La lactancia materna, a menudo idealizada en el debate postparto, es un acto que para el pediatra José María Carmona, del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla, encierra una distinción esencial: no es lo mismo la leche materna que el acto de amamantar. Una diferencia clave que, según el especialista, puede aliviar la presión sobre las nuevas madres.
En declaraciones a La Vanguardia y a través de su libro «Criar en calma. Guía práctica y emocional para hacerlo lo mejor posible», Carmona aborda las expectativas, dudas y la presión que giran en torno a este periodo de la maternidad. Mientras en otras especies mamíferas amamantar es instintivo, en los humanos se ha convertido en un tema central y, a veces, complejo.
Las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF son claras: alimentación exclusiva con leche materna durante los primeros seis meses y continuarla, junto con otros alimentos, después. En España, aunque el 90,7% de las mujeres comienza siguiendo estas pautas, solo el 35,2% logra mantenerla íntegramente hasta los seis meses, según reveló el estudio LAyDI (PAPenRed), que siguió a casi 2.000 recién nacidos. Factores como recibir información prenatal, evitar la separación madre-bebé al nacer y resolver problemas de pezones se asociaron con una mayor continuidad.
El doctor Carmona es un firme defensor de los beneficios de la leche materna. “Es un alimento increíble”, afirma. Garantiza el aporte total de nutrientes al bebé hasta los seis meses y debe seguir siendo su alimento principal hasta, al menos, el año de vida. Además de su valor nutricional, aporta ventajas para el desarrollo neurológico, visual e inmunológico. “Científicamente, está demostrado que no puede ser igualada por ningún otro producto que le ofrezcamos”, sostiene el pediatra.
Sin embargo, la lactancia, entendida como el acto de amamantar, no siempre es sencilla. Si el proceso transcurre sin problemas, “es cómodo y agradecido”, pero puede volverse complicado. Problemas médicos como un mal agarre del bebé, mastitis en la madre, producción insuficiente o una curva de peso inadecuada para el niño, son algunas de las dificultades que pueden surgir, explica el especialista.
Estas dificultades a menudo chocan con las expectativas sociales. Carmona explica que, tras una época donde la industria promovió el biberón, la pediatría reaccionó defendiendo «lo mejor es dar el pecho». El problema, a su juicio, es que esta defensa pudo ir «demasiado lejos». “Quizás nos hemos pasado de frenada. Hemos idealizado tanto la leche materna que hacemos sentir mal a la madre que no llega”, reflexiona.
Esta idealización desemboca con frecuencia en culpa. Carmona matiza que un grado de culpa puede ser útil, al conectar con la responsabilidad. No obstante, advierte: “Cuando el sentimiento de culpa se apodera de nosotros y hacemos las cosas simplemente para no sentirnos culpables, las cosas no van a ir bien”. Muchas mujeres sufren psicológicamente al no alcanzar un ideal que consideran inalcanzable.
Un estudio publicado en 2024 en Frontiers, “Perceived pressure to breastfeed negatively impacts postpartum mental health outcomes over time”, corroboró esta realidad. Analizó la relación entre la presión percibida para amamantar y el bienestar psicológico postparto: el 39,6% de las participantes sintió una fuerte presión, el 17,8% experimentó vergüenza y más de la mitad vivió estrés y ansiedad por no cumplir los objetivos esperados.
La sociedad también es «muy injusta con las madres» que optan por la fórmula, señala Carmona, ya que las miradas acusadoras recaen principalmente sobre ellas. El pediatra lo resume con una comparación clara: «La leche de vaca es la mejor para un ternero de la misma manera que la materna es la mejor para una criatura humana, pero eso no significa que tengamos que juzgar a las madres por el tipo de alimentación que han decidido para su bebé”.
La abundante información disponible no siempre disipa las dudas; a veces, incluso, alimenta mitos que afectan el bienestar de las madres. Carmona desmiente algunas de estas creencias:
Un parto por cesárea impide la subida de la leche: «El reflejo de la lactancia se produce desde el momento en que la placenta sale del útero, independientemente del tipo de parto», aclara. Antiguamente, la anestesia general en cesáreas podía adormecer a los bebés, retrasando el agarre inicial.
Tratamientos farmacológicos obligan a suspender la lactancia: «La mayoría de los medicamentos y, sobre todo, los de uso más común, analgésicos y antibióticos, son compatibles», asegura. Estos fármacos «no pasan o lo hacen mínimamente a través de la leche materna».
Un pecho pequeño produce menos leche: «El tamaño del pecho de una mujer depende más que nada del tejido graso de la mama. La grasa no es la que produce la leche, sino el tejido glandular estimulado por las hormonas», explica.
La necesidad de beber leche para poder producirla: Falso. «La única manera de aumentar la producción es que el bebé mame de forma correcta y frecuente», enfatiza.
A través de estas reflexiones, José María Carmona subraya una idea esencial: dar el pecho es una parte importante de los primeros meses de vida, pero no debe ser el único criterio para valorar la crianza. “La maternidad es un mundo amplio y maravilloso, no podemos reducirla a la lactancia”, concluye el pediatra. La clave, según él, reside en «integrarla dentro de la crianza, además de relativizar las dificultades e integrarlas dentro de todo lo que supone criar en su conjunto”.
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