Ignacio «Nacho» Montenegro, piloto de 21 años oriundo de Chubut, vive una realidad que pocos imaginan. Aunque comparte equipo con la leyenda del motociclismo Valentino Rossi en el GT World Challenge Europe, su día a día en Valencia incluye reuniones de consorcio y una vida cotidiana que contrasta con el vértigo de las pistas. Actualmente al mando de un potente BMW M4 GT3 del Team WRT, el joven argentino aspira al título de la Silver Cup, demostrando que la cima del automovilismo también tiene sus facetas más terrenales.
«Saben un poquito que soy piloto», confiesa Montenegro sobre sus vecinos, quienes lo han sumado al grupo de WhatsApp del edificio. La imagen de un piloto de élite lidiando con decisiones vecinales puede parecer extraña, pero es parte de su realidad. A sus 21 años, vive solo y se adapta a la vida en Europa, una experiencia que le tocó afrontar a los 18 en Italia. La adaptación a una nueva cultura y un nuevo idioma fue un desafío inicial que, con esfuerzo, superó hasta el punto de comunicarse fluidamente en italiano.
Esta habilidad lingüística, curiosamente, le sirvió para forjar una buena relación con Valentino Rossi. «Pensé de qué manera podía caerle bien y me mandé a hablarle en italiano. Se quedó sorprendido, ahora me saluda con buena onda», relata Nacho. La figura del «Doctor» genera una devoción sin igual; las reuniones del equipo, los eventos de marketing, todo lo comparte con el múltiple campeón. El fanatismo que lo rodea es tal que requiere seguridad policial en su box, pero Rossi, a pesar de su estatus, se muestra cercano, firma autógrafos y trata a todos como iguales, una cualidad que Nacho admira.
A pesar de la convivencia y el respeto mutuo, Montenegro aún no se anima a pedirle una foto a su ilustre compañero. «No le pedí ni una foto, no me animo todavía. Creo que a fin de año, en la última carrera que hagamos, ahí me voy a mandar», comenta, mientras su coach, Lucas Colombo Russell, lo ayuda a buscar el momento oportuno.
El GT World Challenge Europe exige un desgaste «tremendo». No solo por carreras de 24 horas, como la de Spa, sino por la intensa agenda de viajes, actividades, pruebas y eventos. «A veces vuelvo, me subo a la bici, le meto una hora y digo: ‘¿Qué hago acá? Me quiero ir a mi casa a dormir, no doy más'», describe. Más allá del cansancio físico, la tensión mental es constante. «Somos cuatro pilotos en un auto, y por un error tuyo se pueden quedar afuera todos. Ahí te quieren comer vivo», explica sobre la presión.
Para Nacho, llegar a la Fórmula 1 es un camino «muy difícil» que requiere de talento y circunstancias específicas. El GT3 es hoy «su Fórmula 1». Disfruta la categoría, donde incluso pilotos como Lance Stroll han competido y Max Verstappen tiene un equipo de turismo. Ha pasado por Fórmula 4, TC2000 y TCR antes de llegar al GT3. Sobre el BMW M4 GT3 que conduce, destaca su dificultad a pesar de las ayudas como ABS y control de tracción, que pueden ralentizar el auto si no se dominan. «Se disfruta porque va muy rápido, tiene mucha más carga que un TCR y vas 24 horas a fondo y no se rompe», asegura.
Su gran sueño, propuesto con su ex-coach Lucas Benamo a los 16 o 17 años, es competir en las 24 Horas de Le Mans. Estuvo cerca de probar un Hypercar tras un buen desempeño en un LMP3 hace dos años, pero reconoce que la mayoría de los pilotos de Hypercar provienen de GT3.
El argentino volvió a trabajar con Bullet, la compañía que representa a su amigo Franco Colapinto, a mediados del año pasado. Después de una pausa por la pandemia en 2020, la relación se retomó con un plan claro que incluyó una prueba en un GT. Destaca el profesionalismo de Jamie Campbell-Walter, ex-piloto ganador en Spa y Le Mans, y de María Catarineu.
La amistad con Colapinto y Nicolás Varrone se remonta a la infancia. Compartieron innumerables viajes, y Nacho valora sus logros. Recuerda esos tiempos como una etapa de «cero presión», donde la motivación era puramente el amor por el deporte. Hoy, el automovilismo profesional implica una presión constante por los resultados para los patrocinadores, lo que puede «nublar» el disfrute. Este aspecto lo trabaja con su psicóloga deportiva, quien lo ayuda a organizar su rutina, entenderse a sí mismo y confiar en sus capacidades para llegar más claro a cada fin de semana de carrera, recordándole la importancia de disfrutar.
Cuando regresa a Argentina, Nacho busca «bajar a tierra» compartiendo momentos con sus seres queridos, como su hermana, en cenas o rondas de mate. Es un contraste necesario para un joven cuya cabeza, durante la competición, está a «2000 revoluciones».
En su temporada actual en la Silver Cup de GT World Challenge Europe, Nacho Montenegro lidera la clasificación general con 158,5 puntos. Después de seis fechas, ha cosechado cuatro victorias y siete podios, posicionándose como un serio contendiente al título a falta de cuatro jornadas para el cierre del campeonato.
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