En el corazón de la sierra madrileña, en Bustarviejo, se alza un pequeño paraíso agrícola que su dueño, Cristian González Aceña, ha valorado por encima de una oferta de 700.000 euros. Esta significativa suma, propuesta por un amigo con la intención de transformar la finca de una hectárea en un espacio para eventos, fue rotundamente rechazada por Cristian, quien ve en su huerta un propósito mucho más trascendente que el valor monetario.
La historia fue compartida por el propio agricultor en un video de YouTube, donde el creador de contenido Goly lo acompañó durante una jornada. Mientras recorría sus cultivos a 1.300 metros de altitud, Cristian desveló la propuesta económica que bien podría haberle garantizado una jubilación. «Te puedo decir lo que me han llegado a ofrecer y les he dicho que no: 700.000 euros. Es un amigo para hacer eventos», comentó, sorprendiendo a muchos, especialmente al considerar que la hectárea fue adquirida inicialmente por unos 38.000 euros. A esta inversión inicial se sumaron 18.000 euros para vallar el terreno, 20.000 para una pérgola de venta y miles más cada temporada en semillas y plantas.
La huerta de Cristian es un ejemplo de agricultura orgánica, cultivando entre 80 y 90 variedades comerciales sin emplear productos químicos. Él mismo elabora los abonos con estiércoles compostados. La finca cuenta con un pozo antiguo, un sistema de bombeo alimentado por placas solares y una alberca con capacidad para 110.000 litros de agua, esencial para el riego. La diversidad de cultivos no solo enriquece la producción, sino que actúa como una defensa natural contra las plagas, complementada por insectos auxiliares procedentes del monte cercano. Su compromiso se extiende a la elección de variedades antiguas, priorizando el sabor sobre la productividad.
La calidad de sus productos ha trascendido las fronteras locales, llegando a cocinas de renombre, como la del restaurante Pabú en Madrid, galardonado con una estrella Michelin. Para Cristian, esta validación por parte de la alta gastronomía es un reconocimiento directo a su labor. Sin embargo, no idealiza el oficio; un trabajo muy físico donde «te tiene que gustar estar al aire libre y estar con las plantas. Si no, estás jodido». Vende sus tomates, por ejemplo, entre 5 y 6,50 euros el kilo, reflejando el esfuerzo y la calidad detrás de cada cosecha.
El camino no ha estado exento de dificultades. Cristian recuerda dos fuertes granizadas en seis años, una de las cuales devastó cerca del 85% de su cosecha anual. Esta situación crítica lo llevó a lanzar una campaña de financiación colectiva, «Asegura una cosecha infinita», mediante la venta anticipada de cestas y experiencias para futuras temporadas, logrando así la continuidad de su proyecto. Además, el cambio climático se hace notar en Bustarviejo, con primaveras que ya no ven nieve y un calor prolongado que, aunque alarga la temporada agrícola, también trae nuevas plagas.
La negativa a los 700.000 euros se comprende plenamente al conocer el verdadero motor de Cristian: la conservación de semillas y variedades vegetales. Su objetivo va más allá de la venta de verduras; busca asegurar un legado para su familia y para la humanidad, manteniendo colecciones que, de otro modo, podrían desaparecer. «Lo que hago es para dejar un legado a mi familia y a la humanidad. Me gustaría que mis hijas cogieran el relevo… es necesario que haya gente manteniendo colecciones de semillas», expresa. La finca, ligada a la Unión de Huertas Agroecológicas de Madrid, cultiva más de 210 variedades y conserva una colección superior a las 3.000 variedades vegetales, defendiendo la diversidad agrícola frente a la dependencia de las semillas comerciales que requieren una compra anual.
Al final, la elección de Cristian González Aceña fue clara: mantener vivo su huerto, seguir cultivando y preservar un tesoro de semillas para las generaciones futuras, un legado que, para él, vale mucho más que cualquier fortuna.
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