Tras el golpe de no alcanzar el máximo objetivo en 2026, la Copa Libertadores, Boca Juniors se levanta para afrontar un nuevo desafío continental. La Bombonera es hoy escenario de un partido decisivo por los octavos de final de la Copa Sudamericana, donde el Xeneize buscará revertir la imagen del semestre pasado.
El rival es O’Higgins, equipo chileno que obtuvo su lugar en esta fase al ser escolta de San Pablo en la etapa de grupos del segundo torneo de Conmebol. Un partido de «mata-mata» que marca un punto de inflexión para un equipo que, según las primeras señales, busca mucho más que un simple cambio de fachada.
La llegada de Rodolfo Arruabarrena al banco de suplentes no ha sido discreta. El «Vasco», un hombre de la casa, regresó con un claro propósito de renovación, tomando decisiones firmes desde el primer momento. Su gestión incluyó una depuración del plantel, desprendiéndose de jugadores que se consideraban difíciles de mover, y una apuesta fuerte por los talentos surgidos de Boca Predio.
El esquema propuesto por el «Vasco» es marcadamente ofensivo, con cuatro delanteros en cancha. Además, se observa la integración inmediata de los refuerzos colombianos, Sebastián Villa y Álvaro Montero, quienes ya están a disposición del equipo. Esta nueva era también ratifica la confianza en las divisiones inferiores, con la consolidación de Delgado y el debut de jóvenes promesas como Flores y Dylan Gorosito.
A este impulso desde la dirección técnica se suma un valor inestimable en el campo de juego: Leandro Paredes. El mediocampista, quien sufrió el desgaste físico y mental de un Mundial agotador con la Selección, demostró un compromiso inmediato. Antes de regresar al país, se comunicó para ponerse a disposición del cuerpo técnico, y apenas llegó el lunes, ya se entrenaba con el resto del plantel al día siguiente.
La presencia de Paredes, un líder nato (aunque con la tarea de controlar sus ímpetus), representa un motor vital para el equipo. Su compromiso y experiencia son un punto de partida para construir la creencia en un semestre diferente. La expectativa es que esta impronta de un doble liderazgo, entre el banco y la cancha, empiece a generar resultados y sensaciones positivas desde el partido de hoy.
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