A sus 93 años, la aclamada actriz Ellen Burstyn, una de las solo 24 intérpretes galardonadas con la Triple Corona de la Actuación, demuestra una vitalidad envidiable. Mantiene una rutina que combina actividad física constante, una rica vida social y un compromiso ininterrumpido con su trabajo. Esta disciplina le permite gozar de una independencia y fuerza notables.
“Camino todos los días, hago ejercicio en el gimnasio, me cuido y eso da sus frutos”, explicó Burstyn en declaraciones recogidas por Women’s Health. Sus caminatas diarias a menudo incluyen paseos con su perro, y para optimizar su entrenamiento, cuenta con la guía de un entrenador personal. La actriz ha recalcado en entrevistas, como la concedida a The Oldster, que estas actividades son elementos innegociables de su cotidianeidad.
Incluso, Burstyn se deleita con paseos por Central Park, un lugar habitual en Nueva York. Con su característico humor, comentó en Live with Kelly and Mark sobre su forma de caminar: “Así es como se llega a los 93 años y se sigue con vida”, agregando con picardía que usa un sombrero de sol tan grande que nadie puede perderla de vista.
Su compromiso con la actividad física va más allá de un simple pasatiempo; es una herramienta para gestionar los desafíos de la edad. Burstyn ha compartido que padece artritis y ha sufrido dos fracturas de muñeca. “Llevo una férula en la mano y me he roto la muñeca dos veces”, mencionó a The Oldster, subrayando la importancia de mantenerse activa para atender su condición.
Pero su rutina no se limita al ejercicio. La agenda de Burstyn está repleta de actividades culturales y encuentros personales. En una entrevista con la revista Interview, reveló que dedica tiempo a la lectura, asiste a conciertos, toca música con amigos y disfruta de visitas en su hogar. “Parece que estoy más ocupada que nunca en mi vida”, reflexionó en The Oldster, y añadió con asombro: “Sigo trabajando. Es increíble”.
Prueba de su constante creatividad es su reciente publicación, Poetry Says It Better, una colección de poemas que refleja su actividad artística en esta etapa de su vida.
Esta perspectiva de vida activa y consciente no es reciente, sino que se gestó hace décadas. Burstyn explica que a los 40 años decidió abandonar hábitos que consideraba perjudiciales para su salud. “Alrededor de los 40, dejé de hacer todo lo que era poco saludable”, afirmó.
Entre los cambios radicales, adoptó una alimentación vegetariana de forma permanente, habiendo sido vegetariana intermitentemente antes de esa edad. También se despidió del alcohol, los cigarrillos y la marihuana. “Ya no bebo alcohol, cosa que hacía cuando tenía entre 20 y 30 años. Ya no fumo marihuana ni cigarrillos. Simplemente dejé todo eso”, detalló. Para Burstyn, “comer bien” se consolidó como uno de los pilares de su autocuidado.
A sus 93 años, su vida profesional y personal continúa floreciendo. Reflexionando sobre el camino recorrido, compartió con The Oldster: “Si me hubieras preguntado cuando tenía 20 años: ‘¿Cómo crees que serás a los 93?’, no habría imaginado que estaría escribiendo libros, haciendo ejercicio, viviendo bien y pasándolo de maravilla”. Su historia es un testimonio inspirador de cómo las decisiones de hoy pueden moldear una vejez vibrante y activa.