La provincia de Neuquén se encuentra en un punto crítico respecto a la crisis de adicciones, exponiendo la fragilidad del sistema de salud ante el avance de consumos problemáticos. Familias y operadores de calle, al límite, exigen a las autoridades la creación urgente de centros de internación y políticas de prevención efectivas que den una respuesta real a la demanda creciente.
Este desborde se hace palpable en el caso de Rocío, una joven de 26 años, cuyo padecimiento ilustra el calvario de cientos de familias neuquinas. Con un historial de consumo problemático que inició a los 12 años, Rocío lucha por sobrevivir en una carpa improvisada, con su vida en grave peligro. Walter Nievas, coordinador y experimentado operador de calle en la región, alerta sobre la imposibilidad clínica y material de sostener un tratamiento ambulatorio en estas condiciones de adicción severa, especialmente a sustancias altamente destructivas como el crack o la pasta base.
Para comprender la magnitud del desafío, datos recientes de organismos nacionales de salud pública revelan que los tratamientos ambulatorios para adicciones a sustancias fumables, como el crack, tienen una tasa de fracaso superior al 80% si no están acompañados de un entorno de contención seguro. La abstinencia de estas drogas provoca el llamado “síndrome del mono”, un estado físico y psicológico extremo que empuja a los pacientes a situaciones de gran vulnerabilidad, marginalidad y a menudo, violencia, en su desesperada búsqueda de cómo costear el consumo.
El reclamo central de las organizaciones sociales apunta directamente a las deficiencias en la aplicación de la Ley de Salud Mental (26.657). Aunque la justicia dicte una internación involuntaria por riesgo de vida, las autoridades sanitarias se ven limitadas por una severa falta de infraestructura. Los hospitales públicos de la región carecen de camas y de áreas especializadas para desintoxicaciones prolongadas, lo que impide brindar la atención que estos casos requieren.
En la práctica, el sistema actual recurre a soluciones temporales: los pacientes son derivados a guardias generales para una estabilización momentánea. Sin embargo, una vez superada la urgencia inicial, retornan a la calle sin una solución de fondo a su adicción, repitiendo un ciclo de abandono y riesgo.
Ante este panorama desolador, el pedido de Nievas y de diversas agrupaciones sociales es un llamado claro a la cúpula política y sanitaria de la provincia. La prioridad es la habilitación inmediata de centros de internación específicos, equipados con el personal médico, psicológico y psiquiátrico necesario para abordar estas problemáticas complejas.
La adicción ya no es un problema confinado a los barrios más vulnerables de la capital, sino que se ha extendido por todo el interior neuquino. Es indispensable dejar de criminalizar la enfermedad y en su lugar, implementar políticas de prevención reales. La apertura de espacios de contención es fundamental para evitar que las nuevas generaciones caigan en una trampa de la cual, sin un respaldo efectivo del Estado, es casi imposible escapar.