Hospital Británico: La íntima poesía de Viel Temperley cobra vida en la pantalla

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Hospital Británico: La íntima poesía de Viel Temperley cobra vida en la pantalla

“Me han sacado del mundo”. Así, con la conciencia de un final cercano, Héctor Viel Temperley escribió su último libro de poesía, un puñado de versos lacónicos y contundentes titulado Hospital Británico. Esta obra, marcada por la clarividencia física y la introspección profunda, ahora da el salto al cine de la mano del cineasta Gustavo Fontán y la escritora Gloria Peirano.

No es la primera vez que Fontán se sumerge en el universo de la poesía para crear una obra cinematográfica. Previamente, exploró el vitalismo de Juan L. Ortiz en La orilla que se abisma y la figura de Jorge Calvetti en El paisaje invisible. La idea de llevar a Viel Temperley a la pantalla surgió de Peirano, quien sugirió al director leer el poemario. Años después, esta colaboración fructificó en una película que busca capturar la esencia de la obra.

El filme Hospital Británico se construye a partir de fragmentos del libro. A estos se suman las voces de distintos escritores, quienes ofrecen testimonios fuera de campo sobre el impacto de la obra del poeta. Visual y sonoramente, la película está tejida con motivos recurrentes en los versos de Viel Temperley: girasoles, nubes solitarias, caballos blancos, médanos, árboles y mares. La estética visual del film se aparta de la nitidez, optando por difuminar la luz y hacer que lo real se perciba tenue y fugaz. Esta decisión formal busca plasmar el orbe poético de Temperley, que se mantiene en lo inmanente, incluso con la presencia de la figura de Cristo en sus poemas.

Gustavo Fontán explicó el proceso de selección de los poemas: “Para trabajar en la edición de la película habíamos grabado la totalidad del poema. En un primer momento, pensamos que la película contendría el libro entero, pero rápidamente nos dimos cuenta de que no sería posible. Había versos que inevitablemente debían estar. Hay poemas que todo aquel que leyó a Viel recuerda, inscriptos con toda su potencia y sus enigmas en la memoria. No podíamos dejarlos fuera. Tampoco podíamos omitir el comienzo y el final, esa línea que se traza entre ‘Tengo la cabeza vendada. Permanezco en el pecho de la Luz horas y horas. Soy feliz. Me han sacado del mundo’ y ‘El verano en que resucitemos tendrá un molino cerca con un chorro blanquísimo sepultado en la vena’.”

Por su parte, Gloria Peirano compartió detalles sobre la dinámica de trabajo en equipo: “Si bien la estructura de la película fue una idea mía, nunca podría haberla materializado sin el diálogo previo con Gustavo. Compartimos, diría casi milagrosamente, una misma sensibilidad. Uno no sabe qué siente alguien ante un verso determinado de Viel, por ejemplo, qué imágenes o qué sonidos evoca: ‘Necesito oler limón, necesito oler limón. De tanto respirar este aire azul, este cielo encarnizadamente azul, se pueden reventar los vasos de sangre más pequeños de mi nariz’. Con Gustavo experimentamos una reacción similar a lo que provoca cierta poesía, un modo particular de percibir el mundo. No es algo que necesitemos verbalizar, simplemente ocurre. Como dice Tamara Kamenszain en el prólogo a la Obra completa: ‘Para escribir después de Viel habrá que aprender a nadar’. Lo que intentamos con esta película fue una especie de nado sincronizado alrededor de Hospital Británico. Aunque dicho así suene conceptual, implicó muchísimas horas reales de trabajo, debate y ajustes.”

La película también incorpora los testimonios de seis poetas: Julián López, Teresa Arijón, Alicia Genovese, María Masceheroni, Mercedes Araujo y Andi Nachon. Peirano explicó su elección: “Fueron seleccionados porque conocíamos o intuíamos la manera en que Viel Temperley las habitaba. De eso queríamos que hablaran. Sabíamos que podrían contarnos y contarles a los espectadores lo que significa ese deslumbramiento activo, siempre poderoso e interrogante. Queríamos que lo hicieran desde la particularidad de sus experiencias. En la película los llamamos ‘peregrinos’ porque decidimos filmarlos en un camino, que es tanto concreto como espiritual.”

Alicia Genovese describió el último libro de Viel Temperley como una “crónica de la disolución”. Fontán encontró una conexión con esta idea en las palabras del propio poeta. En una entrevista de 1987 con Sergio Bizzio, Viel Temperley había dicho que Hospital Británico era el libro de un “trepanado”, haciendo referencia a la cirugía de tumor cerebral y la idea de “esquirlas”. Esta palabra fue clave para la estructura del film. “Por eso, decidimos realizar con una cámara estenopeica todas las imágenes de la película que acompañan al poema”, detalló Fontán. “Buscamos romper de esta manera el naturalismo de la imagen digital: los contornos se disuelven, la luz, que entra a ramalazos, afecta lo visible, articula una nueva visión porque vuelve extrañas algunas cosas del mundo: los caballos, los árboles, la playa, el mar, el cielo, por ejemplo. Aunque la referencialidad no se pierde, su propia condición evita la transparencia: contornos difusos, luces que esparcen los colores, cierta tensión hacia la abstracción. Esas imágenes, realizadas con una enorme sensibilidad por Lara Seijas, la fotógrafa de la película, son para nosotros pasadizos de la memoria y el ensueño, modos de transitar una agonía, el modo de dar cuenta del impacto del poema sobre nuestra sensibilidad.”

Hospital Británico podrá verse del 24 de septiembre al 1 de octubre, en funciones a las 18 o 21 horas (según el día), en la Sala Lugones del Teatro San Martín, ubicado en Corrientes 1530.