Zaporiyia, Ucrania – El mes pasado, la ciudad de Zaporiyia fue escenario de una tragedia que ha encendido las alarmas sobre el futuro de la guerra. Un pequeño dron ruso, de apariencia inofensiva como un avión de juguete, se precipitó desde el cielo en el sureste de Ucrania, impactando cerca de una estación de servicio. La explosión, que liberó una lluvia de metralla, causó la muerte de Tetiana Bubynets, una estudiante universitaria de 19 años, y de otras dos personas.
Aunque miles de civiles ucranianos han perecido en ataques aéreos rusos, las circunstancias de estas muertes tuvieron un giro inquietante. Según expertos en drones, comandantes militares ucranianos y el equipo forense que analizó los restos del ataque y de otros incidentes en la ciudad, el dron estaba guiado por un sistema experimental de inteligencia artificial (IA), no por un piloto humano.
Los operadores humanos habían programado el dron para dirigirse hacia una estación de servicio específica. Sin embargo, una vez cerca, el aparato eligió su objetivo exacto –presuntamente tanques de propano– de forma autónoma, basándose en su entrenamiento para reconocer y atacar este tipo de depósitos. Este suceso representa un acontecimiento largamente anticipado en el conflicto de Ucrania, sugiriendo un futuro en el que máquinas letales operan sin supervisión directa, reduciendo los objetivos a meros datos.
“Esto supone un riesgo para el mundo entero”, declaró el coronel Serhiy Minaiev, comandante de las defensas aéreas de Zaporiyia. “En pocos años, viviremos en una película de ‘Terminator’. No es ninguna broma. Las máquinas están tomando decisiones para atacar.”
El análisis de los restos del dron en Zaporiyia reveló la presencia de minicomputadoras integradas de Nvidia, compañía líder en la producción de chips para sistemas de IA avanzados. La presencia de estos módulos y la ausencia de antenas de comunicación llevaron a los comandantes de la defensa aérea ucraniana a concluir que las armas operaban con un sistema de IA autónomo, lo cual fue confirmado por una investigación posterior.
Los sistemas de IA autónomos son capaces de aprender a reconocer elementos como “río”, “camión militar” o “persona” tras ser entrenados con miles de imágenes. Los drones con esta capacidad utilizan sus cámaras para localizar estos elementos con mayor precisión que un piloto humano. No obstante, quienes se oponen al uso de estas armas advierten que, sin intervención humana, los drones podrían cometer errores o infringir las leyes de la guerra, como no distinguir entre civiles y combatientes.
El ataque a la estación de servicio del 6 de julio, según Kateryna Bondar, investigadora principal del Centro de IA Wadhwani en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington, constituye el primer caso documentado de muertes de civiles causadas por un dron ruso equipado con un sistema de autoapuntado por IA. Añadió que el módulo de Nvidia es la “mejor prueba” de que Rusia estaba experimentando con IA autónoma.
Si bien un asesor del presidente Volodímir Zelenski ya había mencionado en redes sociales que Rusia estaba probando estos sistemas, los detalles de las muertes y del módulo informático Nvidia Jetson Orin utilizado no se habían divulgado previamente. Tanto Rusia como Ucrania ya empleaban IA en drones, pero en modelos anteriores, la IA solo actuaba en la fase final del ataque, una vez que un piloto remoto había seleccionado el objetivo. La IA totalmente autónoma elimina esta intervención humana en la selección final.
Funcionarios ucranianos señalaron que el chip Nvidia hallado en el dron atacante no estaba cifrado, lo que permitió examinar las imágenes del terreno que se habían cargado en el módulo. Esto facilitaba al dron rastrear puntos de referencia visuales y mantener su trayectoria. También pudieron analizar el código, que reveló el tipo de objetivos para los que el dron había sido entrenado, como los tanques de propano.
Antiguamente, los drones eran pilotados por operadores humanos mediante radio o fibra óptica, o preprogramados con coordenadas. Sin embargo, con la creciente presencia de drones en el campo de batalla ucraniano, sus pilotos se han convertido en blancos prioritarios. Un dron autónomo guiado por IA, en cambio, no necesita pilotos humanos y puede ser más preciso que una munición programada para coordenadas fijas.
Según autoridades de defensa aérea locales, Rusia ha estado usando Zaporiyia para probar drones autónomos, dirigiendo ataques contra objetivos civiles como surtidores o tanques de propano en estaciones de servicio, además de centros de reclutamiento militar. No se ha esclarecido el motivo de la elección de estos objetivos para las pruebas.
Vadym Kushnikov, experto en drones del Instituto de Aviación de Járkov, explicó que el dron responsable de las muertes civiles era «una herramienta preprogramada y entrenada en realidad virtual para rastrear objetos específicos». A diferencia del software tradicional que sigue instrucciones escritas paso a paso, un sistema de IA deduce sus propias reglas al encontrar patrones en grandes volúmenes de datos, un proceso conocido como aprendizaje automático. Esto le permite manejar situaciones imprevistas, pero también significa que nadie puede predecir con exactitud lo que hará.
Organizaciones de derechos humanos y la Cruz Roja Internacional se oponen firmemente al uso de armas con IA sin intervención humana, argumentando que estos sistemas autónomos delegan a las máquinas la interpretación del derecho internacional para determinar objetivos legítimos en la guerra. Sin embargo, algunos expertos sostienen que, en el futuro, las armas deberían incorporar IA para ser más seguras, ya que podrían tomar decisiones antes de atacar –aunque no siempre con perfección– a diferencia de…
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