En Vancouver, Washington, la organización Latinos Unidos y Floreciendo gestiona una parcela de 10 acres dentro de la histórica 78th Street Heritage Farm, un predio administrado por el condado de Clark. Desde allí, cultivan y distribuyen alimentos, pensando especialmente en las necesidades de las comunidades latinas de la zona.
Esta iniciativa ha cobrado una relevancia aún mayor, ya que muchas familias inmigrantes han reducido drásticamente sus salidas por temor a los operativos migratorios. Según reportes de OPB, acciones cotidianas como buscar comida saludable se han vuelto un desafío para quienes prefieren permanecer en sus hogares.
La organización entrega verduras de forma gratuita en áreas de Woodland y Kelso, identificadas como desiertos alimentarios. Su objetivo es asegurar que las familias latinas tengan acceso a productos que conecten con sus hábitos de cocina y con su cultura, fortaleciendo así sus lazos comunitarios.
Los eventos de distribución comenzaron en 2024, pero la creciente atmósfera de temor obligó a un cambio de estrategia. En lugar de publicitar los mercados abiertamente, el grupo optó por apoyarse en redes de confianza y en el boca a boca. Esta decisión busca minimizar la exposición y proteger a las familias que reciben la ayuda.
Michelle Vazquez, directora ejecutiva de la organización, compartió con OPB cómo en ocasiones son los niños quienes se acercan a retirar los alimentos, mientras sus padres aguardan en el auto o en casa. Una de las escenas más difíciles que relató fue la de una niña de cinco años que llegó con bolsas vacías; el equipo la acompañó de vuelta, ya que su madre temía salir y las bolsas eran demasiado pesadas para la pequeña.
La granja cultiva productos como jalapeños y otras variedades esenciales para la cocina latina. Además, organiza encuentros donde se ofrece café, pan dulce y champurrado, transformando la distribución en un punto de reunión más allá de una simple entrega de alimentos.
Rachel Feston, encargada de la granja, coordina a los voluntarios y se esfuerza por mantener un ambiente relajado en los encuentros. Cuenta que intenta bromear con las familias y que muchos le ponen a prueba su español, una forma de aliviar la tensión en un contexto que resulta desafiante para muchos.
El clima de miedo no solo afectó a las familias beneficiarias, sino también al voluntariado. Feston señaló que muchos voluntarios latinos que antes participaban activamente en la granja dejaron de asistir en los últimos meses, y al menos uno de ellos fue detenido por ICE en las cercanías, según el informe de OPB.
La organización también ha sorteado dificultades financieras. Sus fondos federales del USDA fueron congelados en 2025, como parte de recortes vinculados al Departamento de Eficiencia Gubernamental, aunque luego fueron restituidos, con vencimiento previsto para el mes de mayo.
Este caso pone de manifiesto cómo una granja comunitaria puede convertirse en una verdadera infraestructura social. No se limita a proporcionar alimentos: identifica a quienes no pueden salir, a quienes necesitan asistencia urgente y a quienes han quedado a cargo de niños tras una detención.
En tiempos normales, un mercado de verduras es un servicio barrial. Sin embargo, en el actual contexto para muchas familias latinas en el sur de Washington, esta granja de 10 acres se ha transformado en algo más profundo: una red de cuidado, confianza y comida fresca en un momento en que salir de casa dejó de sentirse seguro.