Un viejo método, dos sorpresas: La ciencia revisa el ámbar gris del Western Australian Museum

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Un viejo método, dos sorpresas: La ciencia revisa el ámbar gris del Western Australian Museum

Nueve piezas, catalogadas durante años como ámbar gris en el Western Australian Museum tras superar la tradicional prueba de la aguja caliente, ahora ven su identidad cuestionada por nuevos análisis. Un estudio reciente pone en tela de juicio la autenticidad de al menos dos de estos preciados especímenes.

La investigación examinó once muestras utilizando una combinación de perfiles químicos y técnicas de ADN, buscando rastros de las especies que podrían haber originado el material. Los resultados no solo fueron reveladores, sino que también desvelaron inconsistencias con las clasificaciones previas del museo.

El análisis químico, en particular, rastreó la presencia de ambreína, un biomarcador clave para identificar el ámbar gris, hallándola en nueve de las once muestras. Sin embargo, este grupo de nueve no coincidió con exactitud con los nueve ejemplares que el museo tenía ya catalogados como ámbar gris.

El ámbar gris, una sustancia de alto valor en la industria del perfume, se origina en el aparato digestivo de los cachalotes. Se forma a partir de materiales indigeribles, como picos de calamar, que el animal expulsa. Fragmentos de este material llegan al mar y, con el tiempo y la exposición, sufren transformaciones. Su aspecto puede variar drásticamente, desde tonos oscuros hasta una apariencia clara, dura y cerosa, lo que dificulta su identificación únicamente por su aspecto.

La prueba de la aguja caliente, un método tradicional y de larga data, consistía en tocar el material con una aguja incandescente para observar su reacción. Si bien los nueve ejemplares del museo la habían superado satisfactoriamente, el estudio actual demuestra que este procedimiento, por sí solo, no basta para confirmar su verdadera naturaleza.

Dos muestras, específicamente identificadas como WAM63191 y WAM65250, no contenían ambreína durante los análisis químicos. El caso de la WAM63191 es particularmente intrigante: aunque registró la mayor concentración de ADN del estudio, no se detectó ADN de cachalote a través de ninguno de los marcadores utilizados.

En su lugar, un marcador vegetal arrojó 330 lecturas que correspondían a Tetragonia, un género de plantas comúnmente asociado a entornos costeros y dunas. Los investigadores sugieren que esto podría indicar una posible contaminación o incluso un origen vegetal de la muestra, aunque no se llegó a una conclusión definitiva.

Por su parte, la muestra WAM65250, además de carecer de ambreína, contenía altas concentraciones de ácido palmítico y ácido decanodioico, compuestos inusuales en el ámbar gris auténtico. Los autores del estudio especulan que el aceite de palma podría ser la fuente del ácido palmítico, aunque el misterio sobre el origen real de este ejemplar permanece sin resolver.

La inclusión del análisis de ADN añadió una dimensión crucial a la investigación. Se detectó ADN de cachalote en siete de las once muestras analizadas, complementando los hallazgos químicos que identificaron ambreína en nueve. Donde ambos métodos coincidieron, las dos técnicas ofrecieron evidencias complementarias y contundentes.

Publicado en Royal Society Open Science en septiembre de 2026, este trabajo subraya la importancia de combinar métodos químicos y genéticos para verificar la identidad de ejemplares cuya apariencia o estado de conservación generen incertidumbre. Los investigadores recomiendan encarecidamente la aplicación de ambos procedimientos en casos donde la autenticidad esté en duda.

A pesar de sus aportaciones, el estudio también señala sus propias limitaciones: se basó en un número reducido de muestras de museo y no dispuso de falsificaciones comerciales conocidas para calibrar directamente la efectividad de los métodos. Por ello, no es posible establecer una tasa de precisión definitiva para la antigua prueba de la aguja caliente. Sin embargo, los resultados son claros: algunas piezas clasificadas durante años en los museos pueden requerir análisis más profundos para confirmar, sin margen de error, su verdadera identidad.