El reconocido psicoanalista argentino Gabriel Rolón, autor de exitosas obras como Historias de diván y Palabra plena, compartió recientemente sus reflexiones sobre los conflictos habituales en las relaciones de pareja durante su participación en el programa Perros de la Calle. Su análisis se centró en un dilema frecuente: ¿hasta dónde debe ceder una persona cuando los sueños individuales chocan con la vida compartida?
Es una situación común que uno de los miembros de una pareja reciba una oferta laboral largamente esperada, una oportunidad de viaje, un proyecto profesional o la posibilidad de cumplir un anhelo personal. La tensión surge cuando la concreción de ese sueño implica tiempo, distancia o renuncias para la otra persona. Rolón subraya que “respetar a la pareja también es tener un espacio en el que tú puedas hacer lugar al sueño del otro que no tiene que ver contigo”, aunque aclara que “a veces se puede y a veces no”.
El especialista propone un ejemplo esclarecedor: una oferta para rodar una película en el extranjero durante dos meses. Si la pareja de quien recibe la oferta prefiere que no se marche, el conflicto no radica en la partida en sí, sino en la interpretación. El problema emerge cuando el deseo del otro se percibe como una falta de amor o compromiso. Rolón establece una clara distinción entre proyectos de pareja, como comprar una casa, mudarse o tener hijos, y los deseos individuales, como embarcarse en una carrera profesional o un estudio específico.
Sin embargo, esta apertura a los sueños individuales tiene sus límites. Si una ausencia se prolonga por un año y medio en una relación incipiente, por ejemplo, la otra persona está en su derecho de decidir que no desea esperar. La libertad personal no anula las necesidades del compañero. La clave, entonces, no reside en que uno “gane” la discusión, sino en negociar los costos que cada uno está dispuesto a asumir en pos del bienestar mutuo y del crecimiento individual.
Otro concepto que Rolón introduce y que puede resultar incómodo para quienes buscan una atención constante es que “no siempre vas a ser la prioridad. Hay momentos”. Esto significa que, si bien la pareja puede ser una prioridad en un sentido general, no lo será en cada decisión concreta de la vida. Esta perspectiva, aparentemente sutil, redefine la forma de entender el amor: ser elegido no implica serlo para absolutamente todo. En una entrevista con El País este año, Rolón profundizó en esta idea: “La persona que amamos no es la que nos completa, sino la que nos permite tener una incompletud que no duele”.
El psicoanalista enfatiza que toda elección conlleva la renuncia a otras posibilidades: “Uno siempre se pierde algo”, afirma durante la conversación. Elegir una vida significa dejar de vivir otras vidas posibles. Por ello, considera riesgoso mirar constantemente hacia las opciones no escogidas. Este comportamiento es particularmente visible después de una ruptura, al revisar las redes sociales del ex para imaginar qué habría pasado si aquella relación hubiese continuado. Esta conducta puede interpretarse como un intento de validar una decisión o de alimentar la autoestima. Si se vuelve repetitiva e ineludible, Rolón la considera un síntoma.
La psicología contemporánea respalda la idea de que una relación sana no debe anular la autonomía individual. Diversas investigaciones han demostrado una asociación entre el apoyo a la autonomía del compañero y una mayor satisfacción en la relación. Un estudio con 786 participantes, por ejemplo, corroboró esta conexión en tres análisis distintos. Esta reflexión cobra particular relevancia en un contexto donde, según los últimos datos del INE, España registró 80.785 divorcios en 2025, un 2,7 % menos que el año anterior, con una duración media de los matrimonios disueltos de 16,4 años.
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