Neuquén: La Clínica Pasteur, un Centro de Rehabilitación Que Superó 400 Estándares y Marcó un Hito

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Neuquén: La Clínica Pasteur, un Centro de Rehabilitación Que Superó 400 Estándares y Marcó un Hito

En el corazón de Neuquén, el Centro de Rehabilitación de la Clínica Pasteur ha logrado un reconocimiento trascendental: la acreditación del Instituto Técnico para la Acreditación de Establecimientos de Salud (ITAES). Este logro, resultado de tres años de intenso trabajo y la superación de más de 400 exigentes estándares de calidad, es motivo de celebración para un equipo de 175 personas que han redefinido la atención al paciente.

María Filomena Rodríguez, con diez años en la clínica, primero en maestranza y luego en la cocina –donde, según sus compañeros, prepara la mejor lasaña–, es una de las figuras de este equipo. Con emoción, alzó su certificado, un símbolo del esfuerzo colectivo. Junto a ella, Robinson Gutiérrez, quien tras ser paciente por una lesión, hoy es parte activa del centro, fabricando productos de apoyo impresos en 3D. Su historia es un reflejo de la filosofía del lugar.

El director de la clínica, Ignacio Veltri, articuló la esencia de esta certificación: “Calidad es tratar al que no conocemos, al paciente, como nos gustaría que nos traten a nosotros mismos o al ser que más amamos en el mundo”. Esta visión humanitaria impregna cada aspecto del centro.

El ITAES, una organización no gubernamental, evalúa voluntariamente a instituciones que buscan la excelencia. Facundo Goya, jefe del Departamento de Calidad de la Clínica Pasteur, explicó que el proceso implica «cumplir los 400 estándares que exige un manual para evaluar objetivamente». Esta evaluación es integral, abarcando desde el personal médico y de enfermería hasta los servicios de mantenimiento y cocina, ya que «todo repercute en la salud». Un elemento clave es la empatía y la comunicación con las familias.

Jorge Naum Martínez, coordinador general de Atención Médica, describió el camino como «tres años intensos», llenos de desafíos y altibajos. Más allá del prestigio, la acreditación representó «un cambio cultural en la forma de trabajo», estandarizando procesos y requiriendo una labor constante de guía y acompañamiento para todo el equipo. Martínez subrayó que el paciente es siempre el eje central: «Todo lo que logramos hacer y todo lo que nos falta crecer va a ser en función de ofrecer una mejor calidad y mejor atención para ellos».

Para Eugenia Arocena, coordinadora general del Servicio de Rehabilitación, fue un «cambio de mirada». Aunque implicó ajustar procesos, el centro ya contaba con lo esencial: poner a la persona en el centro. Al ingresar un paciente, el equipo se reúne con la familia para reconstruir su historia, sus gustos y proyectos previos a la lesión. A partir de esa información, se diseñan terapias y talleres personalizados, con el objetivo de que el paciente pueda volver a disfrutar de sus actividades, adaptándose a su nueva realidad. El enfoque no está en la patología, sino en preservar la identidad del individuo.

La tecnología desempeña un papel crucial en esta búsqueda de autonomía. En el laboratorio de impresión 3D, Fernando Salvucci, bioingeniero, y Robinson Gutiérrez colaboran en el diseño y fabricación de «productos de apoyo para todos los pacientes que necesitan algún tipo de adaptación»: desde cubiertos y llaves hasta lapiceras y ratones de computadora. Estas ideas nacen de las necesidades diarias de los pacientes y sus terapeutas. El caso de Robinson es ejemplar: de adaptar su propio ratón, pasó a ser un pilar en el laboratorio, que ahora funciona a tiempo completo, demostrando la eficacia de la co-creación.

Pero lo que más distingue a la Clínica Pasteur, según sus directivos, es la calidad humana de sus profesionales. Arocena destacó la importancia del humor y la empatía al tratar con patologías crónicas, tanto con los pacientes como con sus familias. La «buena onda» es palpable: la luz natural inunda los espacios, un jardín adaptado permite el contacto con la naturaleza, y el gimnasio, lleno de color y música, invita a la interacción y al movimiento. Paloma Peral, coordinadora de Kinesiología, relató cómo los pacientes forjan amistades y se sienten a gusto. «Es muy reconfortante, da gusto venir a trabajar acá», afirmó.

El centro está orientado principalmente a personas con patologías neurológicas complejas (ACV, lesión medular, traumatismo de cráneo, entre otras) en fases subagudas y crónicas. Con un modelo de internación de tres a seis meses, ofrece un abordaje integral e interdisciplinario que incluye médicos fisiatras, kinesiólogos, terapeutas ocupacionales, fonoaudiólogos, psicólogos, trabajadores sociales, nutricionistas y bioingenieros. Se planifican programas personalizados que combinan terapias motoras, de actividades de la vida diaria, comunicación y apoyo psicológico, complementados con talleres de deporte adaptado, huerta y realidad virtual.

Este viernes, cada integrante de la Clínica Pasteur regresó a casa con un certificado que encapsula el esfuerzo de jornadas, y el orgullo de un logro conjunto. «Me da mucho orgullo», expresó la cocinera «Mari», símbolo de la dedicación que convierte al centro en un hogar de esperanza y recuperación.