Boca deja atrás la urgencia y va por otro paso: Recoleta, la prueba para recuperar la mística
Sin esa presión de jugarse la vida, Boca buscará ratificar su levantada y llevarse un buen resultado a Paraguay. Arruabarrena repite el equipo que recuperó la confianza.
Spoiler alert: Boca esta vez no juega una final. Sí, aunque parezca extraño,, hoy no afrontará un partido de todo o nada. Y para un equipo que en este tiempo se la pasó caminando por la cornisa, siempre al límite del precipicio, es una buena noticia. Y es, también, un alivio. Es cierto, un alivio circunstancial, porque mucho dependerá de lo que el Xeneize pueda hacer esta tarde ante Recoleta de cara a la revancha, donde ahí sí definirá el pasaje a los cuartos de la Copa Sudamericana. Pero…
El equipo de Rodolfo Arruabarrena se ganó este derecho a respirar. Y a confiar. Este martes llega con otra estructura, con otra postura, con otro recorrido. Tras pasar con angustia a O’Higgins en la Sudamericana, se levantó en el torneo local. Y ahora mismo, viene de jugar su mejor partido del ciclo, ante Vélez, un rival que fue la mejor medida posible para confirmar que, ahora sí, el Xeneize parece haber encontrado el camino. Y a su vez, el 11.
Es por eso que el Vasco repetirá el equipo que mejor se ajustó a su idea. Aunque eso signifique seguir dejando afuera al refuerzo más caro del mercado, el que parecía llegar para solucionarle a Boca todos sus problemas. Pero no: Sebastián Villa pasó a ser una opción. El titular es el pibe Leo Flores, al que el DT le dio vuelo y respondió como si tuviera 30 partidos en Primera. Explosión, frescura, atrevimiento y un uno contra uno demoledor, para amar una sociedad de Boca Predio con Tomás Aranda que no sólo genera presente: también ilusiona a futuro.
A la espera de Enner Valencia
En ese contexto, si bien todavía el equipo aguarda por ese finalizador de jugadas que ahora mismo podría suplir con la llegada de Enner Valencia, al menos esa situación y el debut del ecuatoriano tendrán que esperar, ya que la idea primero es ponerlo a punto.
Por eso, este martes el delantero referente de área volverá a ser Merentiel, quien no se siente cómodo como nuev e y que está cumpliendo una necesidad que el propio DT le reconoció en el último partido. Eso sí, como le cuesta meterla, su trabajo no se luce. Y Boca, en definitiva, no tiene lo que le urge: alguien que defina las buenas situaciones de ataque que viene generando.
Por todo, a la espera de Valencia, el goleador de estos tiempos es un volante como Ascacibar, que parece haber encontrado su lugar en el medio pero sobre todo en el área rival. Tres goles al hilo ante Newell’s, Estudiantes y Vélez. Pero más que nada, esa capacidad para aparecer por sorpresa y convertirse en un arma que el rival todavía no pudo detectar. Y mucho menos neutralizar.
La cuestión es que con el Ruso en esa función y Delgado como “rueda de auxilio”, Paredes parece haber encontrado a sus laderos para hacer su juego. Y el de Boca, claro. Por eso es que el Xeneize llega a este choque con el conjunto paraguayo con otra confianza, con otra autoestima, con otro semblante. Y que no sea una final-final, quizás también le permita jugar sin esa mochila.
De todos modos, también tendrá sus obligaciones. Porque enfrente estará Recoleta, un rival para respetar, con un antecedente que lo convierte en un adversario peligroso, ya que supo sacarse de encima al Santos de Neymar y a San Lorenzo (en la última fecha le ganó en el Gasómetro) en la fase de grupos. Pero en definitiva está en otra talla de equipo con respecto a Boca.
De hecho, su propio presidente reconoce al Xeneize como el “más grande del continente” y viene a presenciar un cruce histórico para el club hasta con cierta admiración.
Por todo, también es una buena oportunidad para que el equipo del Vasco pueda dar un golpe de autoridad sobre la mesa y tenga una de esas actuaciones a nivel internacional que recuperen la chapa y el prestigio que el Xeneize perdió con distintas eliminaciones (sobre todo, tras quedar afuera de la Libertadores en fase de grupos contra la Católica en el Templo). Esa mística que lo caracterizó y que a pesar de haber pasado a O’Higgins como escollo, tampoco en Rancagua pudo sacar a la luz (de hecho, perdió y fue a penales).
Así, en una cancha que no es la Bombonera pero que en la que Boca se sintió cómodo en estos dos partidos (en Huracán le ganó a Estudiantes y empató con Vélez), el equipo del Vasco quiere dar un paso más. Acaso, el que le permita encaminar un ciclo que empezó con todas urgencias (Copa Argentina, el cruce de 16avos de la Sudamericana y el inicio del torneo), pero que hoy tiene como un pequeño margen para jugar de otra forma. Y para que la gente vuelva a identificarse con el equipo de una vez por todas.
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
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