Neuquén experimenta un fenómeno demográfico que evoca su propia historia. Al igual que el crecimiento entre los años 60 y 80, impulsado por los grandes emprendimientos hidroeléctricos que llevaron a la provincia de 100.000 a casi 250.000 habitantes, hoy la explotación de Vaca Muerta es el motor de una expansión similar.
El gobernador Rolando Figueroa, al repasar sus 1.000 días de gestión, brindó un dato revelador en una conferencia de prensa: Neuquén suma 30.000 nuevos habitantes por año. Esta cifra es equiparable a incorporar anualmente un Chos Malal o un Centenario cada dos años. «Si tomamos los cuatro años de gestión, son 120.000 personas, una ciudad entera que tenemos que construir en un gobierno», graficó el mandatario.
Aunque el censo de 2022 registraba poco más de 700.000 neuquinos, posicionando a la provincia como la segunda con mayor incremento poblacional, esa cifra ya tiene poco que ver con la realidad actual. El fenómeno de los no convencionales ha intensificado la reconfiguración social.
Este crecimiento acelerado no solo interpela a la provincia, sino de manera particular a los municipios. Muchos de ellos se encuentran desbordados por la incorporación de vecinos y la escasez de recursos, a pesar de la asistencia del gobierno neuquino en aportes e infraestructura. La antigua ley de coparticipación, sancionada hace más de 30 años, tampoco ilustra con fidelidad la distribución poblacional y económica actual de las localidades.
El caso de Rincón de los Sauces es emblemático, donde se estima que la población ya casi duplica el número censado hace cuatro años. Esta dinámica no se limita al corredor petrolero; en la región de la Confluencia, Plottier, el segundo centro urbano de Neuquén, cuenta con menos del 30% de sus calles asfaltadas.
La administración de este crecimiento es un desafío fundamental para los municipios, receptores directos de un proceso que, por el momento, luce más acelerado que ordenado. Figueroa ha expresado su conformidad con la relación actual con los gobiernos locales. Sin embargo, la búsqueda de una solución adecuada para este «embudo» demográfico y de infraestructura sigue pendiente, mientras la gente no deja de llegar.