganar siempre es gratificante, y mucho más si es contra Inglaterra. Pero lo es aún más cuando un triunfo de esta magnitud se logra de esta forma: jugando al fútbol, dominando al oponente y dejando una actuación que trascenderá en el tiempo.