El ídolo Xeneize que River casi fichó: la millonaria operación por Guillermo Barros Schelotto que cambió un destino

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El ídolo Xeneize que River casi fichó: la millonaria operación por Guillermo Barros Schelotto que cambió un destino

Cuando este domingo el nombre de Guillermo Barros Schelotto resuene en el Monumental, los silbidos habituales al entrenador de Vélez resonarán con una ironía desconocida para muchos: hace tres décadas, el futuro ídolo de Boca estuvo a un paso de vestir la camiseta de River Plate. Una transferencia que, por su magnitud económica y el giro que dio la historia, es una de las grandes bombas de mercado que el fútbol argentino no llegó a concretar.

Corrían los días de 1996 y la imagen de un joven Guillermo, de apenas 23 años, confesando en plena cancha del Monumental su deseo de unirse a su inminente rival, se grabó en la memoria colectiva. Antes de un partido contra el River de Ramón Díaz –campeón de la Libertadores dos meses antes–, el delantero de Gimnasia le decía a Diego Fucks: “Por ahora soy jugador de Gimnasia. Voy a tratar de ganar y a la noche, cuando se junten los dirigentes, ellos lo van a resolver. ¿Si valgo cinco millones? No lo sé: cada uno paga lo que cree que un jugador vale. Ojalá que River piense así”. River golearía 3-0 ese día, pero la declaración ya había sembrado la semilla de un posible traspaso.

Ese diálogo espontáneo en el campo de juego reflejaba una situación real. River Plate, con Alfredo Davicce a la cabeza, había acelerado por los hermanos Barros Schelotto. Ramón Díaz, de hecho, había desestimado fichar a José Luis Chilavert para priorizar la llegada de atacantes, y los Mellizos encajaban en ese plan. El interés no era solo de River; otros grandes como Independiente también seguían de cerca a los talentosos futbolistas platenses.

El 22 de agosto de 1996, tras la eliminación de Gimnasia en el desempate clasificatorio para la Copa Libertadores (derrota 0-1 contra Racing), la directiva de River sintió que era el momento oportuno. Davicce invitó a Héctor Delmar, presidente de Gimnasia, a un almuerzo en un restaurante de la Costanera para entablar negociaciones formales. Se barajaron cifras iniciales: 1.5 millones de dólares por Gustavo y 3.5 millones por Guillermo, sumando un total de 5 millones de dólares. En valores actuales, esa cifra equivaldría a 10.6 millones de dólares.

Sin embargo, la valoración de los propios Barros Schelotto era mucho más alta para su exentrenador, Carlos Timoteo Griguol. El histórico DT de Gimnasia, consultado de forma extraoficial, sostenía que para que la operación valiera la pena, GELP debía pedir no menos de 10 millones de dólares por ambos. Una suma que, ajustada a la inflación, rondaría los 21.4 millones de dólares actuales, acercándose al valor del pase récord de Thiago Almada, como referencia de un desembolso descomunal para la época.

Las conversaciones continuaron, incluso en extensas reuniones nocturnas. Francisco Arducci, agente de los jugadores en ese momento, confirmaba que los Mellizos consideraban su etapa en Gimnasia cumplida y estaban abiertos a una salida. Todo parecía encaminado, pero en el último encuentro, Delmar aumentó las pretensiones de Gimnasia a 7.5 millones de dólares por los dos futbolistas. Esta cifra, que superaba las posibilidades iniciales de River, hizo que la directiva de Núñez diera por concluidas las negociaciones. Davicce cerró las puertas al acuerdo, citando que “las cifras no coincidían con las posibilidades de mi club”.

Así, Guillermo y Gustavo Barros Schelotto se quedaron una temporada más en Gimnasia. El destino, caprichoso, quiso que 365 días después de aquella fallida venta a River, los Mellizos se mudaran a La Boca. En 1997, Mauricio Macri y Héctor Delmar sellaron el traspaso de los hermanos a Boca Juniors por 1.8 millones de dólares más el pase definitivo de Facundo Sava a GELP. Fue el inicio de una era legendaria.

En Boca, Guillermo se convirtió en un verdadero ídolo. Jugó 300 partidos entre 1997 y 2007, anotó 86 goles y levantó 16 títulos, incluyendo cuatro Copas Libertadores y dos Intercontinentales, formando una dupla inolvidable con Martín Palermo. Fue capitán y un emblema, además de una pesadilla en los Superclásicos, marcando cinco goles en 18 cruces. Gustavo, por su parte, disputó 65 encuentros y ganó cinco títulos antes de irse al Villarreal. La historia se reescribió, y el River de Ramón, que estuvo tan cerca, solo pudo verlo brillar en la vereda de enfrente, incluso como técnico de Boca en aquella dolorosa final de Madrid.