Más Allá de lo que ‘Parece’: El Stand Up de María Pía Borja que Desafía Estigmas de Bipolaridad y TDAH en Neuquén

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Más Allá de lo que 'Parece': El Stand Up de María Pía Borja que Desafía Estigmas de Bipolaridad y TDAH en Neuquén

«Tengo trastorno afectivo bipolar», dice María Pía Borja. A menudo, la respuesta que recibe es contundente: «No parecés». Esta frase, lejos de ser un cumplido, subraya el estigma que aún rodea a la salud mental y que María Pía busca derribar. Comunicadora, docente y radialista, Borja utiliza su propia experiencia para llevar al escenario neuquino un mensaje diferente a través de su show de stand up, «Loca pero tratada».

En una sociedad donde la conversación sobre salud mental ha ganado terreno, ciertas enfermedades como la bipolaridad siguen envueltas en mitos. Pía relata la creencia errónea de que las personas con este diagnóstico son peligrosas o experimentan cambios de ánimo impredecibles. Sin embargo, enfatiza que con medicación y tratamiento adecuados, es posible alcanzar una «cierta estabilidad» y llevar una vida plena. Aunque el camino para llegar a ese punto fue largo y desafiante; Pía recuerda que le tomó cinco años encontrar una medicación que le funcionara.

Su travesía diagnóstica comenzó hace una década, en un momento de profundo caos personal. Procesaba una denuncia por abuso sexual, enfrentaba una contrademanda del agresor y una inesperada exposición mediática. A esto se sumaba una «depresión funcional» que, aunque invisible para los demás, generaba un «altísimo» nivel de sufrimiento interno. El punto de quiebre llegó una noche, cuando un vacío profundo y «ganas de no vivir» la llevaron a buscar ayuda psiquiátrica. Salió de la consulta con una medicación que, desde entonces, nunca dejó de tomar.

El diagnóstico de trastorno bipolar no fue instantáneo. Tiempo después, un código del manual DSM en una receta médica la llevó a investigar, descubriendo términos como «ciclotimia» y «trastorno bipolar». Esto le permitió entender las oscilaciones de ánimo, los episodios depresivos profundos, los trastornos del sueño y los episodios mixtos que ya experimentaba, con el objetivo de hallar un punto medio de estabilidad.

Mucho después, y de forma casi inesperada, llegó un segundo diagnóstico: el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Un nuevo psiquiatra le pidió una historia clínica desde su perspectiva, lo que impulsó a María Pía a revisar su vida y encontrar patrones. Recordó su niñez, marcada por el hecho de pasar tiempo fuera del aula en la escuela secundaria, pese a aprobar sus materias. A eso se sumaban señales físicas, como sus constantes caídas y lesiones (siete puntos en la rodilla, un tobillo operado), la tendencia a perder objetos o documentos y la dificultad para mantener la atención prolongada, aunque siempre lograba resolver las tareas a último momento.

Estas observaciones la llevaron a realizar un estudio neurocognitivo que, junto a la reconstrucción de su infancia con su madre, confirmó el TDAH. Para Pía, este diagnóstico fue un alivio, una clave para entenderse mejor. Explica que, a menudo, los trastornos afectivos bipolares coexisten con otros diagnósticos, ofreciendo una visión más completa de su situación.

En medio de sus diagnósticos, María Pía se pregunta: «¿Cuál de todas soy yo?». Para responder, se escribe cartas a sí misma en distintos estados de ánimo, descubriendo un hilo conductor: las personas que elige y los valores que aprecia permanecen inalterables. En este mapa interno, la medicación es un pilar «innegociable». Consciente de los riesgos de abandonarla –como le ocurrió a otras personas que terminaron internadas–, Pía acepta los efectos secundarios como temblores, caída de cabello o problemas gastrointestinales. Para ella, «si el precio de la estabilidad es que me tiemblen las manos, me lo banco». Afirma que la medicación la «saca del sufrimiento» y le «permite tener mejor calidad de vida».

El humor es su otro gran sostén. Siempre estuvo presente, incluso en los momentos más difíciles; su madre lo confirmó al verla hacer chistes irónicos a las enfermeras tras una sobreingesta farmacológica. Este humor, que ella misma describe como «medio insoportable», se transformó en una poderosa herramienta para el escenario. Así nació «Loca pero tratada», su unipersonal donde aborda la bipolaridad, el TDAH y los vínculos desde una perspectiva personal y cómica.

Durante años, amigos, oyentes de radio e incluso extraños la animaron a hacer stand up. Aunque se resistía, la propuesta de una amiga para un evento la impulsó a escribir el material. Pese a que el evento se suspendió, Pía no dejó el texto guardado. Contactó a un amigo con un espacio cultural, fijó una fecha y se subió sola al escenario. La respuesta del público, en su mayoría desconocido, fue de risas por más de una hora.

Aunque no estaba segura de repetir la experiencia, la insistencia de sus amigos la llevó a reescribir el material, dando forma definitiva a «Loca pero tratada». María Pía no busca dar una lección de salud mental, pero sabe que, al pararse con el micrófono en mano y compartir su historia, algo se mueve en la audiencia. Su show se presentará el 22 de agosto en Bar Artes, ubicado en Carlos H. Rodríguez 374.

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