Pulso Final en Brasil: Lula Revierte Pronóstico y Supera a Bolsonaro antes del Balotaje

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Pulso Final en Brasil: Lula Revierte Pronóstico y Supera a Bolsonaro antes del Balotaje

La carrera por la Presidencia de Brasil entra en su fase decisiva con un panorama electoral que, a pocos días de la segunda vuelta, muestra un giro a favor de Luiz Inácio Lula da Silva, quien ahora aventaja a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro.

Luego de la primera vuelta, los sondeos electorales otorgaban una ventaja al senador Bolsonaro. Sin embargo, en la última semana, esta distancia se ha reducido drásticamente hasta el punto de un empate técnico, con un 51% para Bolsonaro y un 49% para Lula, según la más reciente encuesta de Datafolha.

Más revelador aún es el pronóstico de Vox Brasil, una encuestadora de menor tamaño que, a diferencia de otras, acertó la victoria de Bolsonaro en la primera ronda. Por primera vez desde entonces, Vox Brasil proyecta una victoria para el líder progresista, asignándole el 51% de los votos válidos frente al 49% de su rival. Además, el 46,9% de los encuestados por Vox Brasil cree que Lula ganará, en contraste con el 41,6% que espera el triunfo del senador. En un escenario simulado que incluye a todos los encuestados, Lula obtiene un 46,4% de los votos, superando el 44,6% de Bolsonaro.

Este cambio en las tendencias se atribuye en gran parte a la intensa agenda política de Lula durante los últimos ocho días, marcada por medidas sociales y una fuerte presencia tanto en las calles como en las redes sociales.

Entre las acciones más destacadas del presidente se encuentra la promulgación de una enmienda constitucional que reduce la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales, manteniendo el salario y garantizando dos días de descanso remunerado. Esta medida, un objetivo clave para Lula antes de las elecciones, busca beneficiar a millones de trabajadores formales y podría traducirse en apoyo electoral.

A esto se suman anuncios recientes para financiar y condonar deudas de microemprendedores, así como la promesa de impulsar el transporte público gratuito los fines de semana. Estas iniciativas complementan otras propuestas de campaña, como el aumento de subsidios para los sectores más vulnerables, subvenciones a combustibles, créditos para taxistas y ayuda económica a universitarios para prevenir la deserción.

La presión de la agenda de Lula ha llevado a Flávio Bolsonaro a ajustar su discurso. Tras cuestionar inicialmente la reducción de la jornada laboral, terminó apoyando la iniciativa, argumentando en una entrevista con Jornal Nacional que “el pueblo lo estaba pidiendo”. No obstante, el senador ha mantenido sus críticas a los beneficios ofrecidos por el líder progresista, calificándolos de inviables y acusando a Lula de “mentiroso”.

Por su parte, Bolsonaro ha redoblado su foco en la seguridad pública, uno de los pilares de su campaña. Lula busca contrarrestar esta estrategia proponiendo la creación de un ministerio de Seguridad Pública mediante una enmienda constitucional, con el objetivo de que el Congreso la apruebe antes de la segunda vuelta.

Sin embargo, el hijo del expresidente ha puesto una condición: incluir en esa reforma la reducción de la edad mínima de responsabilidad penal de 18 a 14 años para delitos graves. El Partido de los Trabajadores (PT) de Lula, inicialmente opuesto a cualquier reducción, cedió a regañadientes proponiendo una disminución de 18 a 16 años, lo que ha estancado la iniciativa en el Congreso a la espera de un acuerdo.

Datos de la Universidad Federal de Minas Gerais, citados por O Globo, indican que de los 12.500 jóvenes y adolescentes privados de libertad en Brasil, el 10% encajaría en la propuesta de Lula y un 57% en la de Bolsonaro, evidenciando el alcance de cada postura.

La campaña entra en su recta final con un primer debate programado para este domingo y otro para el próximo viernes. Ambos candidatos intensifican sus ataques, denuncias y escándalos en actos públicos, propaganda electoral y redes sociales, buscando captar el voto de los electores indecisos. La abstención en la primera vuelta, celebrada el 5 de octubre, fue del 21%, el nivel más alto desde 1998, lo que subraya la importancia de movilizar a cada votante.