La ciudad de Neuquén se prepara para recibir la segunda edición de la Jornada Comex Norpatagonia, un evento que reunirá a los principales actores del comercio exterior de la región. La cita es este jueves 13 de agosto, desde las 8, en el Centro de Convenciones Domuyo, donde referentes nacionales ofrecerán un análisis sobre la inserción de Argentina en el escenario global y el potencial específico de la Norpatagonia en ese marco.
Uno de los disertantes destacados será Marcelo Elizondo, reconocido especialista en negocios internacionales. En una entrevista previa a la Jornada Comex Norpatagonia 2026, Elizondo compartió su perspectiva sobre el panorama mundial, marcado por una doble transformación. Por un lado, una geopolítica que incide directamente en los negocios y altera las cadenas de valor, y por otro, una profunda revolución tecnológica. A pesar de estas complejidades, el comercio internacional sigue mostrando un crecimiento sostenido.
Elizondo abordó el impacto de los conflictos internacionales, como las prolongadas tensiones en Medio Oriente y la guerra en Ucrania. Subrayó que el cierre del Estrecho de Hormuz, por donde transita el 20% del petróleo y el 25% del gas mundial, genera dificultades logísticas, incremento de precios y, consecuentemente, un alza inflacionaria global. Esto influye también en políticas monetarias, como las tasas de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos. Más allá de la beligerancia, la geopolítica se manifiesta en medidas comerciales, como las que rigen entre China y Estados Unidos, forzando a empresas a reubicarse o a recurrir a triangulaciones.
En este escenario de reconfiguración global, Argentina vislumbra una oportunidad. Según Elizondo, la inestabilidad de algunos proveedores tradicionales de energía y minerales abre un espacio para que el país se posicione como un proveedor confiable de estos recursos, además de alimentos. Lo que antes se consideraba producción primaria, adquiere hoy un valor estratégico fundamental.
Respecto al alineamiento internacional, Elizondo señaló que el gobierno argentino, si bien expresa una preferencia por Estados Unidos e Israel, sus acciones demuestran una búsqueda dinámica de apertura. Esto se refleja en acuerdos con Estados Unidos, el Mercosur (incluyendo el de libre comercio con la Unión Europea y el solicitado con el NAFTA), y las solicitudes de ingreso a la OCDE y al Acuerdo Transpacífico. Una actitud de integración económica con el resto del mundo no vista en años.
La relación con China es un ejemplo de este pragmatismo. A pesar de la preferencia por Occidente, China es el segundo mayor mercado para las exportaciones argentinas y el principal proveedor de importaciones. El swap financiero con China se renueva anualmente, fortaleciendo las reservas del Banco Central, y el comercio bilateral sigue creciendo sin obstrucciones. La eliminación de barreras comerciales implementada por el gobierno beneficia a todos los socios, incluyendo a China.
El especialista también se refirió a la doble velocidad de la economía argentina, con sectores como minerales, energía, agronegocios y economía del conocimiento mostrando gran dinamismo, mientras que otros, como la industria o la construcción, enfrentan más desafíos. Sin embargo, las exportaciones argentinas están en crecimiento general. En el primer semestre, alcanzaron casi US$40 mil millones, impulsadas no solo por la energía, minerales y granos, sino también por manufacturas de origen industrial como químicos, plásticos, autos, autopartes y minerales procesados. Este desempeño promete encadenamientos virtuosos, generando oportunidades para pymes proveedoras, logística, servicios, transporte y financiamiento.
Para las pequeñas y medianas empresas de Neuquén o Río Negro, que no están directamente ligadas a Vaca Muerta o la fruticultura, existe la posibilidad de sumarse a esta corriente exportadora. Elizondo anticipó el surgimiento de nuevos negocios, como la producción de hidrógeno verde o servicios basados en el conocimiento, que emergerán del ecosistema exportador. También destacó el potencial de la maricultura, acuicultura, pesca, fruticultura y el sector lanero y textil, este último mediante la diferenciación de su oferta a través de la trazabilidad y la incorporación de intangibles. Todos estos rubros, afirmó, pueden impulsar un desarrollo competitivo tanto a nivel doméstico como internacional.
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