En un contexto donde la posición del fútbol argentino ya es indiscutida en la primera línea mundial, el sector agropecuario del país emerge con igual protagonismo, consolidándose como un actor de élite en el escenario global. Esta valoración fue destacada tanto por Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), como por Luis “Toto” Caputo, ministro de Economía.
Durante su visita a Vaca Muerta, una de las grandes apuestas para la generación de divisas, Georgieva hizo una clara referencia al campo argentino, calificándolo como “uno de los motores para la recuperación macroeconómica del país”. Su declaración subraya la relevancia estratégica del sector en los planes de estabilidad económica nacional.
En sintonía con estas apreciaciones, el ministro Caputo resaltó el crecimiento de las exportaciones agropecuarias, que alcanzaron cifras récord en el primer semestre de este año. Además, proyectó una continuidad en su aporte de divisas durante el segundo semestre. La acumulación de reservas, una de las recomendaciones clave del FMI, encuentra en el agro un aliado fundamental para el gobierno.
Caputo precisó que los despachos de la agroindustria mostraron un incremento del 15% en volumen respecto al mismo período de 2025, totalizando 63 millones de toneladas y superando los US$ 27.000 millones en ventas. El ministro también puntualizó que 37 complejos exportadores, que representan el 70% del volumen total exportado, incrementaron su tonelaje en comparación con 2025.
Entre los productos con mayor crecimiento se encuentran el Girasol (+129%), Trigo (+56%), Legumbres (+48%), Lácteos (+24%), Cítricos agrios (+23%), Cebada (+19%), Sorgo (+12%) y Hortalizas pesadas (+8%), demostrando la diversidad y solidez de la oferta exportable argentina.
Paralelamente, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires participó en un encuentro regional en Brasil, donde se puso de manifiesto la importancia agroalimentaria de Argentina, un rol que se potencia significativamente al trabajar en conjunto con sus vecinos. Ramiro Costa, gerente general de la Bolsa, propuso ir más allá del análisis individual de mercados y ver a Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay como una verdadera plataforma agroalimentaria regional.
Esta plataforma, explicó Costa, se sustentaría en cuatro pilares: alimentos, insumos para la producción animal, energía y sostenibilidad. “Si analizamos a Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay uno por uno, podemos perder de vista lo más importante: juntos constituyen una de las plataformas agroalimentarias más relevantes del mundo. Nuestros países enfrentan muchos de los mismos shocks globales. En algunos mercados compiten, pero en muchos otros se complementan”, afirmó.
Costa destacó el considerable crecimiento productivo de la región en los últimos 25 años, aportando datos que ilustran su peso estructural en el comercio mundial. La zona concentra más de la mitad de la producción global de soja, cerca de dos tercios de las exportaciones de la oleaginosa y sus derivados, y entre el 35% y el 40% de los envíos mundiales de maíz. “La región ya no es solamente un productor agrícola importante: se ha vuelto esencial para la seguridad alimentaria y el comercio agropecuario mundial. Pero la escala, por sí sola, no garantiza competitividad”, advirtió.
De cara al nuevo ciclo productivo 2026/27, Costa enumeró cinco ejes que definirán su dinámica: el clima, los márgenes de los productores, la tecnología, los biocombustibles y la trazabilidad. En este sentido, remarcó que el panorama agrícola va más allá de las exportaciones de alimentos, con una demanda de energía que adquiere un peso estructural creciente.
Sobre las exigencias ambientales internacionales y la trazabilidad, Costa afirmó que la región no parte de cero, ya que posee valiosos sistemas de información. “En materia de trazabilidad, la región ya cuenta con experiencia, tecnología, información confiable y programas muy valiosos. El desafío es desarrollar soluciones confiables para los mercados, que sean prácticas para los productores y adaptadas a las realidades productivas de cada país”, explicó.
Finalmente, enfatizó que la integración regional es una realidad productiva y comercial en desarrollo que requiere apoyo institucional. “La integración regional no es solamente una aspiración futura: ya es una realidad productiva y comercial. El próximo paso es acompañarla con mejor infraestructura, procedimientos comerciales más simples y una mayor coordinación. La oportunidad no consiste solamente en producir y exportar más, sino en agregar valor y convertirnos en un proveedor más integrado, innovador, sostenible y confiable”, concluyó.
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