A sus 87 años, Carlos Soria Fontán representa un capítulo vivo en la historia del alpinismo. Este montañero español hizo noticia el año pasado al alcanzar la cima del Manaslu (8.163 metros) en Nepal, convirtiéndose en la persona de mayor edad en coronar un ochomil. Una hazaña que ha sido oficialmente reconocida por los Guinness World Records y que siguió a otro ascenso notable al Aconcagua, la cumbre más alta de América, apenas unos meses antes.
Sin embargo, al conversar con Soria, queda claro que los récords son lo que menos le importa. “Yo no voy buscando récords, voy haciendo lo que me apetece y lo que me gusta”, afirmó durante una entrevista en el programa Vivir 100 años de la Cadena SER, resumiendo su filosofía de vida y de montaña.
La singularidad de Carlos Soria se acentúa al compararlo con su generación. Él mismo reflexiona sobre su estado: “Tengo 87 años y voy teniendo suerte porque no parezco una persona de 87 años. La mayoría de mis amigos son mucho más jóvenes que yo. Los que me quedan de mi edad o han desaparecido o están ahí, encerrados en su casa”.
Soria aborda el envejecimiento con franqueza, sin idealizaciones. Reconoce sus limitaciones físicas con total naturalidad: “He perdido bastante fuerza, he perdido mucho oído, tengo una prótesis en la rodilla y he sufrido accidentes muy serios”. Entre estos, rememora una fractura de tibia y peroné a 7.400 metros de altitud. No obstante, ninguna de estas vicisitudes le impidió regresar al Himalaya y conquistar el Manaslu a sus 86 años.
Su rutina innegociable es el ejercicio físico. “Mi cuerpo lo necesita. Mi cabeza también. Siempre hago ejercicio. A primera hora del día me apetece hacerlo”, explica. Esta costumbre, según la investigadora Yolanda Sanz, referente internacional en microbiota del CSIC, explica parte de su extraordinario estado físico. Sanz subraya que mantener la masa muscular es crucial para preservar la autonomía en la vejez, pues “la musculatura influye en la capacidad funcional, en la independencia y también en el estado de ánimo”.
Estudios recientes, como el ensayo clínico PREDIMED-Plus, publicado en la prestigiosa revista JAMA Network Open, respaldan esta idea. Demuestran que la combinación de actividad física regular con una buena adherencia a la dieta mediterránea se asocia a un menor riesgo de sarcopenia (la pérdida progresiva de masa muscular ligada a la edad) y a una mejor calidad de vida.
Un rasgo distintivo de Carlos Soria es su perspectiva sobre la longevidad: nunca la ha visto como un objetivo en sí misma. Al ser consultado sobre el retiro, responde con pragmatismo: “Me adapto solo. No hago ningún ejercicio para adaptarme. Me apetece lo que hago”. La clave, para él, reside en continuar lo que le apasiona, siempre con un conocimiento claro de sus propios límites. “No puedes perder la cabeza. Tienes que saber dónde estás y lo que quieres hacer”.
A pesar de su impactante trayectoria, Carlos Soria insiste en su humildad: “No me siento un referente. Me siento bien”. Sin embargo, sus logros hablan por sí solos. Además del Manaslu a los 86, ostenta el récord de ser el escalador de mayor edad en coronar cumbres desafiantes como el K2 (a los 65 años), el Makalu (a los 69), el Kangchenjunga (a los 75) y el Annapurna (a los 77).
Actualmente, le restan solo dos cimas para completar las catorce montañas más altas del planeta: el Shishapangma y el Dhaulagiri. Este último representa su gran asignatura pendiente, tras haberlo intentado sin éxito en quince ocasiones.
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