En el vibrante pero futbolísticamente menos reconocido escenario de Filipinas, un nombre argentino resuena con particular fuerza: Ricardo Sendra. Este mediapunta marplatense de 38 años, que inició su recorrido en las divisiones inferiores de Newell’s y transitó por el ascenso local, hoy se destaca como figura en el Stallion Laguna, protagonizando una historia llena de giros inesperados y anécdotas únicas.
La trayectoria de Sendra no fue lineal. Tras quedar libre de la «Lepra», se alejó del fútbol por un tiempo. Sin embargo, el destino tenía otros planes para él. Al retomar la actividad en el viejo Argentino C, su ascenso fue meteórico, escalando tres categorías rápidamente. Esta experiencia le confirmó que «todo pasa por algo», marcando el inicio de una nueva etapa.
Cansado del fútbol argentino, Sendra buscó nuevos horizontes. Tras una oportunidad fallida en Costa Rica, Asia se convirtió en su nuevo hogar a fines de 2016. Primero llegó a Singapur, donde firmó su primer contrato, y luego jugó en Indonesia y España antes de regresar al continente asiático. «Aquí se paga bien y el fútbol, distinto al europeo, ofrece más tiempo para resolver», explica. Adaptarse a una cultura tan diferente fue el mayor desafío, desde el idioma hasta la gastronomía picante, pero el marplatense logró integrarse, llegando a considerarse «medio asiático».
Su vida en Manila, la capital filipina, combina el entrenamiento futbolístico con la gestión de otros proyectos. Además de su carrera en el Stallion Laguna, colabora con la academia del Villarreal en Filipinas, aportando su experiencia. Pero una de sus facetas más curiosas es la de empresario gastronómico. Junto a un amigo costarricense, abrió «Cabrones», un bar de comida argentina que deleitó a los filipinos con choripanes, empanadas y milanesas. Aunque el local original en Manila cerró, la propuesta se trasladó a Siargao, una isla muy turística, donde Sendra viaja ocasionalmente para supervisar el negocio.
La influencia argentina de Sendra trascendió el fútbol y la gastronomía, llegando incluso a modificar la percepción de sus compañeros sobre una infusión emblemática: el mate. El futbolista relata cómo sus colegas asociaban su energía en la cancha a la bebida. «Cuando me veían jugar fuerte, meter y correr, pensaban que el mate me daba una energía extra. ‘Vos jugás así porque tomás mate’, me decían», cuenta Sendra. Él les explicaba que era una costumbre de toda la vida y una alternativa más saludable que el café. Esta convicción fue tan fuerte que algunos compañeros ya le pidieron y compran yerba para tomar mate en sus casas, adoptando una porción de la cultura argentina.
El año 2024 fue especialmente notable para Sendra, quien acaparó titulares por su notable rendimiento goleador. Jugando en una posición más ofensiva, el marplatense consiguió una marca asombrosa de 24 goles en 24 partidos. Su desempeño lo llevó a competir en las listas de máximos goleadores argentinos en el exterior con figuras como Lionel Messi y Lautaro Martínez, un hecho que lo llenó de orgullo y sorpresa.
Sin embargo, no todo en su aventura asiática fue éxitos y goles. Durante la prolongada cuarentena impuesta en Filipinas por la pandemia, que se extendió por casi dos años, Sendra vivió un episodio angustiante. Tras ver que otras personas salían a correr, decidió hacer lo mismo con un amigo argentino. Fueron detenidos por la policía. Lo que pensaron sería una multa se convirtió en una reclusión en un calabozo, sin teléfonos y con un trato intimidatorio. Sendra relata que, al intentar hablar, recibió una patada en la espalda y fue insultado en su idioma, con un arma apuntándole, mientras le recriminaban los 3.000 infectados. Permanecieron así por tres horas, en absoluto silencio, hasta que un oficial superior intervino, llenaron un formulario y fueron liberados. Una experiencia que el futbolista describe como un «abuso de poder» y un «cagazo tremendo».