Gianni Infantino, presidente de la FIFA, se vio obligado a retirar su propuesta de ceder a capitales privados la gestión y explotación de las principales competencias mundiales. La iniciativa, que contemplaba la intervención de inversores externos en eventos como los Mundiales de fútbol, desató una fuerte polémica y la desaprobación de las principales confederaciones.
La reacción no se hizo esperar. La UEFA fue la primera en manifestar su total rechazo, iniciando una rebelión a la que rápidamente se sumaron la Concacaf y la Confederación Asiática de Fútbol. Incluso la Conmebol, donde Infantino podría haber anticipado un mayor respaldo por afinidades y lealtades, respondió con un pedido de aclaraciones y un llamado a la calma en el seno de la familia del fútbol, absteniéndose de dar su aprobación explícita.
Esta controversia se enmarca en un escenario de complejas disputas de poder dentro del fútbol internacional, con tensiones recurrentes entre la administración de la FIFA (con sedes en Zúrich y Miami) y la cúpula del fútbol europeo. Las confederaciones ya habían expresado su malestar en ocasiones anteriores, criticando la aparición de nuevas competiciones o la expansión del número de participantes y partidos en los torneos existentes, lo que generaba una creciente superposición con los calendarios de sus propias ligas y copas.
En el caso específico de esta propuesta, la prisa con la que Infantino pretendía sellar el acuerdo para la creación de la “FIFA Forward Enterprise” también generó preocupación. Se consideró que no había tiempo suficiente para analizar en profundidad los términos y las implicaciones de lo que se estaba entregando a esta entidad. Ni siquiera la atractiva promesa de un ingreso multimillonario, destinado a las 211 federaciones miembro en los próximos años y condicionado a la rápida aprobación del proyecto, logró inclinar la balanza a su favor.
Habituado a moverse en el complejo ajedrez de las altas esferas del fútbol, Infantino, quien buscará su reelección el próximo marzo, optó por frenar la iniciativa. Esta decisión podría interpretarse como un reconocimiento de una estrategia fallida o, por el contrario, como una pausa estratégica para replantear la propuesta y relanzarla en un futuro.
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