La tensión era palpable en el Pedro Bidegain. San Lorenzo atraviesa un momento delicado, donde la inestabilidad institucional de larga data ha calado hondo en el rendimiento deportivo del equipo. En el primer partido tras la salida de Pipo Gorosito y a la espera del arribo de Ruben Darío Insua, las tribunas del Gasómetro se manifestaron con fuerza.
Los hinchas del Ciclón hicieron sentir su descontento con cánticos directos hacia los futbolistas. El reproche más contundente resonó minutos antes de que los equipos se dirigieran a los vestuarios al finalizar la primera mitad. “Basta de fracasados, jugadores mediocres…”, tronó la tribuna, en un claro mensaje a los presentes en el campo de juego. El clamor continuó: “Queremos Camboyanos, queremos Matadores, queremos jugadores que sientan los colores”.
La reprobación no terminó allí. Cuando los futbolistas regresaron al campo para afrontar la segunda etapa, fueron recibidos con silbidos de desaprobación, señal inequívoca del malestar generalizado. Otro de los cánticos que se escucharon y que dejó en claro el sentir de la gente de Boedo fue: “La camiseta del Cuervo, se tiene que transpirar…”
Este ambiente de hartazgo se fundamenta en la realidad deportiva del club. San Lorenzo se encuentra lejos de los puestos de clasificación a competencias continentales y con escasas chances de pelear por títulos. Esta situación provocó que el Pedro Bidegain se transformara, una vez más, en un cabildo abierto a la espera de que la llegada de Insua, con el recuerdo de su última y exitosa campaña, pueda encender una chispa de esperanza.
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
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