España vive intensas olas de calor, una situación que dispara la demanda de aire acondicionado en miles de hogares. La urgencia por instalar o reparar estos equipos genera una avalancha de solicitudes que, según los profesionales del sector, choca con la realidad de un proceso que requiere tiempo y planificación. Miguel Ángel Rojas, con casi 44 años y al frente de Servicios y Desarrollos Marla, es testigo de esta dinámica cada verano. Miembro del Gremio Metropolitano de Barcelona, Rojas destaca dos problemas recurrentes: el aumento descontrolado de la demanda al inicio del calor y una significativa escasez de técnicos frigoristas, lo que sobrecarga al sector justo cuando más se le necesita, como compartió en declaraciones para La Vanguardia.
La instalación de un aire acondicionado va más allá de comprar el aparato y buscar a alguien que lo coloque. Rojas subraya que un aspecto crucial que a menudo se ignora es la capacidad de la instalación eléctrica. Un equipo de climatización puede tener un consumo considerable, y si la red no está preparada, el sistema podría no funcionar correctamente o provocar cortes de luz. A esto se suma la necesidad de estudiar la ubicación de la máquina exterior, un punto regulado por normativas locales y las propias reglas de las comunidades de vecinos, que imponen limitaciones estrictas.
Antes de adquirir un equipo, es fundamental considerar múltiples factores de la vivienda. Elementos como la calidad de las ventanas, la exposición solar, el tamaño de los balcones, si es una planta baja o un ático, y el aislamiento del edificio influyen directamente en la elección. La distancia entre la unidad interior y exterior también es vital. Los modelos básicos suelen estar diseñados para recorridos cortos (tres a cinco metros), por lo que si la normativa obliga a llevar la máquina exterior a la azotea, por ejemplo, podría ser necesario un equipo más caro con un compresor adaptado a mayores distancias. Improvisar en este punto puede llevar a decisiones equivocadas.
Las comunidades de vecinos y las regulaciones urbanísticas, especialmente en ciudades como Barcelona, añaden otra capa de complejidad. La instalación de máquinas en fachadas, sobre todo en edificios protegidos, está muy limitada. Aunque persisten equipos mal ubicados, las denuncias vecinales son cada vez más frecuentes, lo que puede resultar en la obligación de retirar o reubicar la máquina y posibles sanciones. En patios interiores, la situación es similar: si el equipo genera ruido o expulsa aire caliente hacia otras viviendas, las quejas no tardan en aparecer. La máquina exterior no solo debe caber en un espacio; su colocación no debe perjudicar a terceros.
Frente a las olas de calor, la demanda de instalaciones se dispara, una tendencia que, según Rojas, va en aumento. Esta urgencia se agrava por la escasez de técnicos frigoristas cualificados en el sector de la climatización. Las empresas ya operan al límite de su capacidad, y la llegada del calor multiplica las solicitudes, creando un desequilibrio entre una gran demanda y una oferta limitada de profesionales. Esto repercute directamente en los tiempos de espera. Si antes una instalación podía tardar 24 o 48 horas, ahora los plazos se extienden a una semana, diez días o incluso más, dependiendo no solo de la agenda de los instaladores, sino también de la disponibilidad de los equipos por parte de los fabricantes.
Pese a la creencia popular, instalar un aire acondicionado en plena temporada alta no implica necesariamente un coste superior. Rojas aclara que el precio de la máquina lo establece el fabricante y puede variar por fluctuaciones habituales en tarifas, materiales o factores de mercado, pero no por la época del año. Lo que sí cambia drásticamente es la disponibilidad y los plazos de ejecución. Durante el invierno o a principios de primavera, hay mayor flexibilidad para planificar el trabajo, mientras que en verano, con la alta demanda, los tiempos se alargan significativamente.
Una vez instalado, el uso adecuado del aire acondicionado es clave para evitar disparar la factura y prolongar la vida útil del equipo. Rojas desaconseja categóricamente ponerlo a la mínima temperatura al llegar a casa con mucho calor, comparándolo con conducir un coche siempre a la máxima velocidad. El objetivo del aire no es congelar, sino climatizar un espacio de forma confortable. Temperaturas extremas (por ejemplo, 18 grados con 35 en el exterior) generan un choque térmico enorme y fuerzan al equipo a trabajar en exceso. La recomendación es establecer una temperatura lógica y gradual, idealmente entre 23 y 24 grados. De este modo, la máquina opera de manera más eficiente, consume menos energía y su durabilidad aumenta.
El mantenimiento es otro pilar fundamental. Rojas aconseja limpiar los filtros al menos cada seis meses o por temporada. Cada dos años, es recomendable que una empresa instaladora autorizada realice una limpieza más profunda de la unidad interior con productos específicos, y que se revise periódicamente la máquina exterior. Mantener los componentes limpios garantiza una mayor eficiencia energética, un menor consumo y una vida útil más larga del equipo.
La falta de personal cualificado en el sector, a pesar de una demanda creciente, es un problema persistente. La descarbonización ha impulsado la necesidad de profesionales, ya que se fomenta la sustitución de sistemas de calefacción antiguos por bombas de calor y equipos eléctricos que también funcionan como aire acondicionado. Sin embargo, hay una falta de relevo generacional; muchos jóvenes formados en el ámbito no se incorporan al oficio. Las empresas reclaman…