Septiembre marca el Mes de Concientización y Prevención del Suicidio, con el Día Mundial de la Prevención el 10 de este mes. Esta fecha clave busca abrir conversaciones esenciales sobre salud mental y derribar los estigmas que a menudo impiden buscar ayuda. Expertos subrayan la importancia de identificar señales de alerta, escuchar sin prejuicios y brindar apoyo a quienes atraviesan un profundo sufrimiento emocional.
Para la prevención del suicidio, abordar el tema sin rodeos es un paso fundamental. En este contexto, la licenciada Sabrina Contreras, presidenta del Colegio de Psicólogos de Neuquén, dialogó con Rivadavia Neuquén. Explicó por qué es crucial evitar la censura de palabras clave en plataformas digitales y, en cambio, promover un diálogo social amplio. “Estamos impulsando, desde distintos frentes, la capacidad de hablar del tema con la seriedad que amerita, dada la magnitud del problema y el aumento en el número de suicidios”, afirmó Contreras.
Desde 2015, la Ley Nacional 27.130 establece una atención integral, abarcando no solo a la persona en riesgo, sino también a su entorno cercano. Contreras enfatizó el vasto impacto de un suicidio: “El daño que genera es inmenso, no solo por la pérdida de una vida, sino también para quienes estaban vinculados a esa persona: la familia, los amigos, la comunidad. Por eso, es esencial hablar de esto y empezar a desmitificar algunas concepciones erróneas”.
Un punto central de la entrevista fue la necesidad de desmentir la creencia de que todo acto suicida se vincula directamente con un trastorno mental severo. La profesional aclaró que “no es una condición que una persona que llega al suicidio tenga un diagnóstico psicopatológico”. Señaló que, con frecuencia, confluyen factores históricos, sociales, familiares o económicos.
“Detrás de un suicidio hay un proceso previo en el que la persona, con dificultad, pudo buscar o encontrar ayuda. Ahí radica la vital importancia de las redes de apoyo que conformemos, de acompañar y escuchar”, detalló la psicóloga. Agregó: “Existe un sufrimiento por este modo de existir que no se trata, necesariamente, de querer morir, sino de no hallar salida a crisis que, en ocasiones, son de larga data”.
Para identificar posibles alertas, Contreras sugirió observar cambios súbitos de conducta, verbalizaciones explícitas sobre la muerte, gestos de despedida o el desprendimiento de objetos valiosos. Estas señales, advirtió, demandan la construcción de redes de apoyo y el desarrollo de herramientas para que el individuo pueda manejar la complejidad de la vida.
El abordaje de este tema también considera a los “sobrevivientes”: familiares y amigos que atraviesan un duelo, un proceso conocido en salud mental como posvención. Durante su diálogo con Rivadavia Neuquén, Contreras compartió la experiencia personal de haber perdido a su padre por esta causa hace 21 años, ilustrando la desolación y los interrogantes que invaden al entorno.
“Hay una invasión de la culpa muy grande, una búsqueda de responsabilidades, de qué pasó, qué no hicimos, cómo no lo vi, cómo no me di cuenta. Y la realidad es que muchas veces, en ese momento, no se tienen las herramientas para percibir o responder a tiempo”, reflexionó. Ante este escenario de desconcierto, la especialista enfatizó que el trabajo posterior es crucial para evitar mayores daños en el tejido social. “Poder acompañar a tiempo a los que quedan, a los seres queridos, es fundamental, porque el impacto es realmente muy, muy grande. Nadie espera, nadie se imagina, que alguien a quien se quiere pueda suicidarse”, concluyó.