Siri Hustvedt: Tras la muerte de Paul Auster, la intimidad de un matrimonio literario desvelada

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Siri Hustvedt: Tras la muerte de Paul Auster, la intimidad de un matrimonio literario desvelada

Un matrimonio de escritores, bajo un mismo techo, es un terreno fértil para la creación, pero también para desafíos únicos. La compañía en una profesión esencialmente solitaria puede ofrecer consuelo y, al mismo tiempo, generar tensiones silenciosas o abiertas. La admiración mutua es una cláusula implícita, pues cada uno se convierte en colega, pero, sobre todo, en el lector y corrector más íntimo de la obra del otro, un género de crítica con sus propios grados de rigor o indulgencia.

La historia de la literatura está salpicada de estas complejas uniones. Virginia Woolf adoptó el apellido de su esposo Leonard, quien se dedicó a las memorias. En Argentina, Bioy Casares se concentró en la novela mientras Silvina Ocampo exploraba el cuento y la poesía. Otros ejemplos incluyen a Octavio Paz y Elena Garro, o Michael Holroyd y Margaret Drabble, quienes dividieron sus géneros, a veces con la intención de demostrar destreza en el campo del otro. Robert Lowell y Elizabeth Hardwick también se repartieron poesía y ensayo, aunque con sus propias batallas personales.

Desde la intensa relación de Sylvia Plath y Ted Hughes, hasta la distancia precavida de Roberto Calasso y Fleur Jaeggy, cada pareja literaria labró un camino singular. Estos matrimonios han dejado un legado en documentos que, aunque escasos, irradian una verdad profunda, como las “Cartas de cumpleaños” de Hughes o la correspondencia entre Lowell y Hardwick. A esta tradición se suma ahora “Historias de fantasmas”, la obra de Siri Hustvedt que explora la vida junto a Paul Auster.

Cuando Siri Hustvedt y Paul Auster iniciaron su vida juntos, la magnitud de su futuro literario era incierta. Hustvedt recuerda cómo “18 editoriales de Nueva York rechazaron Ciudad de cristal” de Auster. Con el tiempo, ambos recibieron una atención pública considerable. Tras la muerte de Auster, sus libros pueden ser juzgados con una perspectiva más serena, despojados de su ubicua figura.

Para Hustvedt, escribir sobre su esposo es una necesidad visceral, una forma de traducir la experiencia más íntima. “Este libro es una especie de diario y, como muchos diarios, probablemente todos, está plagado de lagunas: un mapa de cosas dichas y omitidas”, reflexiona. La autora, devota lectora de Kierkegaard, evoca la distinción que Paul y ella solían hacer entre escritores dados a “añadir” y los que preferían “quitar”, ejemplificando con Dickens y Beckett.

Auster siempre fue un escritor arraigado en el sentido de una vida, tanto para sí mismo como para su obra. Ahora, Hustvedt se enfrenta a la tarea de narrar la vida de él, o al menos el significado de sus dos vidas en tándem. En “Historias de fantasmas”, Hustvedt nos transporta al centro del mundo del ausente, revelando detalles como el escritorio de Auster, un santuario de creatividad con más de ciento cincuenta plumas y treinta y cinco cuadernos Clairfontaine. “Su caligrafía está por toda la casa, en notas y papeles”, señala Hustvedt, subrayando la persistencia de su huella. “Cuando estaba con Paul me sentía más viva. Vivía en el tiempo, no flotaba fuera de él”.

El libro es un testimonio de lo que sobrevive del otro en uno, y de cómo el ausente sigue transformando al que queda. Hustvedt relata el estoicismo de Auster ante los tratamientos médicos, las despedidas de amigos cercanos como Don DeLillo y Salman Rushdie, y sus últimas confesiones. “Quiero morir en la biblioteca. Me imagino instalando una cama de hospital aquí”, expresó Auster, un deseo comprensible y digno.

Esta obra conecta con las exploraciones anteriores de Hustvedt sobre el dolor y la identidad, como en “La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres”, donde citaba a Kierkegaard. La novela póstuma de Auster, “Baumgartner”, se lee ahora como un conjuro anticipado de la muerte. “Historias de fantasmas”, aunque no tan salvaje como otras exploraciones del duelo, posee una «apertura desprovista de temor» que la hace fascinante.

Filosófica y abierta a los debates públicos, Hustvedt contrasta con un Auster más introspectivo. Él, marcado por tragedias personales y el éxito, se volcó hacia su interior, mientras ella ha sido más permeable. Ambos fueron activistas contra las políticas de Trump, desmintiendo la idea de un periodismo que, durante años, ignoró la clara posición feminista del matrimonio. La noción de que Hustvedt pudiera vivir a la sombra de su esposo, algo ridículo hoy, es completamente refutada por su prolífica obra.

La obra de Auster estuvo profundamente anclada en lo biográfico, desde “La invención de la soledad” hasta sus ficciones como “4321” y “Baumgartner”. Incapaz de mentir, Auster vivió a través de sus personajes las vidas que su oficio le impidió experimentar. Esta fascinación por el azar, que él no creía en el destino, sino en los hechos fortuitos, resuena en las preguntas que solía hacerle a Hustvedt: “¿Y si no te hubiera conocido?”.

“Historias de fantasmas”, de Siri Hustvedt, con traducción de Aurora Echevarría Pérez, es una publicación de Seix Barral de 384 páginas.