Villa María inmortaliza a ‘Doña Loli’: La enfermera marroquí que transformó la salud del barrio de Neuquén

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Villa María inmortaliza a 'Doña Loli': La enfermera marroquí que transformó la salud del barrio de Neuquén

Dolores Bozada Paredes, conocida como «Doña Loli», fue una figura indispensable en los inicios de Neuquén. Su dedicación al centro de salud de Villa María dejó una huella tan profunda que inspiró a su hija, María del Carmen, a contactar a Mónica Navarrete, actual directora de la institución. Este encuentro une a dos generaciones de profesionales y culmina en un homenaje: la salita del barrio llevará el nombre de Dolores Bozada Paredes.

La vida de Doña Loli comenzó en Marruecos, en septiembre de 1925, en plena Guerra del Rif. La desaparición de su padre bajo el régimen franquista la marcó; a los 12 años, ella y su abuela lo buscaron por toda España y, para subsistir, Doña Loli se hizo peluquera.

Allí conoció a Eva Perón y a su futuro esposo, un argentino. Se casaron en Pontevedra, y en 1949, Dolores llegó a Argentina como enfermera diplomada. Tras enviudar a los veintiocho años en San Carlos de Bariloche, un contacto provincial la llevó a un Neuquén «desértico» en 1956, «muy distinto al que es ahora».

En el Neuquén de mediados de los cincuenta, con calles de tierra y salud limitada, Dolores fue la única enfermera de Asistencia Social. Asumió complejas tareas, trasladando enfermos a Buenos Aires en tren (un viaje de veinte horas), a menudo acompañada por su hija María del Carmen. También participó en los primeros vuelos sanitarios provinciales, llevando pacientes graves en «avioncitos de papel», según su hija.

Fue en 1962 cuando Doña Loli comenzó a colaborar con Amaranto Suarez, referente vecinal de Villa María, quien impulsó la primera salita periférica del barrio (Fava y San Luis). Suarez la convocó para liderar el espacio, que además de consultorios, incluía una habitación al fondo que se convirtió en la vivienda de Doña Loli y su hija.

Allí, su rol iba mucho más allá de enfermería: era asistente social y gestora comunitaria. Consiguió viandas de la cárcel para 180 niños, gestionó docentes de apoyo, impulsó el gas natural y participó en la forestación, todo mientras velaba por la salud local.

Atendía consultas, curaciones, distribuía medicamentos y leche, y visitaba pacientes a domicilio. «Nunca cerraba la puerta», afirma su hija, «la gente llegaba a cualquier hora y ella estaba lista». Su entrega era absoluta; en inundaciones del Limay, caminaba entre el agua para asistir a los damnificados.

Su mayor aliado era un grueso cuaderno donde registraba minuciosamente cada atención. «Anotaba todo lo que había hecho en el día. Hora por hora», recuerda María del Carmen, quien añade que lo llevaba a Casa de Gobierno para la firma del doctor Castro Rendón.

Tras una cirugía con secuelas físicas, Doña Loli se alejó temporalmente. Regresó a Neuquén para vivir en una humilde casa del barrio. A pesar de la jubilación, su vocación de servicio no cesó; los vecinos acudían a su casa por inyecciones a cualquier hora. María del Carmen rememora cómo su madre salía en ciclomotor a cumplir tratamientos nocturnos. «Era una heroína anónima, una luchadora incansable por los demás», resume.

Doña Loli falleció en Neuquén en 2005, a los 79 años, en aquella misma casa de puertas abiertas. Su legado perdura, y no solo en el recuerdo de su hija. Mónica Navarrete, directora del Centro de Salud de Villa María desde 2018, investigaba el origen de la atención sanitaria en el barrio para un ensayo académico.

Mónica descubrió la figura de una mujer marroquí, primera cuidadora diplomada del sector, cuya huella era casi mítica. «Quedé fascinada», dice Mónica, deseando contactar a alguien cercano. Inesperadamente, María del Carmen, al enterarse de su trabajo, la contactó para reunirse.

En ese encuentro, la hija de Doña Loli mostró un tesoro: fotos, documentos y reportes de enfermería escritos por su madre. Conmovida, Mónica escuchó el deseo de María del Carmen de homenajearla: «Yo solo quería que la gente supiera quién había sido mi mamá y todo lo que hizo por este barrio». Con la colaboración de Mónica, se presentó la propuesta al Ministerio de Salud para que el CAPS Villa María lleve el nombre de Dolores Bozada Paredes, concretándose tras la ampliación.

Así, Mónica Navarrete y María del Carmen no solo rescataron del olvido la historia de la primera cuidadora del barrio, sino que tendieron un puente de memoria y vocación entre la primera enfermera de Villa María y quienes hoy continúan con su misión de velar por la salud comunitaria.

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