Ché Messi, feliz cumple, no me distraigo

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Ché Messi, feliz cumple, no me distraigo

Acá estamos todos, libando las mieles messiánicas, Impresionante lo que estamos viviendo…

Pero igual, no me distraigo. Vuelvo a lo nuestro, que es el agro, donde están sucediendo cosas extraordinarias. Como decía el Principito, lo esencial es invisible a los ojos.

Voy al grano. En estos días tuvo impacto la noticia de que en mayo pasado las exportaciones de petróleo superaron en valor a las de maíz y soja. Superaron por primera vez los 1.000 millones de dólares. Extraordinaria performance, pero la comparación es muy forzada. Quienes siguen estas líneas recordarán que saludamos con énfasis la llegada de la Vaca Muerta. Bienvenida. Y también al litio, el cobre, el oro y la industria del conocimiento.

Pero pongamos las cosas en su lugar. Ahí está la Vaca Viva, vivita y coleando. Primero, en lo cuantitativo. Pero también, en lo cualitativo. Veamos.

Si hablamos de soja, hay que hablar del complejo en su conjunto. La Argentina exporta muy poco poroto de soja sin procesar, así que cualquier comparación debe tomar la suma del grano, más el aceite, más la harina, la lecitina, el biodiesel. Esto en cuanto a sus derivados inmediatos. En conjunto es el doble de la cifra tan seductora del petróleo.

Si tomamos el maíz, también habría que sumarle todo lo que exportamos con valor agregado: carne vacuna, aviar y lácteos en primer lugar.Y lo que sustituimos de importaciones de nafta, gracias al bioetanol. No es mucho todavía, porque le estamos mezquinando al corte. Pero pesa.

Insisto, no es Vaca Muerta vs. Vaca Viva. Son las dos. Y profundizo: el “momentum” del petróleo es ahora. Como dijo un jeque árabe, la Edad de Piedra no se terminó por falta de piedras. Además, antes de que se acabe el petróleo, se va a acabar el aire. Aunque hay mucho negacionista, la humanidad se puso de acuerdo en que hay que descarbonizar.

Hay otra cuestión que vale la pena poner sobre el tapete, porque de eso no se habla.

Desde hace décadas, economistas como Harold Hotelling, John Hicks y Herman Daly advierten que el PBI tradicional tiene una limitación importante: contabiliza como producción la extracción de recursos no renovables, aunque ello implique reducir el patrimonio natural de un país. En rigor, sostienen, la renta minera o petrolera debería distinguir entre la porción que representa verdadero valor agregado y aquella que corresponde a la liquidación de un activo agotable.

La producción agropecuaria sostenible, la bioeconomía, en cambio, se apoya en recursos renovables y puede mantenerse indefinidamente si conserva su base productiva. La diferencia no es menor: una economía puede crecer extrayendo petróleo, pero también puede estar consumiendo parte de su riqueza; producir alimentos, en cambio, equivale a transformar energía solar, agua y conocimiento en un flujo renovable de bienes esenciales. Entre los cuales se debe contabilizar el oxígeno que respiramos, fruto invisible de la fotosíntesis. No viene del Amazonas. Viene del mar y de las tierras de cultivo, incluyendo los bosques implantados. Los antiguos ya están en climax: producen tanto oxígeno como dióxido de carbono.

Si vamos más allá, el reciclado del CO2 de la quema de fósiles es esencial para la salud del planeta. Y ese reciclado lo hace la agricultura para la producción de alimentos, bioenergía y –cada vez más—materiales renovables. Desde el hormigón alveolar que incorpora el CO2 y lo mantiene capturado, hasta las fibras de origen bio como el PLA, que también se utiliza para la tinta de las impresoras. O el polietileno verde de Braskem, obtenido a partir del etanol en Brasil.

Hay más. La semana pasada se lanzó lo que apunta a ser el mayor y más sofisticado centro de eventos y exposiciones de la ciudad de Buenos Aires. Se trata de Buenos Aires Ferial, enclavado en Costa Salguero, un sitio privilegiado de la ciudad, sobre el Rio de la Plata. Más allá de lo impresionante del lugar, la característica es que también viene del campo. La concesionaria es Exponenciar, la empresa que nació en la conjunción del Grupo Clarín con La Nación para dar a luz a Expoagro, la mayor exposición agroindustrial del continente americano.

Es decir, el agro desembarca en la ciudad, generando eventos para todas las industrias y también las actividades culturales y sociales. No es casual: los shoppings de la ciudad pertenecen a una empresa (IRSA) controlada por Cresud, una de las principales agropecuarias del país, que cotiza en Wall Street. Como Adecoagro, que es “AGRO” en el Nasdaq, nada menos. Noticia reciente: Adecoagro fue adquirida por Tether, la gigante de las criptomonedas, que necesitaba bajar a tierra parte de sus tenencias en la nube. Tether no invierte en fósiles, invierte en las industrias del futuro: el entretenimiento (dueños de la Juve) y la agroindustria, incluyendo plantas de fertilizantes que le dan el mejor destino posible al gas de Vaca Muerta: convertirse en alimentos y bioenergía.

Esto está ocurriendo. Y vamos acelerando. La Hidrovía concesionada. Nuevas inversiones en plantas de crushing, como la que anunció LDC hace un par de semanas, 400 millones de dólares. En Bahía Blanca, donde convergen las dos Vacas. O en las provincias ahora seducidas por la minería, pero donde la agroindustria sigue siendo la palanca que le da sustentabilidad social a toda la economía. Un entramado invisible que requiere mejor trato. De todos.

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