A sus 80 años, con un pronóstico favorable tras ser diagnosticado con cáncer en sangre, el escritor británico Julian Barnes ha tomado una decisión trascendental: no escribirá más novelas. Desde su hogar en el norte de Londres, donde reside desde hace más de cuatro décadas, Barnes recibió al periodista del Diario Ara para una entrevista publicada el 27 de enero de 2026. La conversación, directa y sin rodeos, abordó temas como la muerte, el amor, la memoria y el complejo panorama del mundo.
Consultado sobre su salud al inicio del diálogo, Barnes respondió con calma: «Estable. Tengo un buen tratamiento médico, y existe una probabilidad del 4% o del 5% de que mi cáncer evolucione hacia algo desagradable». Y agregó con pragmatismo: «Me hago mayor, me canso más y pienso: ¿es el cáncer?, ¿es la quimioterapia?, ¿o es simplemente la vejez? En el fondo, no importa mucho. Tengo que hacerle frente».
El encuentro se dio en el marco de la presentación de su último libro, Despedidas, publicado en español por Anagrama con traducción de Jaime Zulaika, y en catalán como Comiats, por Angle Editorial con traducción de Alexandre Gombau. Su título original en inglés, Departure(s), juega con una significativa ambigüedad: la palabra que se usa en los aeropuertos para «salidas» también sugiere el «viaje final», un matiz que resuena con la determinación del autor.
La decisión de no producir más obras de ficción no implica un retiro del oficio de escribir, sino el convencimiento de haber agotado su caudal creativo en el formato novelístico. «Hace unos cinco años, cuando tenía 75, empecé a pensar qué va a pasar cuando escriba mi último libro», explicó. «Me fui convenciendo cada vez más de que ya había dicho todo lo que tenía que decir, que ya había tocado todas mis notas».
Barnes, sin embargo, enfatiza que no guardará silencio. Su camino continuará en el periodismo, un campo que no le es ajeno, pues antes de su consagración como novelista, fue crítico literario en el New Statesman y crítico televisivo en el Observer. Ahora, su compromiso es con un «periodismo combativo».
Con su característico humor, cuando el entrevistador del Ara sugirió que empezar un nuevo libro podría ser una «declaración de vida», Barnes respondió: «Te sugiero que escribas una novela, una novela de Julian Barnes. Te doy permiso para escribir un libro que, supuestamente, sea una novela de Julian Barnes.» Y ante la insistencia, lanzó una pregunta retórica pero directa: «¿Conocés a algún escritor que haya escrito algo destacable después de cumplir 80 años?». Esta preocupación se ancla en el temor a la «degradación pública», más que a la «muerte literaria»: «Oh, pobre hombre, se está haciendo mayor. Ya no tiene ideas nuevas. Sólo escribe copias de libros anteriores».
Uno de los puntos más reveladores de la entrevista surgió al abordar la crítica literaria. Ante un comentario reciente en The Telegraph que lo describió como «un buen novelista, pero no uno de los grandes», Barnes, galardonado con el Premio Booker en 2011 por El sentido de un final y nombrado Premio Princesa de Asturias 2026, reaccionó con una calma que denotaba desapego y sabiduría.
«Los críticos no pueden predecir el futuro», afirmó con aplomo. «Además, solo eres un gran novelista cuando te morís. Es inútil preocuparse por el prestigio. Solo tenés que intentar escribir los mejores libros que puedas». También señaló una particularidad en la recepción de sus obras: «Las peores reseñas siempre llegan del propio país», mientras que «los críticos europeos son más generosos que los británicos», atribuyendo esto a un filtro editorial, pues los editores extranjeros eligen solo las obras que consideran sobresalientes para su traducción.
Barnes no evade la conversación sobre su propia mortalidad. Confiesa que le teme, aunque «menos que cuando era joven». Reflexiona: «Si morís a los 40, te vas a enojar mucho, porque estás en plena forma; pero si morís a los 80 o a los 90, no es igual. Evidentemente, es una pérdida total, pero no es una pérdida tan grande». Coherente con esta visión, es patrón de la organización Dying with Dignity desde hace más de una década y defiende con firmeza la eutanasia: «Si tuviera un dolor constante que no pudiera aliviarse, y si mi vida, según mi criterio, no valiera la pena ser vivida, creo que es un derecho de todo ser humano acabar con su misma vida».
El tono de la entrevista viró hacia un pesimismo marcado al abordar la política global. Barnes manifestó su preocupación por la crisis climática y la calidad del liderazgo mundial. Fue especialmente crítico con el expresidente Donald Trump: «Es muy desesperante tener a alguien en la Casa Blanca que no es muy inteligente, pero que se cree que es un genio, y que es increíblemente narcisista. No tiene ningún sentido de la verdad». Recordó las palabras de Philip Roth, quien tras la primera presidencia de Trump, enumeró en The New Yorker todo lo que el mandatario «no entendía: la Constitución, la democracia, un montón de cosas. No las entendía y sigue sin entenderlas». Tampoco ahorró críticas para el primer ministro británico, Keir Starmer, a quien reprochó haber sido elegido «a partir de lo que era esencialmente una política corbynista, socialdemócrata, y lo que ha hecho fue eliminar paulatinamente todas estas políticas».
Finalmente, Despedidas es también una exploración profunda de la memoria, un tema recurrente en la obra de Barnes desde El loro de Flaubert (1984), donde la…