Santiago Caputo: la trama Bolsonaro expone el delicado equilibrio entre el sigilo y la visibilidad

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Santiago Caputo: la trama Bolsonaro expone el delicado equilibrio entre el sigilo y la visibilidad

La reciente operación para trasladar a Flavio Bolsonaro desde Brasil hacia Estados Unidos puso de manifiesto una compleja red de intereses y, a la vez, el estilo particular de intervención de Santiago Caputo, quien ha generado un debate sobre los límites de la discreción en el ámbito político.

Lo que inicialmente se concibió como un trámite reservado, donde Argentina debía cumplir un papel secundario al no entorpecer el paso de Bolsonaro vía Puerto Iguazú, en Misiones, se transformó en un espectáculo inesperado. Fuentes gubernamentales y de inteligencia confirmaron que no existía orden de captura internacional contra Flavio Bolsonaro, quien podía ingresar al país con pasaporte italiano. Sin embargo, su llegada al aeropuerto fue televisada en vivo, con detalles sobre los vehículos de su familia, la custodia de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) y el momento exacto de su despegue, desdibujando cualquier pretensión de sigilo.

En este contexto, Santiago Caputo atrajo la atención con una llegada visible a la ciudad de frontera el lunes. Su presencia fue notoria, sin aviso a las autoridades misioneras y sin buscar ocultarse, lo que derivó en registros fotográficos y testigos. En la gobernación, se comentó: “No se puede quejar, se regaló”. Horas más tarde, durante la madrugada del miércoles, fue interceptado en dos controles de la Ruta 12. Visiblemente molesto, solicitó que no lo demoren, un incidente que quedó plasmado en el acta policial. Pese a las versiones circulantes, el personal interviniente fue ratificado en sus puestos.

Caputo no estuvo solo. Lo acompañaron dos empleados de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY), una entidad históricamente ligada a la política y ahora bajo su órbita. Se trata de Jorge Waisman, un ex policía de La Florida de origen tucumano, quien se comenta que colabora con la DEA, e Ignacio Palacios, un posadeño con experiencia en el automovilismo de los 90 y ex residente en Miami, donde tuvo una agencia de alquiler de autos. Ambos, descritos como “locuaces”, suelen llamar la atención en una provincia donde todos se conocen, lo que hizo aún más estridente la presencia del asesor.

Este episodio reavivó preguntas sobre el rol de Caputo: ¿Necesitaba participar del operativo? ¿Era necesario que su participación se hiciera pública? Su comportamiento sugiere una constante ambivalencia entre operar en las sombras y buscar el protagonismo. Un estratega que actúa discretamente debería preservar su anonimato para ser efectivo. No obstante, Caputo muestra una inclinación a exponerse, con mensajes provocadores en redes, difusión de marketing personal, y apariciones como anfitrión en la Fundación Faro o presentándose como nexo con Washington.

Aunque se consideró la posibilidad de que asumiera como jefe de Gabinete, esta opción no prosperó por oposición de la hermana del Presidente. Acerca de su rol en el operativo de Bolsonaro, hay quienes opinan que “le divierte hacerse el espía”, mientras que otra hipótesis sugiere que busca demostrar su indispensabilidad ante Javier Milei, una suerte de puesta en escena que justificaría su influencia.

Sus vínculos con Estados Unidos, mientras tanto, se redefinen. Si bien en el pasado recurrió a canales informales, como el lobista Barry Bennett o el empresario Leonardo Scatturice, esas conexiones ya no están operativas. Ahora, Caputo se apoya en la Cancillería, considerando a Pablo Quirno como un aliado, y en la SIDE para establecer comunicación con el Departamento de Estado y la CIA. Esto lo lleva a fastidiarse cuando percibe intromisiones del ala de Karina Milei, manifestando su control sobre “la relación con la embajada”.

En un contexto político más amplio, Milei ha acumulado nueve meses consecutivos de negatividad digital, según Ad Hoc. Si bien en septiembre la brecha entre menciones positivas y negativas se había reducido, octubre proyecta una mayor diferencia, impulsada por el rechazo a comentarios sobre “la gente que no llega a fin de mes” y la vinculación con Bolsonaro en la campaña brasileña. No obstante, un informe preliminar de Ad Hoc indica que el episodio de la salida de Bolsonaro generó un breve repunte en las menciones positivas de Milei (44% positivo vs. 38% negativo entre el 27 y 29 de octubre), impulsado por comunidades libertarias, bolsonaristas y trumpistas, aunque no lo suficiente para revertir el promedio mensual.

La relevancia internacional de Milei no siempre se traduce en popularidad duradera, y los temas de redes sociales suelen desvanecerse en pocos días. La estrategia de introducir el concepto de “soberanía”, impulsada por Caputo, también enfrenta contradicciones. Mientras el Gobierno alinea su postura con la de Donald Trump en foros internacionales, sin criticar, por ejemplo, la propuesta de disolver el Comité de Descolonización (donde se aborda Malvinas), los tuiteros afines a Caputo fueron los únicos en denunciar fraude en Brasil. Esta agenda ideológica, si bien anima a la tropa digital, no resuelve los desafíos principales del Gobierno: la recuperación económica, la capacidad de forjar acuerdos políticos y una creciente interna.

Las acciones de Caputo, si bien generan atención, son percibidas por algunos como “ilusionismo” político. Al final, un truco puede entretener y desviar la atención, pero no altera la realidad subyacente de los problemas que enfrenta el país.