Un águila calva, al borde de la muerte por una severa intoxicación de plomo, ha vuelto a surcar los cielos de Virginia, Estados Unidos. Su liberación, que tuvo lugar el 10 de julio en el Parque Estatal de Chippokes, culminó un intenso proceso de tratamiento y rehabilitación, una historia de superación que capturó la atención de más de 150 personas.
El ave, emblemática por su especie (Haliaeetus leucocephalus), fue liberada gracias al incansable trabajo del Wildlife Center of Virginia. Tras un momento de expectación, el águila “emprendió el vuelo con bastante rapidez y luego estuvo volando en círculos muy por encima de nosotros durante los siguientes minutos”, relató Connor Gillespie, director de difusión de la organización, en un comunicado de prensa.
La historia de este ejemplar comenzó a fines de mayo, cuando fue hallada en mal estado en el patio de una casa en Smithfield, Virginia. Incapaz de remontar el vuelo, el águila necesitaba ayuda urgente. El 29 de mayo, fue rescatada y admitida en el hospital veterinario del Wildlife Center of Virginia.
Al ingresar, el diagnóstico fue preocupante: el ave se encontraba apagada, débil y deshidratada. Los análisis de sangre revelaron niveles de plomo extremadamente altos en su organismo, una intoxicación que suele ocurrir por la ingesta accidental de fragmentos de munición de plomo presentes en los restos de animales cazados, según un informe de 2022 del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).
El equipo veterinario actuó con rapidez, implementando fluidoterapia y terapia de quelación para eliminar el metal pesado. El pronóstico inicial era delicado, ya que solo un 5% de las águilas con niveles de plomo tan elevados como los de este ejemplar logran sobrevivir. Sin embargo, el ave respondió favorablemente al tratamiento.
Después de casi un mes de atención intensiva, que incluyó varias sesiones de quelación y análisis de sangre repetidos, el plomo fue erradicado de su sistema. El águila recuperó su actividad y estado de alerta, una señal clara de su notable mejoría. Una vez superada la intoxicación, el siguiente paso fue un programa de entrenamiento de vuelo para restaurar su fuerza y resistencia.
Finalmente, el 6 de julio, el equipo veterinario dio el visto bueno: el águila calva se había recuperado por completo y estaba lista para regresar a su hábitat. Cuatro días más tarde, ante los aplausos y la emoción de los presentes, el majestuoso depredador alado regresó al cielo, cerrando un capítulo de lucha y demostrando la capacidad de la naturaleza para recuperarse con el apoyo humano.
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