De Neuquén a los Alpes Suizos: Facu, el carpintero que cambió el colectivo por el helicóptero

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De Neuquén a los Alpes Suizos: Facu, el carpintero que cambió el colectivo por el helicóptero

Hace nueve años, a sus 22, Facundo Bassi dejó su natal Bahía Blanca buscando independencia y un futuro propio. Su primer destino fue Neuquén capital, donde trabajó como ayudante de supervisión en la Cooperativa Obrera. Allí, cerca del estadio Ruca Che, disfrutó de la Patagonia, forjó amistades y exploró la ciudad. Sin embargo, su mirada ya apuntaba más lejos.

Atraído por la cultura escandinava, Facundo obtuvo la popular visa Work & Holiday. Su viaje comenzó en Suecia, donde planeaba trabajar tres meses. La partida fue un desafío, especialmente para su madre, una orgullosa fanática de la Cooperativa. En Estocolmo, el inicio no fue fácil: se perdió varias veces antes de llegar a un pueblo donde trabajaría como voluntario en la forestación, a cambio de alojamiento y comida. La primera noche, una cena de lasaña fue interrumpida por un coro gutural de sus anfitriones suecos, un ritual que, aunque lo sobresaltó inicialmente, con el tiempo lo entendió como una curiosa costumbre local.

Cerca del final de su estadía en Suecia, Facundo decidió extender su aventura europea. Su siguiente paso fue contactar a familiares lejanos en Italia, a través de Facebook, buscando ayuda para obtener el pasaporte italiano. Pese a no tener documentos de su abuelo, sus parientes en Fermo lo recibieron con brazos abiertos y, con el apoyo de un primo y sus contactos municipales, Facundo obtuvo su pasaporte en solo un mes. En Italia, trabajó como voluntario en una plantación de olivos y luego, sorprendentemente, como ayudante de cocina con un sueldo de 1.300 euros en un restaurante de la turística isla de Elba. Recordó con alegría la satisfacción de preparar las guarniciones y los chapuzones en las piscinas al final de su jornada.

El periplo de Facundo lo llevó por varios países: cuidó un perro en Holanda, entrenó caballos para un circo y, finalmente, llegó a Alemania. En Baviera, trabajó junto a un maestro en la reparación de órganos de iglesias, visitando más de treinta templos. Este maestro, un hispanohablante apasionado por el tango, lo introdujo a su círculo social y al ritual diario del sauna. Fue allí donde conoció a un empresario carpintero que le ofreció un puesto, marcando su entrada en el oficio. Poco después, una pareja de arquitectos, también asiduos al sauna, lo invitó a colaborar en la construcción de su casa. Facundo aceptó ambos trabajos, dedicándose intensamente de lunes a lunes, mientras estudiaba y se capacitaba, adquiriendo valiosas herramientas y experiencia.

Con tres años de formación en carpintería en Alemania, Facundo adoptó la filosofía del inmigrante: un «cazador de oportunidades que debe esforzarse, mostrarse predispuesto y aprender». Tras una breve visita a Argentina, inició su etapa en Suiza, donde reside desde hace cinco años. Allí, forma parte de un equipo especializado en construcción en seco, creando chalets, hoteles y puentes, y actualmente cabañas en los Alpes suizos. Lo más notable es su forma de ir a trabajar: cada lunes por la mañana, un helicóptero los lleva a la obra y los recoge los viernes por la tarde para volver a Brig, donde vive con su novia. Esta modalidad es común en la región, pues los vehículos terrestres no acceden a muchos sitios, siendo la manera más eficiente de trasladar materiales y personal. A pesar de lo extraordinario, Facundo se ha acostumbrado a ver hasta veinte helicópteros en un día.

Facundo continúa su formación con cursos universitarios virtuales y admira la arquitectura local de los Alpes, que combina piedra y madera, conservando lo antiguo con toques modernos. Valora la alta estima de la carpintería en Suiza y la planificación impecable que asegura la armonía entre los distintos oficios en cada proyecto.

Con este vasto conocimiento y experiencia, Facundo planea regresar pronto a Argentina para abrir su propia carpintería en Bahía Blanca. Ya ha adquirido un campo de veinte hectáreas en Médanos, donde cultivará árboles para su negocio y conservará los almendros. Sus últimos meses en Europa, junto a su novia, también abogada, se centran en el ahorro y el trabajo extra. El regreso le permitirá reencontrarse con sus amigos de Neuquén, con quienes comenzó a forjar su futuro hace casi una década.