A los 14 años, Claire Parfitt ya sabía que quería explorar el espacio. Su primer intento de acercarse a ese mundo, una solicitud para prácticas en la NASA, fue rechazado. Lejos de desanimarse, esa negativa la llevó por un camino insospechado que hoy la posiciona como una figura clave en las futuras misiones europeas a Marte.
Parfitt encontró una oportunidad en el Centro Espacial Nacional de Leicester, Reino Unido, que en ese momento se preparaba para su inauguración en 2001. Allí, su tarea fue particular: ayudar a desembalar piezas de exhibición, entre las que se encontraba un inodoro espacial. Aquel objeto, aunque poco glamuroso, fue su primer contacto directo con la tecnología espacial, un momento que ella considera crucial.
“Era simplemente una pieza de tecnología inusual que se usa en misiones espaciales, así que fue muy interesante verla”, recordó Parfitt, según informó Science Blog. Esa experiencia no solo le abrió una ventana a la ingeniería espacial, sino que también le presentó a Alex Hall, directora del centro, cuya posición de liderazgo inspiró a la joven a imaginar su propia carrera en el sector.
La trayectoria profesional de Parfitt avanzó firmemente. Obtuvo una licenciatura en Física y un doctorado en Ingeniería de Sistemas de Energía para naves espaciales. Posteriormente, trabajó en la industria espacial británica y, en 2019, se unió al centro técnico de la Agencia Espacial Europea (ESA) en los Países Bajos.
Antes de ocupar su rol actual, participó en importantes proyectos de exploración espacial, como el rover Rosalind Franklin de ExoMars y la misión SMILE. El rover Rosalind Franklin tiene un lugar especial en su carrera, diseñado para perforar hasta dos metros bajo la superficie marciana y estudiar material protegido de la radiación. Su lanzamiento está programado para finales de 2028.
“Cuando Rosalind Franklin se lance en 2028, será extremadamente emocionante”, expresó Parfitt. Hoy, a sus 42 años, Claire Parfitt dirige el equipo de estudio de exploración de Marte de la ESA. Su labor incluye la planificación de futuras misiones robóticas y tripuladas, además de presidir un grupo de trabajo internacional que coordina la exploración marciana entre diversas agencias espaciales.
Su visión trasciende una única misión. “Tenemos que planificar cuidadosamente las próximas décadas para asegurarnos de preservar Marte y obtener los mejores datos científicos posibles para Europa”, explicó Parfitt, enfatizando la importancia de una estrategia a largo plazo.
Aunque su primer contacto con el mundo espacial fue desembalando un inodoro, Parfitt asegura que ese paso inesperado fue determinante. “Estoy bastante segura de que me encaminó hacia la trayectoria profesional que sigo ahora en el sector espacial”, afirmó. Ese inodoro espacial, que inicialmente no parecía un paso hacia Marte, fue en realidad el inicio de una carrera que, más de dos décadas después, la ha llevado a liderar la planificación del futuro de la exploración del planeta rojo.
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