La pasión por la música en vivo y los festivales es un hábito que Jessica Pate Thibault y su pareja no quisieron abandonar tras la llegada de su hija. Lejos de limitar sus planes a actividades estrictamente infantiles, la pareja decidió integrar a la pequeña en su vida cultural, incluso si esto implicaba asistir a espectáculos que terminan bien entrada la noche.
Esta elección familiar, reconoce Thibault, difiere de la de muchos otros padres. Mientras algunos prefieren mantener las rutinas de sueño o contratar niñeras, ella ha llegado a una firme conclusión: “No me arrepiento de llevar a nuestra hija”. De hecho, la niña ya acumula una notable experiencia, habiendo asistido a más de una docena de grandes conciertos antes de cumplir los tres años.
Su incursión en el mundo de los eventos comenzó temprano. Con apenas un año, ya exploraba recorridos de arte y fiestas con DJ organizadas en museos locales. Una constante en cada concierto es el uso de protección auditiva, que incluso le sirvió de lienzo para sus primeros autógrafos, como el de Tyler Rich.
La lista de artistas que ha visto es variada y extensa. Antes de los tres años, la pequeña ya había disfrutado de presentaciones de Tyler Rich, Uncle Kracker, Keith Urban, Dasha y Jordan Davis, Jelly Roll y Gwen Stefani. En algunas ocasiones, como los conciertos de Keith Urban o el doblete de Dasha y Jordan Davis, permaneció despierta mucho después de las 11 de la noche.
Sus reacciones varían según el espectáculo: a veces baila con entusiasmo, otras intenta entablar amistad con el público o algún perro cercano, y en ocasiones se duerme plácidamente. También hay momentos en que pide comida, necesita ir al baño o simplemente se inquieta, lo que lleva a sus padres a pasear con ella para cambiar de aire.
Este año, la lista de experiencias musicales se ha ampliado con Jo Dee Messina, Alana Springsteen, Fitz and the Tantrums, Teddy Swims y Miranda Lambert. El próximo concierto en su agenda familiar es el de Brad Paisley.
Cabe aclarar que no todos los eventos son aptos para la niña. Thibault fue sola a ver a Kesha y Pitbull con amigas, y la pareja optó por una niñera para asistir a Brooks & Dunn. Sin embargo, para gran parte de los grandes conciertos nocturnos, la elección es ir en familia.
Además de la experiencia compartida, la decisión tiene un componente práctico. El costo de una niñera puede oscilar entre 15 y 20 dólares por hora o más, lo que puede sumar fácilmente cien dólares solo en cuidado infantil por una salida. A esto se suman la incertidumbre sobre la duración del concierto, el tránsito y la necesidad de estar pendiente del teléfono.
Para Thibault, sin embargo, la pregunta fundamental es más sencilla: “¿Nuestra hija disfruta la música y la gente?”. Si la respuesta es afirmativa, la llevan consigo. Los horarios de sueño, admite, se alteran. Consultó a una especialista pediátrica en sueño, quien consideró la dinámica familiar como aceptable.
Tras vivir las restricciones de la pandemia durante su compromiso y los primeros años de matrimonio, Jessica Pate Thibault valora la oportunidad de volver a disfrutar de eventos multitudinarios y compartir esa vivencia con su hija. Su conclusión es clara: “Para nosotros, vale la pena”.