El decano de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo), Esteban Jockers, expuso un análisis sobre el potencial productivo de Neuquén y los desafíos que enfrenta. En su diálogo con Rivadavia Neuquén, Jockers enfatizó la necesidad de canalizar la renta petrolera de Vaca Muerta hacia el desarrollo agrario, al tiempo que descartó categóricamente el uso de agua de fracking para riego y alertó sobre el avance inmobiliario en tierras fértiles.
Jockers, ingeniero agrónomo, desglosó las ventajas competitivas de los valles irrigados y los retos ambientales derivados de la expansión de la industria hidrocarburífera.
El especialista contrastó la duración de la actividad petrolera, con un ciclo estimado de 30 a 50 años, con la trayectoria centenaria de la agricultura neuquina. “Los proyectos agrarios generalmente tienen mayor duración y mayor sustentabilidad”, afirmó, subrayando que esta diferencia se sostiene en dos elementos fundamentales: la calidad del agua y la fertilidad del suelo.
Las cuencas de Neuquén, explicó Jockers, disponen de un recurso hídrico con un bajo contenido de sales, un factor crucial que previene la salinización que afecta a otros valles irrigados a nivel global. “Tenemos agua en abundancia y de una calidad extraordinaria para el riego”, aseguró. A este recurso se añade la transformación del suelo tras un siglo de labor agrícola. “Nuestros suelos hoy en el valle son de clase uno, o sea que tienen tres o cuatro por ciento de materia orgánica que es una fertilidad extraordinaria”, detalló.
Sin embargo, Jockers advirtió sobre la necesidad de una evaluación económica detallada para la modernización tecnológica del riego, como los sistemas mecanizados. A diferencia del riego tradicional por gravedad, que aprovecha las pendientes naturales de los valles, el bombeo de agua para estos sistemas conlleva altos costos energéticos, impactando la rentabilidad agrícola.
Sobre la posibilidad de reutilizar el agua de la fractura hidráulica, el ingeniero agrónomo fue terminante. Descartó la idea por razones técnicas y ambientales, explicando que “el agua que se utiliza después del proceso de fracking no se puede utilizar para riego”. Aclaró que los fluidos residuales de la industria petrolera actualmente no reciben tratamiento en superficie y se reinyectan en depósitos subterráneos. No obstante, Jockers consideró viable la utilización de la infraestructura existente para transportar agua limpia desde los ríos hacia las zonas de extracción, siempre mediante sistemas paralelos que aseguren la no afectación de los recursos hídricos destinados a la agricultura.
La proximidad entre las áreas de perforación y los valles irrigados motivó a la Facultad a establecer, hace dos años y medio, un equipo de investigación especializado. Este equipo, a través de una cátedra libre, registra los riesgos y analiza la legislación necesaria para regular la convivencia entre ambas actividades. El objetivo es claro: un ordenamiento territorial que impida que una actividad perjudique o desplace a la otra.
Otro conflicto territorial señalado por Jockers es el loteo de chacras. El decano advirtió sobre el impacto negativo de la construcción de viviendas en las limitadas tierras de “clase uno”. Su recomendación técnica apunta a crear incentivos para que la expansión inmobiliaria se dirija hacia las zonas de meseta, a poca distancia, protegiendo así el área metropolitana para la producción de alimentos de cercanía y la conservación de espacios verdes.
El horizonte productivo de Neuquén no se restringe a la zona de la Confluencia. Jockers mencionó la existencia de entre 19 y 20 valles menores en el interior provincial, como Catan Lil, Curi Leuvu, Covunco y Agrio, conectados a arroyos, que ofrecen entre 500 y 1.000 hectáreas cada uno. En estas regiones, se buscan proyectos de sistematización de tierras para pastoreo, lo que facilitaría la recría de terneros y la semi-intensificación de la ganadería regional.
Finalmente, al abordar las intervenciones en zonas de bardas, el decano evocó las recurrentes advertencias del profesor consulto Jorge Horne. Destacó la necesidad de que cualquier proyecto o loteo en estas formaciones geológicas áridas cumpla con estudios de impacto ambiental rigurosos, para evitar desmoronamientos causados por la alteración de la estructura natural del suelo con riego o edificaciones.