La polémica arbitral ha escalado a nuevos niveles en el fútbol argentino tras la anulación de un gol a Vélez Sarsfield, una decisión que, a diferencia de otras recientes controversias, desencadenó la suspensión inmediata de los implicados. Este incidente, que privó a Vélez de liderar su zona y la tabla anual, puso de manifiesto una vez más las inconsistencias en el uso del videoarbitraje (VAR) y la disparidad en las consecuencias para los jueces.
El reciente fin de semana, el encuentro entre Vélez y Riestra fue el escenario del último episodio. El árbitro Nazareno Arasa, tras ser llamado por el VAR, a cargo de Diego Ceballos, decidió anular un gol legítimo de Vélez. La revisión en pantalla mostró un «roce ínfimo» que, según la crítica generalizada, no justificaba la infracción. La dificultad de Arasa para explicar su cobro por el altavoz solo añadió al desconcierto general. La repercusión fue tal que, apenas cinco horas después del partido, Arasa y Ceballos fueron suspendidos, generando interrogantes sobre la repentina celeridad en la toma de decisiones.
Este suceso no es un hecho aislado, sino la culminación de una serie de fallos cuestionables. Semanas atrás, en la Copa Argentina, Estudiantes sufrió la anulación de un gol «legítimo» frente a Barracas Central. En esa ocasión, el técnico Alexander Medina expresó su frustración por lo que consideró una «manipulación arbitral», con Fernando Echenique en el VAR y Nicolás Ramírez en el campo. Pese a las claras evidencias, y la aparente violación del protocolo de solo intervenir ante «errores claros, obvios y manifiestos», Echenique y Ramírez no recibieron sanción, mientras que a Fernando Espinoza se le castigó por un comentario informal.
Otro episodio de gran repercusión ocurrió en el partido entre Boca Juniors y Lanús, donde una «plancha de expulsión clara, obvia y manifiesta» de Leo Flores sobre Marcich no fue castigada con tarjeta roja. Ni el árbitro Pablo Dóvalo, ni el línea Cristian Navarro, ni Germán Delfino desde el VAR tomaron medidas. En aquel momento, la falta de acción disciplinaria hacia los implicados contrastó con la rapidez con la que se actuó en el caso de Vélez.
La repetida inobservancia del principio de «mínima interferencia, máximo beneficio» que sustentó la introducción del VAR genera un ambiente de incertidumbre. La búsqueda de faltas mínimas, que algunos describen como «buscar hormigas», parece haberse desviado del objetivo inicial de corregir errores groseros. La diferencia en la respuesta de las autoridades ante estas situaciones dispares invita a la reflexión sobre los criterios aplicados para las sanciones.
La suspensión expedita de Arasa y Ceballos tras el encuentro de Vélez y Riestra ha sido percibida por «el Melli Guillermo» y el ámbito futbolístico como un posible indicio de un cambio de dirección. Sin embargo, persisten las dudas sobre si esta medida representa el inicio de una nueva etapa de mayor rigor y transparencia en el arbitraje, o si se trata de una respuesta puntual ante la creciente indignación pública, buscando calmar las aguas de una crisis que amenaza con profundizarse.
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