Pekín ha vuelto a utilizar uno de sus instrumentos diplomáticos más singulares: la ‘diplomacia de los pandas’. El presidente chino, Xi Jinping, anunció recientemente el próximo envío de dos nuevos ejemplares al zoológico de Atlanta, un gesto que reactiva esta tradición de ‘poder blando’ y que, históricamente, ha servido como termómetro de las relaciones bilaterales con Estados Unidos.
Los pandas, llamados Ping Ping y Fu Shuang, un macho y una hembra respectivamente, se unirán a una larga lista de embajadores peludos. Esta tradición se inició con Estados Unidos en 1972, cuando Pekín obsequió a Washington con Ling Ling y Hsing Hsing, tras la histórica visita del entonces presidente Richard Nixon a China. Durante la ceremonia de bienvenida ofrecida por el presidente estadounidense, Donald Trump, en la Casa Blanca, Xi Jinping calificó el acuerdo como «una buena noticia» y describió a los pandas como «enviados de amistad entre chinos y estadounidenses».
Según la agencia estatal Xinhua, la Asociación China para la Conservación de la Vida Silvestre y el zoológico de Atlanta firmaron un acuerdo de cooperación internacional que permitirá a Ping Ping y Fu Shuang residir en Estados Unidos durante una década. La parte estadounidense ha preparado mejoras en sus instalaciones para acoger a los animales, y expertos chinos han ofrecido orientación técnica específica sobre recintos, alimentación, cuidados y estándares sanitarios para asegurar su bienestar.
Este movimiento cobra especial relevancia si consideramos el historial reciente. Atlanta fue, durante años, un centro clave para la cooperación en conservación de pandas, pero en 2024 devolvió a China sus cuatro ejemplares después de 25 años. Aquella decisión coincidió con un período en el que los programas de préstamo de pandas en Estados Unidos parecían reducirse, reflejando un deterioro en los lazos bilaterales entre ambos países.
Sin embargo, el anuncio actual extiende un ‘deshielo’ que comenzó en 2024, cuando otra pareja de pandas viajó al zoológico de San Diego bajo un nuevo acuerdo de cooperación de diez años. En aquella ocasión, Pekín recordó que el propio Xi había expresado meses antes el deseo de los californianos de recibir nuevos ejemplares, presentándolos también como «enviados de amistad» entre los pueblos.
La ‘diplomacia de los pandas’, retomada por la República Popular China a finales de la década de 1950, ha evolucionado con el tiempo. A partir de los años ochenta, dejó de basarse en regalos directos para adoptar fórmulas de préstamo y cooperación científica a largo plazo. En virtud de estos acuerdos modernos, China mantiene la propiedad de los animales. Las crías nacidas en el extranjero deben regresar al país asiático cuando alcanzan la madurez sexual, y los adultos vuelven una vez que entran en la vejez.
Según Xinhua, la colaboración con Estados Unidos ha sido fructífera, permitiendo la cría de 17 oseznos en zoológicos estadounidenses. Además, ha impulsado investigaciones cruciales sobre el comportamiento, nutrición, genética, reproducción y enfermedades de estos animales, a los que China considera un «tesoro nacional». Este retorno de los pandas a Atlanta no solo renueva lazos científicos, sino que también refuerza la dimensión simbólica de una relación compleja.