La euforia que dejaron los triunfos ante Cabo Verde y Egipto, con sus momentos de épica y autocrítica, se fusiona con la necesidad de dar un paso definitivo. Hace doce años, Alejandro Sabella, el recordado entrenador de la Selección Argentina, inmortalizó la frase “Cruzamos el Rubicón” tras vencer 1-0 a Bélgica en Brasil 2014, marcando el fin de una barrera histórica en cuartos de final. Este sábado, aunque lejos del mítico río italiano, la Albiceleste enfrenta a Suiza con el mismo objetivo: superar un obstáculo y consolidar la convicción de que el bicampeonato mundial es un sueño posible.
Con Lionel Messi, a sus 39 años, como el corazón futbolístico y máximo goleador con ocho tantos, igualado con Kylian Mbappé, el equipo regresa a Kansas City. Fue en este mismo escenario donde hace tres semanas comenzó su camino con un 3-0 frente a Argelia. El estadio, a cielo abierto y con capacidad para 69.045 espectadores, recibirá el encuentro a las 20:00 locales (22:00 hora argentina). Si bien el horario evita el calor sofocante de Miami, las jornadas previas de lluvia podrían aumentar la humedad, un factor climático a considerar dada la acumulación de minutos en los jugadores y el creciente desgaste físico y mental en esta etapa decisiva del torneo.
Los cuartos de final han sido, históricamente, un punto de inflexión para la Selección Argentina. De sus dieciocho participaciones en veintidós Mundiales, solo en cinco ocasiones logró avanzar a semifinales, instancia en la que siempre alcanzó la final y sumó sus tres estrellas. Sin embargo, en otras cinco oportunidades, la Albiceleste se detuvo en este “Rubicón”, aunque dos de ellas bajo un formato de segunda rueda de grupos.
El memorable triunfo sobre Bélgica en 2014, con gol de Gonzalo Higuaín, fue considerado por Sabella como el mejor partido de Argentina en aquel Mundial. Curiosamente, ese hito llegó después de un sufrimiento extremo ante la misma Suiza. En el último enfrentamiento mundialista, la magia de Lionel Messi en el minuto 117:26 –coincidentemente, el mismo horario del partido de este sábado– derivó en la definición de Ángel Di María en San Pablo. Aquella tarde, también, el cabezazo de Dzemaili que dio en el palo se convirtió en un suspiro colectivo de alivio. El historial general entre ambas selecciones se inclina a favor de Argentina con cuatro triunfos y dos empates.
La conexión con el pasado es inevitable y, a la vez, una aspiración. La Selección buscará aliviar la tensión y evitar los dramáticos finales, por más satisfactorios que hayan sido los trece minutos de infarto en Atlanta. Para ello, los ajustes son mínimos: el partido contra Egipto mostró una ofensiva contundente, con dieciocho remates y un dominio claro nacido de la inclusión de Leandro Paredes en el mediocampo. La principal preocupación del cuerpo técnico radica en el retroceso defensivo, que obliga a repensar el «equilibrio» que siempre persigue Lionel Scaloni. Se trata más de un detalle táctico que de nombres, lo que podría llevar al «Gringo» a repetir el once inicial por cuarta vez en sus 101 partidos al frente del equipo.
Esta fragilidad en la última línea es la mayor inquietud. No porque la defensa sea débil en sí misma, sino por la facilidad con la que los rivales han convertido con pocos remates. Esto va más allá de si Emiliano «Dibu» Martínez pudo haber hecho más o menos en los cinco goles recibidos hasta el momento en el torneo.
Este partido marca una fecha clave para la «Scaloneta». Se cumplen cinco años del título en la Copa América 2021, el primero de los cuatro trofeos que acumula este exitoso ciclo. Aquella noche, un pase filtrado de Rodrigo De Paul –quien aún tiene una cuenta pendiente en esta Copa del Mundo– fue capitalizado por la definición de Ángel Di María.
Suiza representará una dificultad considerable para Argentina. Por primera vez desde 1954, cuando fue anfitrión, el país helvético se instala entre los ocho mejores, generando una auténtica revolución que paralizará a la nación a las 3:00 de la madrugada para seguir el encuentro. Su entrenador, Murat Yakin, es conocido por su metodología y meticulosidad, al punto de no permitir que su familia viajara a Kansas City para evitar distracciones. Otra ausencia importante será la de Johan Manzambi, la joven promesa de 20 años que se lesionó antes del cruce contra Colombia, que Suiza ganó por penales tras un 0-0 de 120 minutos, y no logró recuperarse.
Es el momento decisivo para la Selección. El que buscó tras la reacción ante Cabo Verde y que encontró en la determinación inquebrantable de Messi, que ha sabido sufrir y enseñar a creer. Necesita confirmar que lo logrado por Italia (1934-1938) y Brasil (1958-1962) no es un hito de otra era del fútbol. Que, como en el amor, la edad no importa. Que el mejor jugador de la historia merece un cierre a su altura, luchando por jugar los ocho partidos de su última Copa del Mundo.
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
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