Meteorólogos en el sur de California han emitido una alerta por un fenómeno oceánico que, aunque poco común, puede generar efectos significativos: las Ondas Kelvin. Impulsadas por el actual fortalecimiento de El Niño en el Pacífico ecuatorial, estas grandes masas de agua subsuperficial se desplazan hacia el norte, siguiendo la costa mexicana, y representan una amenaza de elevar el nivel del mar en la franja costera estadounidense.
La génesis de este evento se encuentra en el debilitamiento y la periódica inversión de los vientos alisios en el ecuador, una característica distintiva de El Niño que provoca ráfagas del oeste. Estas variaciones en el viento empujan grandes volúmenes de agua cálida hacia el este, desencadenando ondas planetarias. A diferencia de las olas que rompen en la playa, estas se comportan como fluctuaciones lentas que alteran la profundidad del océano a lo largo de cientos de kilómetros.
Aunque las Ondas Kelvin solo representan una elevación de la superficie marina de entre 15 y 45 centímetros, su principal preocupación radica en su persistencia. Climatólogos de la Universidad de California y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) explican que estas acumulaciones de agua se mantienen atrapadas en la franja costera durante días o incluso semanas. Si arriban de forma consecutiva, el nivel del agua se mantiene elevado, impidiendo que el océano regrese a su línea base habitual.
Esta elevación prolongada del nivel del mar actúa como una plataforma más alta, sobre la cual el oleaje diario y las tormentas de temporada impactan con mayor fuerza. Comunidades como Malibú, Long Beach, Dana Point, Laguna Beach y San Clemente ya han experimentado episodios severos de erosión e inundaciones en meses recientes, afectados por tormentas y la influencia del huracán Marie. En este contexto, unos pocos centímetros adicionales en el nivel base del mar incrementan exponencialmente el riesgo de daños a viviendas e infraestructura pública.
El escenario de mayor riesgo que los científicos contemplan es la «triple amenaza»: que la llegada de estas ondas coincida simultáneamente con una fuerte marejada ciclónica y la marea alta máxima de la temporada. La convergencia de estos tres factores meteorológicos y oceanográficos podría generar una marejada combinada capaz de provocar inundaciones costeras sin precedentes en la región.
La NOAA proyecta que las condiciones de El Niño alcanzarán su punto álgido entre noviembre y febrero, lo que incrementa significativamente la probabilidad de un invierno inusualmente húmedo y convulso en California. Ante este panorama, los investigadores subrayan que el calentamiento ya registrado en las aguas del Pacífico es solo un adelanto del impacto prolongado que sufrirá la costa oeste, donde los niveles del mar tardarán varios meses en estabilizarse.