El ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales informó que Neuquén atraviesa un escenario hidrológico y climático excepcional, en un verano que se encamina a ser el más seco de los últimos 100 años técnicos disponibles. Frente a este contexto, el Gobierno provincial despliega una estrategia integral basada en el monitoreo científico, la inversión en infraestructura hídrica, la gestión preventiva y la planificación territorial, con el objetivo de garantizar el acceso al agua, cuidar los ecosistemas y fortalecer la resiliencia de las comunidades neuquinas ante los efectos del cambio climático.
El año hidrológico que finalizará el 31 de marzo se encamina a convertirse en el más seco de los últimos 100 años en gran parte del país, de la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas (AIC). Los registros actuales no solo superan el umbral crítico de 1998 -hasta ahora el año de referencia-, sino que muestran niveles de agua aún más bajos en cuencas, lagos y acuíferos.
En este contexto, Neuquén atraviesa un verano que “se siente distinto”: más calor, menos agua disponible y una presión creciente sobre los sistemas naturales y urbanos. Frente a este escenario, la provincia despliega una estrategia integral que combina ciencia, planificación, inversión y prevención para sostener el abastecimiento, cuidar los ecosistemas y reducir vulnerabilidades.
Los informes técnicos indican que los sistemas hídricos llegan a este cierre de verano con niveles excepcionalmente bajos. La combinación de un invierno con escasas nevadas y un verano seco llevó a un agotamiento de los suelos, que hoy requieren lluvias sostenidas para comenzar a recuperar caudales.
Especialistas señalan que para estabilizar el sistema hidrológico serían necesarios entre 300 y 400 milímetros de lluvia durante el otoño, particularmente entre abril y mayo, período considerado clave para la recarga. Grandes lagos, como Aluminé y Huechulafquen, funcionan como reservorios estratégicos, pero su recuperación es lenta y depende de precipitaciones continuas.
Este escenario se ve agravado por el aumento sostenido de las temperaturas. En Neuquén, los registros muestran más días extremos y más noches que no refrescan, un factor que incrementa la demanda de agua y energía, y eleva el estrés térmico en la población.
Cambio climático con impacto local
La ciencia es clara: el calor extremo es cada vez más frecuente, intenso y persistente, y se combina con sequías prolongadas. En la provincia se observa un ascenso progresivo de la isoterma de 0°C, lo que reduce la acumulación de nieve -una reserva natural clave- y modifica los ciclos de deshielo que alimentan los ríos.
En paralelo, los caudales muestran negativas y cambios en su régimen, con impactos directos en consumo humano, riego, recreación, producción y energía. El estrés hídrico deja de ser una proyección futura para convertirse en un desafío del presente.
Gestión integral del agua: anticipación, obras y eficiencia
Frente a este panorama, el Gobierno provincial definió la política del agua como un eje estratégico. Neuquén ejecuta actualmente un plan histórico de inversión en agua potable y saneamiento, con más de 90.000 millones de pesos destinados a obras en todo el territorio.
Este programa incluye ampliaciones de plantas potabilizadoras -como Mari Menuco-, nuevas redes de agua y cloacas, cisternas de almacenamiento, acueductos, perforaciones y mejoras operativas, con criterios de sostenibilidad ambiental y eficiencia. El objetivo es fortalecer el sistema frente a escenarios más exigentes y acompañar el crecimiento poblacional y productivo.
Desde el Ente Provincial de Agua y Saneamiento (EPAS) explicaron que, si bien los sistemas producen volúmenes suficientes para cubrir las necesidades básicas, durante las olas de calor el consumo excesivo y el derroche superan los parámetros de diseño, generando bajas de presión o faltantes temporales en sectores específicos. Por eso, la gestión se apoya también en el uso responsable del recurso.
La provincia sostiene medidas preventivas ante el riesgo de incendios, con prohibición de hacer fuego y refuerzo de los operativos de control, en un contexto de emergencia ígnea e hídrica. Al mismo tiempo, se fortalecen los sistemas de monitoreo ambiental y sanitario.
Fenómenos como las floraciones de cianobacterias, favorecidas por altas temperaturas, estancamiento del agua y exceso de nutrientes, son abordados con respuestas interinstitucionales que integran Ambiente, Salud, EPAS, CEAN y municipios, combinando información científica, comunicación clara y recomendaciones preventivas para la población.
Planificación climática y adaptación territorial
Neuquén cuenta con un Plan de Acción Climática construido de manera participativa, que orienta políticas de adaptación y mitigación. En el plano urbano y territorial, se incorporan criterios de arbolado, sombra, drenajes y planificación del uso del suelo para reducir impactos frente a calor extremo, sequías, incendios e inundaciones.
“La adaptación ya no es opcional”, coinciden desde los equipos técnicos. Las proyecciones indican que la realidad que hoy atravesamos será sostenida en el tiempo. Cuidar el agua implica inversión, gestión eficiente y corresponsabilidad social.
Un desafío compartido
Temperaturas en aumento, menos agua disponible y mayor frecuencia de eventos extremos son parte del presente neuquino. La respuesta provincial se basa en combinar evidencia científica, planificación de largo plazo, obras estratégicas y participación ciudadana.
En este contexto, el uso responsable del agua, el respeto a las medidas preventivas y la información confiable se vuelven herramientas clave para atravesar uno de los veranos más secos de la historia reciente y fortalecer la resiliencia de Neuquén frente a un clima cada vez más desafiante.
Es importante comprender que la infraestructura sanitaria se planifica con parámetros establecidos por Organismos globales y mundiales. Un actor preponderante en el éxito de esta campaña del cuidado del ambiente son las comunidades que deben comprender la necesidad impostergable de realizar un uso racional del agua potable, evitando derroches que impactan directamente en la disponibilidad del recurso para la comunidad.
