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Aldama, un show por todo lo alto

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Aldama, un show por todo lo alto

Aldama cuenta en el juicio que recogía comisiones de constructoras que entregaba a Ábalos y Koldo con destino al PSOE, aunque no aporta más pruebas que lo que él dice que le decía Koldo. Su objetivo ha sido negar la declaración del teniente coronel de la UCO que le calificó de «jefe de la trama»

Aldama busca escalar la trama corrupta de Ábalos hacia el PSOE y Sánchez con acusaciones sin pruebas

Se avecinaba un buen show con la declaración de Víctor Aldama en el juicio del llamado Caso Mascarillas –en el que por cierto casi no se habla de mascarillas– y no decepcionó. Menos con el asunto más dramático. El empresario que se había hecho un nombre en programas de televisión como el de Iker Jiménez anunciando que tenía material suficiente para hundir a Pedro Sánchez no estuvo a la altura de esas expectativas en concreto. De hecho, no presentó ninguna prueba que no fuera conocida más allá de lo que le contaba Koldo García, lo que ya aparece con gran extensión en los mensajes conseguidos en la investigación de la UCO. Fue un espectáculo confuso en el que no faltaron algunas procacidades que no suelen escucharse en un juicio en el Tribunal Supremo.

Aldama, de 48 años, no se mostró tan arrogante, excepto en breves momentos, como en sus incursiones televisivas. Se mostró seguro y confiado en sus respuestas al fiscal en un interrogatorio de no menos de cuatro horas y se defendió con habilidad cuando preguntaron los abogados de las defensas, que sí lograron resaltar algunas contradicciones. Testificó que había engrasado la maquinaria económica de José Luis Ábalos y Koldo García con pagos mensuales de 10.000 euros durante varios años, además de la compra de una casa para disfrute personal del exministro. Hizo lo posible para no incriminarse en nada más de lo necesario. Sostuvo que todo lo hizo para conseguir influencia. “Pienso que de aquí voy a sacar tajada si lo hago bien”, dijo que pensó tras un viaje a México que montó para Ábalos en febrero de 2019. “Yo lo que busco es tener notoriedad y poder para poder hacer mis negocios en otro ámbito”, afirmó después.

La declaración del teniente coronel Antonio Balas dejó muy tocado a Aldama al calificarle de “jefe de la trama” que obtenía lo que quería de Ábalos y Koldo. El empresario hizo todo lo posible para intentar refutar esa idea. No con demasiado éxito, porque hay que suponer que el tribunal creerá más al jefe de la unidad de delitos económicos de la UCO que a un acusado para el que el fiscal pide siete años de prisión y que está imputado por un fraude millonario en la Audiencia Nacional.

Ahora bien, Aldama fue generoso con los titulares. “Si yo era el jefe de la trama, el señor presidente del Gobierno estaba en el escalafón uno; el señor Ábalos, en el dos; Koldo, en el tres; y yo, en el cuatro”. Con eso, el PP ya tiene hecha la semana.

Más allá del destino judicial del exministro y su asesor, lo más grave de lo declarado por Aldama es que alegó que hizo el papel de cobrador de comisiones pagadas por constructoras a cambio de obra pública. Citó a tres empresas –Levantina, Lantania y Azvi– y sus dueños. Esas comisiones eran supuestamente para el PSOE. No contaba con ninguna prueba de que el dinero tuviera como destino final al partido. Sólo lo que le dijo Koldo García: “Me dijo: ‘Podemos ayudarles para que ellos se lleven la licitación, que al final se la van a llevar, pero si les ayudamos, pues podemos tener un rendimiento y a nosotros nos hace falta para la financiación del partido’”.

Aldama declaró que llevaba personalmente el dinero en efectivo al Ministerio de Transportes y a la casa de Ábalos. En una ocasión, dijo que llegó a entregar 250.000 euros. Según él, no se quedaba con nada. Se presentó como un intermediario que no se llevaba una comisión a diferencia de todos los casos conocidos de corrupción. Afirmó que no tuvo nada que ver con los 90.000 euros que una conocida suya, Carmen Pano, también imputada en la Audiencia Nacional, dijo haber entregado en la sede del PSOE en Ferraz, una historia que ha aparecido en medios de derecha y que ha sido utilizada con frecuencia por el PP. Es un dinero del que no se sabe con seguridad ni el origen ni el destinatario. Ella declaró que fue Aldama quien le encargó la entrega. Aldama lo niega.

Antes de que acabara su testimonio, el PSOE difundió un comunicado para negar las acusaciones: “La realidad sigue siendo la misma: acusaciones sin acreditar porque no hay delito que acreditar. Mentira tras mentira. Estamos ante una estrategia conocida: en su derecho de defensa, el engaño es su principal herramienta”.

Su único contacto con Pedro Sánchez fue un breve encuentro en un mitin socialista, ya conocido al haberse publicado una foto de ambos que sacó Koldo. “El presidente me dice: ‘Muchas gracias por todo. Sé lo que estás haciendo. Te lo agradezco”. Podía referirse al viaje a México que él había gestionado gracias a que era amigo de dirigentes del PRI, porque fue por esas fechas. Por entonces, aún no había intervenido en ningún pago de comisiones.

Para todo lo demás relacionado con Sánchez, su fuente era Koldo. El asesor presumía de tener una relación personal muy estrecha con Sánchez. “Veo que no le llama presidente. Le llama Pedro. Koldo dice: ‘Él me debe mucho. Si me pide que le llame presidente, me voy del partido’”. Koldo García estuvo en el equipo de militantes que apoyó a Sánchez en las primarias que ganó a Susana Díaz. Presumía de que era alguien importante en el partido y que hasta tendría que haber trabajado en Moncloa. Con la única experiencia de guardaespaldas y sin formación, es algo difícil de creer en un personaje de estas características.

Todo lo que tiene que ver con Aldama y Koldo incluye altas dosis de fabulación. No es que un acusado en un juicio tenga un derecho constitucional a mentir, pero sí a no incriminarse. Se espera que mienta para no ser condenado. Cuando Aldama dice que Koldo le decía que “el presidente sabía todo lo que hacíamos”, no tiene más prueba que lo que él dice que le decía Koldo. Eso es lo que sucedió una y otra vez en su declaración.

La abogada de Koldo le recordó que no se encontró ningún número de teléfono de Sánchez en la agenda de los 27 teléfonos intervenidos a su cliente ni tampoco el registro de una sola llamada. Aldama se limitó a responder que quizá lo había borrado.

Ábalos y Koldo toman notas durante la declaración de Aldama.

En el rescate de Air Europa, sí jugó un papel protagonista, porque era asesor de la empresa. En ese caso, no tuvo inconveniente en negar todo lo que ha publicado la prensa de derecha y el PP. “Es un rescate completamente legal con un crédito de la SEPI en el que se ponen todas las garantías que se piden”, explicó. Si acaso, se quejó de que el rescate llegó demasiado tarde. Negó que hubiera pagos por debajo de la mesa: “La familia Hidalgo no quiere saber nada de comisiones y yo ni se lo propongo”.

Las ayudas a la compañía aérea no forman parte de este juicio, pero el fiscal le preguntó sobre el tema sin que el presidente del tribunal moviera un dedo al respecto. Sorprendentemente, el juez Arrieta dejó cancha libre a esas preguntas. Es cierto que todo lo que tenga que ver con la relación personal entre Aldama y Ábalos y Koldo es relevante en este juicio, pero profundizar en un asunto como ese estaría fuera del procedimiento, como ha recordado Arrieta en otras ocasiones.

El fiscal Alejandro Luzón le preguntó más sobre Air Europa o Venezuela que sobre la compra de las mascarillas por el Ministerio en la pandemia. “Nosotros pusimos el dinero por adelantado”, explicó. Cobró siete millones y medio por ellas –brutos, porque señaló que luego pagó los impuestos correspondientes–. De esa cantidad, contó que entregó un millón a Ábalos y 500.000 euros a Koldo. En total, afirmó que ambos recibieron de él “entre tres millones y medio y cuatro millones”. Ese dinero o parte de él no se ha encontrado en ninguna cuenta corriente investigada.

Aldama estaba tan sobrado que incluyó frases de Koldo García que no venían a cuento. La declaración tuvo lo que podríamos llamar momentos Sálvame. De los que dan muchos puntos de audiencia en el share. Por alguna razón, le preguntaron por Isabel Pardo de Vera, expresidenta de Adif e imputada en la Audiencia Nacional, pero no en este juicio. “Koldo me da a entender que él e Isabel Pardo de Vera son pareja”, dijo. Ábalos y Koldo se rieron con ganas al escucharle un comentario que no venía a cuento o que quizá sólo era para implicarla en los manejos de la pareja.

Por la misma razón o cualquier otra, dijo que Ábalos tenía mucha ascendencia sobre María Jesús Montero, vicepresidenta del Gobierno en esas fechas. Y no se paró ahí: “Según Koldo, palabras textuales de Koldo, y una vez más no quiero ofender a la sala, a la ministra se le hacía el coño agua cada vez que hablaba con el ministro”. Ábalos y Koldo dieron evidentes muestras de disconformidad con lo que habían oído. El juez Arrieta no reaccionó ni se sintió ofendido. Será que le pareció un lenguaje apropiado para el juicio.

Aldama venía a dar espectáculo y el Tribunal Supremo resultó ser el escenario que necesitaba para su actuación.